'No hay más remedio que negociar con Venezuela': Rafael Nieto Navia

'No hay más remedio que negociar con Venezuela': Rafael Nieto Navia

Expresidente de la CIDH propone 'aplicar el tratado de no agresión, conciliación y arbitraje.

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29 de junio 2015 , 05:34 p.m.

¿Cuál es la situación real en materia limítrofe con Venezuela, a raíz de la creación de las zonas militares conocidas como Zodimain?

Pues se ha dicho mucho en los medios que el decreto 1787 del gobierno Maduro es una cortina de humo para resolver los problemas internos de Venezuela. En alguna medida lo es: la oposición ha criticado mucho a Maduro por su falta de actitud y de energía con el problema de la Guyana. Entonces el gobierno venezolano resolvió el problema con este decreto y de pasada nos metieron a nosotros ahí. (Lea también: 'Sí hay recursos contra el fallo de La Haya': Rafael Nieto Navia)

¿Cuál es el problema entre Venezuela y Guyana?

En cortico, Venezuela nunca ha aceptado un tratado –que además suscribió– en el que se sellaron los límites con Guyana. Hoy, Venezuela reclama más de la mitad del territorio guyanés. Y resulta que la ExxonMobil descubrió, en medio de las zonas en disputa, un pozo petrolero gigantesco. Pero, relacionemos eso con nosotros: ¿por qué se meten con Colombia? Por los pozos de gas que hay en la zona.

O sea que, además de los problemas políticos de Maduro, aquí hay un interés económico real, y es que en la zona marítima de Colombia y de Guyana que se está anexando Venezuela hay mucho petróleo y gas...

Exacto. Ese es el fundamento del problema. Guyana, como sabemos, reaccionó muy duro y, en la primera semana de junio, porque el decreto es del 26 de mayo, el Gobierno venezolano rectificó, cosa que hasta esta entrevista no ha hecho en el caso colombiano, porque no hubo ninguna protesta de nuestra parte hasta muy recientemente.

¿Qué explicación tiene que Guyana contestara tan rápido y en cambio Colombia se tomara más de 20 días?

La Ministra dice en un artículo en EL TIEMPO que había que estudiar las coordenadas y tomar las cosas con calma, que no se podía precipitar. Eso lo que produce es la sensación de que el Gobierno no se había dado cuenta del decreto de Maduro. (Además: 'Fallo de La Haya ya está ejecutado': Rafael Nieto Navia)

Nuestro embajador, Ricardo Lozano, es un hombre muy pilo que llega a Caracas luego de hacer una muy buena misión diplomática en Quito…

Pero si no mira la gaceta oficial y no conoce el tema, y a la Cancillería le pasa lo mismo, pues ahí tenemos un problema grave. El punto es que la Ministra dijo eso, que se demoraron porque estaban estudiando las coordenadas. Por supuesto que las coordenadas y los puntos limítrofes con un mapa en la mano se puntualizan en diez minutos porque están puestos en el decreto 1787 del presidente Maduro uno por uno, los puntos 1, 2, 3, 4, de manera que eso se hace en diez minutos. Pero si no han podido trazar las líneas de base rectas en el golfo de San Andrés, pues tampoco podrán trazar estas coordenadas rápidamente. (Lea también: Ricardo Lozano, nuevo embajador en Venezuela)

¿Qué implicaciones tiene eso?

En ninguna parte dice que las líneas trazadas por Maduro sean límites. Las Zodimain, o Zonas de Defensa Integral Marítima e Insular, en apariencia no tienen nada que ver con límites, pero en el fondo son una delimitación, con un propósito en primer lugar de tipo militar.

¿Es decir que Venezuela se siente autorizada para incursionar allá con su armada por una decisión unilateral que viola el derecho internacional?

