Una y quince / Pablo Montoya

Una y quince / Pablo Montoya

"París me trató muy duro, pero en esa dureza pude educarme"

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30 de junio 2015 , 04:31 p.m.

Con su novela Tríptico de la infamia se convirtió recientemente en el quinto colombiano en recibir el prestigioso premio Rómulo Gallegos. Hombre de todas partes y de ninguna, como se reconoció en París, Pablo Montoya nació en Barrancabermeja pero es tan paisa que en el 2000 ganó el premio Autores Antioqueños. Y, en todo caso, es hijo de antioqueños y Medellín es la ciudad en donde más tiempo ha vivido y con la cual tiene una relación de amor y odio: “Las mujeres con las que he vivido son de acá y ahora soy profesor de la Universidad de Antioquia. Mi acento al hablar es ineludiblemente el de estas tierras. Quiero a Medellín y la siento mía. Pero mi relación con sus gentes y su historia es sumamente conflictiva. La narcoparamilitarización de la ciudad y su catolicismo impúdico me repugnan; su ser inmoralmente comercial y su conservadurismo brumoso no los soporto; y la manera como Medellín se está insertando en la modernidad me suscita miles de reproches”. En todo caso, en Medellín, en Tunja y en París están los mejores recuerdos de este escritor que suele usar tapones para escribir, por la dificultad de encontrar el silencio que busca a la hora de enfrentarse a las palabras. Siempre lee varios libros al mismo tiempo. Por estos días está leyendo Los hijos del limo, de Octavio Paz, y Poética musical, de Stravinsky.

1 ¿Qué andaba haciendo cuando le dieron la noticia del premio Rómulo Gallegos?

Estaba en un hotelito de La Plata, Argentina, el San Marco Hotel. Me disponía a asistir al congreso Orbis Tertius, sobre la lectura, al que fui invitado.

2 ¿Considera que este premio parte en dos su carrera literaria?

Desde el punto de vista de la visibilidad de mi obra en Colombia e Hispanoamérica, sin duda marca una línea divisoria. Antes era un escritor un poco oculto con algunos premios locales, y ahora tengo un premio internacional muy prestigioso que, de la noche a la mañana, me ha vuelto un escritor más o menos público.

3 Tríptico de la infamia es una novela culta y bella. ¿Cuánto tiempo le tomó escribirla?

Me encontré con los tres pintores hacia 1997, cuando estudiaba el doctorado en París y estaba escribiendo mi libro Viajeros. Comencé a escribir Tríptico de la infamia en Alfortville, en las cercanías parisinas, en marzo de 2011 y la culminé en Envigado en julio de 2014. Fueron tres años y unos meses de escritura y casi veinte años de estar pensando en ella.

4 ¿De dónde surgió la idea de esta novela?

De mi interés por la historia, la pintura, la poesía y el viaje. Estas instancias intentan abrazarse en Tríptico de la infamia. Pero creo que la idea principal que subyace en la novela es mostrar los itinerarios de tres artistas que buscan la belleza o los secretos del arte en medio de una época brutal y desalmada.

5 ¿De dónde viene su gusto por la historia?

De las charlas con mi padre que, en medio de sus continuas embriagueces, me contaba la historia de los grandes médicos y los emperadores romanos. De mis caudalosas lecturas de la adolescencia. De la certeza, adquirida más tarde, de que el pasado es inmenso y misterioso, el presente muy precario y escurridizo y el futuro tan solo un trazo inasible e indescifrable.

6 ¿Cómo cultiva ese gusto?

Leyendo, investigando, viajando, hablando con algunos amigos que también son apasionados por indagar el pasado. De hecho, en estas actividades están ancladas las cuatro novelas que he escrito hasta hoy. Por un lado, una actividad más o menos rigurosa de investigación, y por el otro, una apuesta por la imaginación literaria y la escritura poética.

7 En Tríptico de la infamia denota un conocimiento profundo del mundo de la pintura. ¿De dónde viene este gusto por las bellas artes?

De mi formación musical. Fui músico durante varios años y desde allí desemboqué en la literatura. Apoyado en estas dos artes me fui acercando a la pintura y a la fotografía. Mi paso por París y sus museos y bibliotecas fue crucial para este aprendizaje poético-visual.

8 ¿Qué es lo mejor de vivir en Medellín?

Su clima, aunque ahora con la voracidad de la industria automovilística y de la inmobiliaria se está calentando espantosamente. La amabilidad de sus gentes. Sus mujeres son, sin duda, de las más bellas y atractivas que he visto en el mundo.

9 ¿Qué le alborota la nostalgia por Barrancabermeja?

En realidad no siento nostalgia por Barrancabermeja. Pero cuando la visito, mi memoria sensorial se activa de inmediato. El río, los árboles, el calor, la luz, sus gentes me hacen sentir, con una fuerza inexplicable, como si fuera de allá.

10 Dicen que vivió muy feliz en París. ¿Con qué adjetivos califica a la capital francesa?

Es indolente e intelectual. Sensual y sucia. Libertaria y xenofóbica. Me trató muy duro, pero en esa dureza pude educarme. Fue generosa conmigo, aunque siempre me hizo sentir extranjero, a mí que, desde muchos puntos de vista soy más francés que muchos franceses.

11 ¿Qué extraña de París?

A mi hija mayor, que se quedó viviendo allá. A unos cuantos amigos que quiero como ellos no se imaginan. Me hacen falta el cambio de su luz en las estaciones; su río que es, tal vez, su mayor encanto; sus parques y jardines, y esa posibilidad cotidiana de caminar sus calles y rincones con la sensación de que recorres la vida, la humanidad, la historia en toda su belleza y horror.

12 De los rituales que estableció en esa ciudad, ¿cuál era su favorito?

Todos los domingos, a las 17:30, iba al recital de órgano, gratuito, que se da en la Iglesia de San Eustaquio, en Les Halles.

13 ¿Qué le aportó París a su literatura?

La apertura universalista. El saber que soy un hombre de todas partes y de ninguna. El haber superado esa bobería de las literaturas regionales y nacionales.

14 ¿Cuáles son las novelas que más lo han emocionado?

En orden cronológico de lecturas: La vorágine, Siddhartha, Crimen y castigo, El extranjero, Madame Bovary, Pedro Páramo, El siglo de las luces, Sobre héroes y tumbas, Cien años de soledad, Memorias de Adriano, Viaje al fin de la noche, El entenado, Bomarzo.

15 Tres libros que deberían estar en la biblioteca de todos los colombianos.

Solo para aliviarnos un poco de la cursilería y la propensión al bullicio y la chabacanería que tanto nos caracteriza, creo que deberían estar las Meditaciones de Marco Aurelio, los Ensayos de Montaigne y el Tratado sobre la tolerancia de Voltaire.

FERNANDO QUIROZ
@quirozfquiroz

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