Editorial: Se hizo justicia

Editorial: Se hizo justicia

Condena a Tapasco es trascendental en la lucha contra aquellos que callan a la prensa con violencia.

25 de junio 2015 , 08:23 p.m.

De reconfortante puede calificarse el sentimiento que produjo la noticia de la confirmación de la condena al excongresista Ferney Tapasco como responsable del crimen del subdirector del diario La Patria de Manizales, Orlando Sierra, ocurrido el 30 de enero del 2002. El tribunal de Manizales anuló el fallo del juez de Pereira que lo había absuelto el 26 de diciembre del 2013, y confirmó que él, Fabio y Jorge Hernando López Escobar deberán pagar 36 años y 3 meses de cárcel como responsables del delito de homicidio agravado.

La importancia del fallo radica en que en esta oportunidad la acción de la justicia no se limitó a los autores materiales, sino que llegó hasta su determinador, una reconocida figura de la política del departamento de Caldas. Es, además, la primera vez que todos los partícipes en el asesinato de un periodista reciben condena.

Es satisfactorio constatar que, luego de recorrer un tortuoso camino, este caso no quedó impune, como sí ocurrió con los 68 asesinatos de comunicadores que han prescrito en Colombia. Se trata, entonces, de un paso determinante en la lucha contra quienes, recurriendo a la violencia, quieren silenciar el periodismo.

Pero esta satisfacción no impide llamar la atención sobre todo el tiempo que transcurrió entre el lamentable ataque y el momento en el que se pudo decir que se hizo justicia. Trece años para aclarar los móviles del hecho es un lapso excesivo, por más de que aquí sea pertinente el adagio de que es mejor tarde que nunca.

Y es que no fue un proceso particularmente complejo. Como lo dice la misma providencia, la responsabilidad del exparlamentario era una suerte de secreto a voces.

El mismo Tapasco habló del tema varias veces antes del crimen. Plantea el documento: “(Tapasco) no guardaba recato alguno para exteriorizar su propósito de asesinar al periodista, seguramente amparándose en su poder y en la mezcla de confianza y temor que hacia él le prodigaban sus empleados”.

Así, pues, el desenlace no puede evaporar –insistimos– las preguntas por las razones de la demora ni hace olvidar los numerosos obstáculos que se presentaron: 6 años tardó el ente acusador en iniciar el juicio contra el líder político, 9 testigos fueron asesinados; el autor material, Luis Fernando Soto, solo pasó 5 años tras las rejas, de los 19 a los que fue condenado.

Sobre todo porque de estos sucesos surge el interrogante de que si así son las cosas en un caso emblemático, cómo será en aquellos menos visibles. Y las cifras aquí confirman las peores sospechas: de 143 asesinatos de periodistas en la historia del país, solo en 19 casos ha habido condenas. Que sea la oportunidad para recordar que hay 25 en riesgo de prescribir de aquí al 2019, incluido uno igualmente emblemático: el de Jaime Garzón.

Este episodio constituye una invitación a la esperanza. Hay que hacer énfasis en el hecho de que Tapasco se creía intocable. Esta condena deberá también demostrarles a otros tantos personajes que en otras regiones del país parecieran sacados del mismo molde –los que suelen amedrentar a la prensa, que los pone, como debe ser, en la palestra por su comportamiento indebido– que no están por encima de la ley y que la justicia puede cojear, pero llegará.


editorial@eltiempo.com

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