Sí, por supuesto. Si usted recuerda el incidente de la corbeta Caldas en el gobierno de Barco, Colombia se aventuró a navegar por las que considera sus zonas marítimas; pues, Venezuela ha tenido además la insólita pretensión de aplicarle la teoría a La Guajira de que tiene un pedazo de “costa seca”. Con la corbeta Caldas, Colombia se aventuró al sur de Castilletes y se encontró con cañoneras, corbetas, cruceros y toda clase de equipos marinos y aéreos porque los aviones militares venezolanos también amenazaron a la corbeta colombiana. El presidente Lusinchi ordenó además desplegar fuerzas de tierra, incluyendo equipos blindados, hacia La Guajira. Eso obligó a que la corbeta, que estaba desarmada y fue relevada después por otra que se llamaba Independiente, tuviera que salir de ahí, porque esto iba hacia la guerra. Desde entonces nadie se volvió a aventurar, ni en una lancha ni en un pesquero, por la zona al sur del paralelo de Castilletes. El Gobierno venezolano consideró que eso quedaba sentado.

¿El decreto de Maduro insiste en esa insólita teoría de la costa seca?

Según esa teoría, si Colombia se metía en Punta Gallinas al mar, necesitaba visa de Venezuela. Esta línea abandona un poco esa teoría, porque proyecta la línea de la frontera de Castilletes al noreste y después dobla al norte. (Lea también: El mordisco de Maduro)

Pero de todas maneras le muerde al territorio colombiano…

Claro. Le muerde a Colombia un triángulo completo entre el paralelo de Castilletes y la línea al sur, que le toca a Colombia si trazara una línea media. Y después, aun cuando las líneas coinciden al norte pasando cerca de Los Monjes, con base en estas Venezuela se adjudica todas las áreas marinas y submarinas y a la Guajira le dejan solamente las doce millas, cuando el continente, como lo vimos en la sentencia del diferendo con Nicaragua, tiene más fuerza que las islas. Los Monjes eran unos islotes deshabitados y despoblados, donde no había sino pájaros. Ahora hay fuerzas militares venezolanas ahí. Y hacia el norte, ya no coincidiendo con la línea colombiana propuesta sino mucho más al occidente, se encuentra con el tratado de límites entre República Dominicana y Colombia, y el Gobierno venezolano sigue tan campante, como si no existiera ese tratado.

Ni Venezuela ni Colombia son parte del Pacto de Bogotá, ni hoy aceptan la jurisdicción de la Corte Internacional. ¿Entonces, qué se puede hacer?

El presidente Santos dijo que esperaba respuesta a su nota de protesta antes de pensar en activar la Comisión Presidencial Negociadora entre Colombia y Venezuela (Coneg), refiriéndose a aquella que ha presidido el doctor Pedro Gómez Barrero. Esta nunca llegó a nada y no se reúne hace seis años. Pero unas conversaciones diplomáticas sin un propósito definido son más de lo mismo y lo que harán será consolidar el statu quo en perjuicio de Colombia.

¿Con Venezuela no tenemos algún tratado que pueda servir para defendernos de este atropello?

Existe el Tratado de no agresión, conciliación, arbitraje y arreglo judicial de 17 de diciembre de 1939. Lo conversé con el excanciller Julio Londoño, y le sonó. Este contempla una comisión permanente de conciliación encargada, como su nombre lo dice, de tratar de “conciliar” las diferencias entre las partes. Se debe componer de cinco miembros, de los cuales solo dos tendrían la nacionalidad de las partes y tres serían extranjeros. Sus miembros se reemplazarían cada tres años y cada vez que haya una vacante. (Además: Colombia sigue a la espera de una respuesta de Venezuela por decreto)

¿Sus decisiones son obligatorias?

No, pero si sobre ellas las partes no llegan a un acuerdo, deberán someter la controversia a una decisión judicial o arbitral. Hace años que la comisión no se recompone y muchos de sus miembros, creo yo, han muerto.

¿Venezuela aceptaría ese mecanismo?

