Nuevo puente Pumarejo podría desplazar a 56 familias de Palermo

Nuevo puente Pumarejo podría desplazar a 56 familias de Palermo

Ese número de inmuebles se verán afectados por las obras. Afectados piden reubicación digna.

notitle
26 de junio 2015 , 10:01 a.m.

Jorge Pozo Cantillo es barranquillero, tiene 77 años y se precia de ser el habitante más antiguo de Casa Loma, en el corregimiento de Palermo (Magdalena). Y como el destino tiene unas maromas tan extrañas, podría ser el único que se quede viviendo allí, pero ya no en medio de su lote de 36 hectáreas de cultivos, sino al pie de la carretera de acceso al que será el próximo nuevo puente Pumarejo.

Ese horizonte, sin embargo, no lo tiene tan claro, y no parece muy convencido de que signifique un golpe de suerte. “Si me van a comprar, como me han dicho, que sea a un precio justo y por una causa justa, pero es la hora y yo no sé cómo voy a quedar”, dice. Está sudado, toma agua en cantidades y espanta mosquitos. Es delgado y tiene la apariencia del campesino contumaz.

Pozo llegó allí en 1977 y compró el lote en estado salvaje. Le tocó pasar por todo un proceso de oficinas y despachos para que, por fin, en 1988, le aprobaran las escrituras de propiedad. Esos papeles están siendo examinados por el Instituto Nacional de Vías (Invías), la entidad que contrató la construcción del nuevo puente sobre el río Magdalena entre Barranquilla y Palermo, como parte de la conexión vial a Ciénaga (Magdalena).

El nuevo puente–que se convertirá en el más largo del país- despega en el intercambiador a desnivel que lo conecta con el Corredor Portuario y termina en Palermo a 450 metros de la orilla del río en su margen derecha. Son 3.800 metros sumando los ramales de acceso.

Será un puente más alto que el actual y más largo. Para su construcción, la Nación destinó 625.000 millones de pesos y ya ha avanzado en el censo, la socialización y los cálculos topográficos. En cualquier momento, se iniciará su construcción y estará listo en tres años.

En su recorrido, ocupará, incluso, parte del lote donde están las válvulas de la transportadora de gas Promigas. Pero antes, el puente pasará por donde hoy crecen los árboles frutales del predio de Pozo: coco, guayaba, mango, plátano y limón, de cuya venta al por mayor vive el hombre. También crecen allí unos árboles maderables que Pozo también cultiva para la venta. “Estoy calculando todavía el valor de todo esto. Y no tengo ni idea de cuánto me piensan ofrecer”, agrega.

Y no se trata solo de él, sino de toda su familia, compuesta por 10 personas: su esposa Ana Victoria, sus tres hijas –Olga, Isabel y Nery– y cinco nietos, que se han criado allí, donde además de la huerta funciona la única tienda del lugar. “Tenemos cuatro cartas enviadas al Ministerio de Transporte, al Invías y la Defensoría del Pueblo. Hay que pronunciarse”, sostiene.

El de Pozo es uno de los 56 inmuebles que se verán afectados por las obras del puente, y es uno de las pocas con los papeles de propiedad bien claros. Los demás, fueron llegando en el transcurso de los años a través de transacciones que, desde la perspectiva de Invías, no son legales porque la mayor parte de esos terrenos son de propiedad estatal.

Por eso, la propuesta que han venido manejando los emisarios de Invías es la de reubicar a los habitantes de ese sector. Ya hicieron el censo hace un par de meses y les dijeron que no había otro camino que el de abandonar.

“Nos han dicho que nos van a reubicar cerca de Galapa, pero lo mínimo que uno espera es que nos dejen en las mismas condiciones en que estamos aquí: tranquilos, con cultivos, mucho espacio y todos juntos, que somos familia”, dice ahora Marilys Solano, que habita la ‘Unidad 28’ según el censo.

Desde su casa, puede verse la cabecera del puente actual. Su mirada tiene que atravesar los terrenos donde Camagüey habilitó un atracadero para las reses que trae desde del interior del país con destino a planta de sacrificio en Galapa. También eso desaparecerá, lo mismo que la escuela que queda sobre esa última calle del sector Casa Loma.

La escuela se llama ‘La Canchera’ y debe su nombre a que, cuando la sacaron adelante los mismos habitantes de Casa Loma, estaba en lote denominado así y al que se llegaba atravesando un caño ubicado a cien metros y que es alimentado por el río.

Esa escuela, en la que estudian 195 alumnos de básica primaria, fue todo un esfuerzo de 34 años, recuerda ahora la profesora más antigua, María Villa Pertuz. Primero fue el lote, luego un quiosco donde hoy queda la válvula de Promigas, y finalmente esa sede que tiene el lote de Camagüey como traspatio, que se las construyó la empresa de gas.

“Primero nos dijeron que nos iban a reubicar, pero en el 2017. Después, que ahora en junio venían a demolerla la escuela. Y que fuéramos reubicando a los niños. Algunos se están retirando ya porque no hay nada seguro”, señala la profesora Villa.

Algunos tienen abogados pendientes de la situación; otros, tan solo tienen las promesas, pero a la mayoría los consume la incertidumbre. Lo único que tienen como cierto es que cuando dentro de tres años el puente esté en pleno funcionamiento, la Casa Loma que vivieron será tan solo un recuerdo.

Javier Franco Altamar

Redactor ADN

Barranquilla.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.