En Colombia solo se han graduado dos arqueólogos profesionales

En Colombia solo se han graduado dos arqueólogos profesionales

Manuel Lozano y Martha Mejía son egresados de la Universidad Externado.

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30 de junio 2015 , 10:56 p.m.

Actualmente son 506 los arqueólogos que trabajan en el país, pero solo dos con el título profesional. Los demás son antropólogos o egresados de otro tipo de ciencia social que en determinado momento decidieron estudiar una maestría en arqueología.

La investigación del patrimonio cultural es fundamental para el desarrollo de la historia de todos los países. En Colombia, solo desde el 2008 la Universidad Externado abrió el único programa de arqueología existente en la nación. A la fecha, seis estudiantes están a la espera de recibir el título.

José Luis Socarrás, director del pregrado, define a un arqueólogo como una persona curiosa, abierta frente a las adversidades generadas por la investigación científica e interesada por el paso del ser humano por la tierra.

No obstante, Socarrás también es consciente de que “en Colombia aún falta mucho por hacer para despertar en jóvenes y niños esa mirada hacia los vestigios de hace miles de años” y menciona que “no existe una política clara para proyectar estos conocimientos, pues en los colegios y las universidades debería haber una cátedra que se responsabilice en fomentar ese interés por la historia y por el pasado”.

Socarrás afirma que al país le hace falta fortalecer las campañas de conciencia sobre el patrimonio cultural pues “tenemos la mala idea de que los descubrimientos arqueológicos deben ser monumentales, o que solo se deben estudiar murallas, edificios o estructuras muy grandes. Cualquier intervención o huella significan un aporte importante para adaptarnos a un territorio, además que en el presente somos resultado de las decisiones que tomaron los seres humanos en el pasado”.

A pesar del vasto desconocimiento del tema existen personas que se inclinan por el interés de los vestigios del pasado y por la investigación minuciosa en distintas zonas o comunidades, para así lograr entender los cambios evolutivos de animales, vegetales y el medio ambiente. Tal es el caso de Manuel Lozano, de 27 años, quien se convirtió en el 2014 en el primer arqueólogo profesional de Colombia.

Inició como muchos otros enfocado en la antropología. Luego de su tercer semestre, el director del programa, Socarrás, lo animó para que homologara algunas de las materias y se inscribiera del todo en el pregrado de arqueología. “Me apasioné por la arqueología desde pequeño cuando veía programas de dinosaurios y en primaria cuando me enseñaron la población de la tierra”. Así es como Lozano cuenta que visualizó esta ciencia social como su profesión.

Lo que más le gusta de lo que hace es, según comenta, “la visión romántica en la que puedo comenzar excavaciones en ciertos territorios, mientras consigo los detalles de la investigación para luego llegar al laboratorio y construir historias”. Así lo hizo con su tesis en la que buscaba el análisis de subsistencias animales que sirvieron de alimento para el caribe colombiano hace aproximadamente 5.000 años. Con esta pudo indagar qué tipo de animales se consumían, de qué ambiente venían, si eran mamíferos o reptiles y cómo era la relación del hombre con el entorno.

Para Lozano hoy en día “no existe una comunicación entre el pasado y el presente por lo que es vital llegar a poblaciones en las que la arqueología pueda dejar una huella”. Este arqueólogo además se queja de que no hay un sentido de apropiación de la historia por lo que son los niños y jóvenes los que podrían cambiar esa realidad si se animan y conocen más sobre la carrera de la cual asegura que es “vivir en una aventura constante”.

Socarrás dice que la mayor fuente de financiación para proyectos arqueológicos en el país proviene de compañías privadas, especialmente petroleras, que requieren de estudios con arqueología preventiva para evitar problemas ambientales. No obstante y aún sin el apoyo económico del Estado, el director del pregrado afirma que se han dado pasos pequeños pero importantes en la investigación básica de esta ciencia.

De ese modo lo hizo Martha Mejía, quien obtuvo una mención meritoria, al analizar algunas partículas de almidón extraídas de algunos utensilios de hace más de 6.000 años y de la mandíbula de una mujer adulta encontrada en Monsú, departamento de Bolívar, con lo que descubrió cuáles eran los alimentos que las personas aledañas a esta población consumían.

Martha inició su carrera junto a tres compañeros en primer semestre y con el paso del tiempo llegó sola este año a su ceremonia de graduación. Para ella lo más importante de todo lo que aprendió en ese proceso como estudiante es que la disciplina a la que se dedica “debe estar acorde a las necesidades del país para fortalecer la toma de decisiones en planes y programas, lo que generaría un impacto positivo en el ambiente y la protección del patrimonio”.

Tanto Martha como Manuel y su director de pregrado coinciden en que es necesario fomentar el gusto por la arqueología y además hacen énfasis en que hay muchos campos en los que los futuros profesionales podrían desempeñarse, rompiendo así el paradigma de que de esta disciplina ‘no se puede vivir’.

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