El mordisco de Maduro

El mordisco de Maduro

Atribuirle al decreto de Maduro solo un desespero político es no tener los pies sobre la tierra.

notitle
27 de junio 2015 , 04:35 p.m.

A la hora de escribir esta columna, no sabemos si la Canciller ha logrado obtener de Venezuela una rectificación del decreto 1787 del 26 de mayo, que crea una zona militar venezolana (Zodimain) en áreas marítimas en disputa con Colombia.

Hasta ahora, Maduro solo ha respondido con un comunicado de prensa, lo cual es un desplante diplomático, mientras su Cancillería ha salido a explicar cínicamente que las Zodimain no tienen un propósito militar, sino de realizar “labores cotidianas de supervisión y protección marítima mediante la asistencia de nuevas tecnologías”.

El decreto de Maduro ya produjo internamente su primer efecto contundente, algo que se creía imposible y que parece un milagro: la oposición venezolana apoyó unánimemente al gobierno de Nicolás Maduro, por tratarse de un asunto de integridad territorial.

El vicepresidente Vargas Lleras ha insistido en que aquí pase lo mismo. Así debe ser. Lo que sucede es que el Gobierno no ha convocado ese vehículo. Es la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores, que convoca a todos los expresidentes colombianos, aun desde la oposición, para que asuman con patriotismo un frente común cuando se trata de defender nuestra integridad territorial.

Por fortuna, no existe duda de que, como colombianos, apoyamos incondicionalmente las medidas que ha tomado y tome próximamente nuestro Gobierno con respecto al atropello venezolano. Pero los actos erráticos de esta Cancillería, que ahora sesiona desde La Habana, nos obligan a hacer ciertas preguntas pertinentes.

Por ejemplo: ¿por qué nos demoramos más de 20 días en responder a la gravísima agresión de Maduro?
Guyana, con la que el Gobierno venezolano intentó hacer lo mismo, respondió en menos de una semana, con tal firmeza que incluso prohibió el aterrizaje en su territorio de la aerolínea venezolana Conviasa. Y logró que Maduro retrocediera, y casi chistosamente reimprimiera una nueva versión del decreto 1787, especial para Guyana, alegando “fallas en los originales” y reconociendo que “hay un área marítima por delimitar que será determinada una vez se resuelva la controversia pendiente entre Venezuela y Guyana”.

En una columna publicada en este diario, la Canciller explica así su demora: “Apenas conocido el decreto (...) nos pusimos a estudiarlo con detenimiento, levantamos los mapas del caso para verificar las coordenadas y, acto seguido, procedimos a formular una firme protesta ante el Gobierno venezolano”. No es suficiente explicación. No puede ser que si a Maduro le da por imponer unilateralmente nuevos límites con Colombia, nos haga falta el estudio de mapas y de coordenadas de un diferendo que lleva 180 años y sobre el cual en el siglo XX, e incluso en el siglo XXI (durante el gobierno Uribe, según dice el empresario Pedro Gómez Barrero), hubo varios intentos de solución.

Ingenuamente hemos tratado de minimizar este nuevo mordisco al territorio colombiano, atribuyéndoselo al desespero político de Maduro.

Eso es no tener los pies en el suelo. Aquí, además del interés político y del componente bélico, también hay, por parte del Gobierno venezolano, claros intereses económicos, como lo ha explicado el exviceministro de Justicia y actual decano de la Escuela de Política y Relaciones Internacionales de la Sergio Arboleda, Miguel Ceballos, el primero en dar la voz de alerta: “La riqueza gasífera y petrolera del golfo es una necesidad para la economía venezolana, y por lo tanto el decreto de Maduro tiene un indudable interés geoestratégico, frente al cual no podemos transigir”. Como lo vienen diciendo varios de los más connotados internacionalistas colombianos, nos hace falta una urgente política internacional en materia fronteriza.

Lo que sí es muy curioso es que mientras Maduro trata de anexarse zonas marítimas posiblemente ricas en combustibles, las Farc anden desaforadamente derramando petróleo en Colombia. No es una casualidad que a las Farc y al Eln les quede tan difícil escoger entre apoyar la integridad territorial del país que los protege, y donde se refugian, o la del país donde nacieron, al que combaten, al que contaminan y donde aspiran a gobernar.
Entre tanto... ¿Qué opinará el Papa del derrame petrolero sobre el océano Pacífico? 

María Isabel Rueda

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.