Ni rencoroso ni arrepentido

Ni rencoroso ni arrepentido

Este viernes Lionel Messi y José Pékerman volverán a verse las caras.

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25 de junio 2015 , 07:00 p.m.

Lo primero que sentía Messi al bajarse de la cama era dolor. En la concentración argentina en la ciudad de Herzogenaurach se paseaba fantasmal durante horas. Le costaba integrarse. Se encerraba en la habitación que compartía con Oscar Ustari y quemaba el tiempo entre mil malabares con una pelota. El persistente malestar en la pierna derecha le anticipaba que Alemania 2006 no sería su Mundial. Pero el planeta no lo sabía y ya le exigía la consagración. A él y a José Pékerman?, que no iba a ser tan torpe de desaprovecharlo, ¿no?

Olympiastadion de Berlín. Doce minutos separaban a la Argentina de las semifinales de la Copa. Los anfitriones caían 1 -0 cuando Pékerman decidió la última variante tras perder un cambio por la lesión de Abbondanzieri: Cruz por Crespo. Al minuto, empató Klose. La historia ya se sabe cómo terminó con los penales y el papelito del arquero Jens Lehmann. Desde entonces, muchas culpas apuntaron al DT por haberse despedido del torneo con Messi en el banco. Hubo medios que disentimos de Pékerman. Otros se burlaron. Fue injusto. Porque con el tiempo se siguió criticando la decisión en función del crack que es hoy, olvidando que en Barça era una joya en vías de explosión, porque el eje de ese equipo de Rijkaard pasaba por Ronaldinho, Deco, Eto'o, Giuly...

Al comenzar la temporada que desembarcaría en el Mundial, Messi era un chavalito casi desconocido? Inesperadamente subió al primer equipo culé...., nadie lo esperaba tan pronto. En febrero fascinó cuando enloqueció a Chelsea, en Stamford Bridge, en la ida por los 8vos de final de la Champions. Pero en la revancha del 7 de marzo comenzó el calvario. Ya no jugó más y terminó con una flaca planilla de 25 partidos y 9 goles.

Un desgarro grado dos en el isquiotibial derecho, que luego se complicaría con una fibrositis. Tardó 84 días en volver a jugar oficialmente, y sólo entró 17 minutos en el amistoso previo al Mundial, ante Angola. Con 18 años, llegó a Alemania con apenas tres partidos como titular en su foja de selección. Messi tardaría en volver a ser el que había encandilado en Londres. "Acá hay grandes figuras, el equipo está consolidado. Lo tuyo es algo sorpresivo y estamos contentísimos. Vas a hacer tu aporte, pero mirá que hay jugadores que son impresionantes y quedarán en el banco", le advirtió Pékerman.

Eyectada la selección del Mundial, se desplegaron debates tan eternos que llegan hasta hoy. Pero alguien jamás esbozó un reproche: Messi. Al día siguiente de la eliminación, la nación lo acompañó hasta el aeropuerto de Fráncfort. ¿Qué experiencias te llevás?, escuchó. "Todas positivas. No tengo más que palabras de agradecimiento", dijo ese chico que acababa de cumplir 19 años, y en 122 minutos en el torneo se había convertido en el argentino más joven en debutar en una Copa y en marcar un gol.

Pero hubo más. En el 2009, cuando Messi recibió su primer Balón de Oro, el rosarino se lo dedicó a su familia. Y a alguien más: "A Pékerman, a quien siempre le voy a agradecer darme la oportunidad de debutar en un Mundial". Messi juega para la Argentina gracias a un operativo relámpago entre Claudio Vivas, Tocalli y Pékerman, que enterado de un Enano que hacía maravillas en las inferiores de Barcelona fue a verlo en un partido contra el Alcorcón, en las afueras de Madrid, cuando José era el manager de Leganés. De inmediato llamó a Tocalli para insistirle en un urgente llamado. Años más tarde, el 17 de agosto de 2005, en Budapest, José sería el responsable del estreno de Messi en la mayor.

Sólo 92 segundos duró en la cancha. Un manotazo sobre el lateral izquierdo húngaro Vilmos Vanczák que no lo dejaba avanzar precipitó la roja del árbitro alemán Markus Merk. Lloraba Messi en el vestuario: "¡Es una vergüenza, no me van a citar más!", repetía desconsolado. Se acercó Pékerman y lo felicitó al oído. El técnico rescataba que Messi había entrado con la intención de jugar, y esas lágrimas hablaban de orgullo. Públicamente, también lo respaldó: "Es un jugador fantástico. Es una bendición para el fútbol argentino". Cuando le refrescan la imagen de Messi desparramado el banco de Berlín, a Pékerman le duele porque siente que la caza de brujas no acabará jamás. "A menudo me lo recuerdan, olvidándose de todo lo demás", confiesa. "Me dio muchos consejos que no olvido", son las agradecidas palabras del crack. Diez años y 100 partidos después, Messi no guarda rencor y Pékerman sigue convencido de que hizo lo correcto. Ellos no son culpables de todo lo demás.

Cristian Grosso
LA NACIÓN (Argentina)
GDA

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