Venezuela ha dicho en su comunicado que está dispuesta a cumplir los tratados. Este con mayor razón porque fue propuesto en su momento por ellos. La acción diplomática colombiana debe dirigirse a recrear la comisión y llegar, si es el caso, a un arbitraje. Podría incluso acordarse, desde el principio, cómo se conformaría el tribunal y los detalles de operación. (Lea aquí: Venezuela, dispuesta a discutir polémica limítrofe con Colombia)

¿Mientras tanto, la OEA no serviría para parar la agresión?

La OEA hoy no sirve para nada. Y ni hablemos de Unasur. Naciones Unidas podría vigilar que no haya un conflicto bélico ni escaramuzas militares. Pero la verdad es que este problema hay que resolverlo de manera diplomática, no hay más remedio que empezar a negociar.

El doctor Pedro Gómez Barrero contó la semana pasada que, en época del presidente Uribe, la comisión hizo una delimitación que le entregó personalmente a Chávez, quien se la echó al bolsillo…

Fue en el 2008. Chávez estaba inclinado en una época, recuerdo, a buscar alguna clase de solución del problema del golfo con Colombia. Lo dijo un par de veces, pero no pasó nada. Antes hubo otros acercamientos, como el Acuerdo de Caraballeda y la Declaración de Sochagota, por allá en los años sesenta y pico, que tampoco llegaron a nada. Imagino que esto del 2008 tampoco, pero no sabemos más porque eso lo manejaron en secreto.

¿No existe un mecanismo sensato para obligar a Maduro a rectificar ese decreto?

La vía diplomática. Fíjese cómo Guyana protestó y el Gobierno venezolano echó reverso. Si Colombia maneja eso con guantecitos de seda, no vamos a llegar a ninguna parte.

Y el problema es que se nos cruza con La Habana…

Por Dios. Si aquí estamos hablando nada menos que del territorio marítimo de Colombia. Lo de La Habana que lo manejen de otra manera. ¿Además, cuál es el papel que está haciendo Venezuela en La Habana? Ninguno. No creo que haya que poner lo de La Habana por encima de esto, porque estamos hablando de delimitaciones del mar territorial, áreas marinas y submarinas donde hay soberanía.

Desmenúceme lo de las soluciones diplomáticas…

Hay que decirle a Venezuela: venga negociamos. El Presidente debería responder que sí está dispuesto a reactivar la comisión, pero cuando nos contesten la nota de protesta.

Que sepamos, no la han contestado…

Solo emitieron un comunicado de prensa en el que afirman que aquí hay muchos enemigos de Venezuela…

¿Ese comunicado no se puede entender como una contestación oficial?

De ninguna manera. Los medios diplomáticos son serios. Eso está ilustrado a la perfección en una caricatura publicada en estos días en la cual Maduro aparece echando una botella con un mensaje al mar, que contiene la respuesta a la nota de protesta de Colombia. Una maravilla.

Claro, la botella al mar no nos sirve, necesitamos una respuesta oficial, y una vez se produzca tendrá que arrancar una negociación.

No hay más alternativa. Para eso también podemos buscar por ejemplo uno o más Estados serios que medien. Podríamos hasta decirle al Papa, como lo hizo una mediación pontifical en el canal Beagle en el problema entre Argentina y Chile. También podrían mediar los amigos de Colombia en el continente que yo creo todavía los hay, y que no sean tan amigos de Venezuela como para agachar la cabeza, como serían Chile, Perú o México. Para eso es la diplomacia.

¿Y mientras tanto?

Hacer un acto de presencia no conflictiva en las áreas que nosotros creemos que nos pertenecen.

¿No estamos marcando con estas críticas un contraste con la oposición venezolana, que salió inmediatamente a respaldar a Maduro?

No creo que implique una falta de solidaridad con el Gobierno. Al presidente Santos hay que apoyarlo en lo que haga, pero si supiéramos en qué. Algo nos tiene que informar el Gobierno.

María Isabel Rueda
Especial para EL TIEMPO

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