El agravio del desagravio / Columna de opinión

El agravio del desagravio / Columna de opinión

Texto de Orlando Sierra Hernández, publicado en La Patria, de donde fue subdirector.

25 de junio 2015 , 04:17 p.m.

El homenaje de desagravio que le hicieron a Ferney Tapasco por la anulación de su elección de diputado, es todo un agravio a las gentes de bien de Caldas.

La adivinanza que voy a proponerles es del tipo, blanco es, gallina lo pone, frito se come. No hay que activar las neuronas para responderla. Se hace por reflejo. ¿En qué se parece Manizales a Valledupar? Por si le han fallado los reflejos, le refresco la memoria: en que en ambas ciudades le rinden homenajes de desagravio a quienes lo que han hecho es, justamente, agraviar a la sociedad. A Diomedes Díaz, el cantante vallenato, allá; a Ferney Tapasco, el presidente de la Asamblea de Caldas, aquí.

Según el diccionario de doña María Moliner, agraviar es «expresar un concepto contrario a la dignidad o el honor de alguien o mostrarle de cualquier manera, con palabras o actos, falta de consideración o respeto». ¿Por qué entonces un homenaje de desagravio a un cantante vallenato, que está implicado en un crimen? ¿Por qué uno a quien, como Tapasco, ha visto anulada su elección como diputado por parte de las autoridades pues por haber sido condenado a pena privativa de la libertad no podía ser elegido en cargos de representación popular.

Lo de Diomedes, fue agriamente criticado. ¿Acaso olvidaba la gente que su libertad era condicional y que sigue involucrado en la muerte cruel de la joven Doris Adriana Niño? Aquí, que yo sepa y salvo por una caricatura de ARI, no ha habido una voz disidente por el desaguisado de quienes piensan que el fallo de la justicia contra el dirigente político fue una «falta de consideración o respeto». Como si fuera de poca monta el hecho de que Tapasco haya sido condenado por encubrimiento en un homicidio. El de Orlando de Jesús Salazar Gallego, ocurrido
el 18 de julio de 1992, en Supía.

Lo que se hizo en Valledupar, fue una cosa espontánea, surgida de los fans del cantautor. Lo de acá fue preparado, lo que significa previsto con cabeza fría. ¿Acaso quienes lo programaron no leyeron la sentencia del fallo condenatorio? ¿Están convencidos acaso de que la ley es para violarla? ¿Creen por ventura que el poder político es intocable? ¿Consideran posible que nuestros magistrados sean todos una camarilla de prevaricadores? ¿Prevaricadora la Procuraduría, que conceptuó en favor de despojar al diputado de su credencial?

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Razones a Santander para que las entienda Bolívar. Es un dicho viejo, socarrón. Quiere decir que a veces se hacen o dicen cosas, no para beneficio o conocimiento del aludido, sino para que lo tome en cuenta un tercero. Mucho me temo que fue lo que sucedió con el «homenaje de solidaridad a Tapasco» del primero de abril en la noche, en el restaurante Mac’s. Y el Santander del asunto era Tapasco. El Bolívar, el senador Víctor Renán Barco.

Estoy seguro que muchos de los «oferentes» del homenaje a favor de Tapasco fueron «voluntariamente obligados». Otros asistieron por guardar las apariencias; unos cuantos más convencidos de que efectivamente la injusticia había hecho nido en la persona del dirigente liberal de Supía. La mayoría para quedar registrados en la Memoria del senador Barco, entre ellos, César Gómez Estrada, quizá uno de los más interesados en aquello de dar razones a Santander,para que la entienda Bolívar.

Gómez Estrada ostentó en su momento la mayor dignidad de Caldas; ser su gobernador. Por eso no se entiende que alguien que ha representado los máximos intereses del Estado en una región, salga a hacer un homenaje de solidaridad a quien sindican todos los hechos. La justicia, lo sabe él que es hijo de unos de los más brillantes ex magistrados de la Corte Suprema de Justicia, falla con base en la carga de la prueba. Por eso resulta contraevidente su actuación, aparte de lastimera. Y tal atropello a su dignidad, por querer congraciarse con Renán Barco.
¡Ni que el senador de La Dorada fuera un Dios!

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El desagravio al señor Ferney Tapasco, es un agravio a las gentes de bien de Caldas. No puede ser que alguien que tiene en su hoja de vida dos máculas inmensas como el haber sido condenado por concusión, con condena a doce meses de prisión en 1978 y encontrado responsable del delito de encubrimiento por favorecimiento a un homicida, hecho por el que fue condenado en 1994, sea digno de tales reconocimientos. Eso no cabe ni en el mundo al revés.

Al señor Tapasco la justicia no le ha anulado su elección como diputado para el período 1998-2000, por persecución política, animadversión personal o presión alguna. La justicia la simbolizan ciega y con una balanza, justamente porque no debe discriminar y ser equitativa. Y fue lo que sucedió en este caso. Por eso, el desagravio que se le hizo, no pudo estar más fuera de lugar, con todo y que haya habido apelación ante el Consejo de Estado. Tan fuera de lugar como el recibimiento de héroe que le hicieron a Diomedes Díaz en Valledupar, para celebrar su libertad condicional. ¿No era más indicado acaso desagraviar a la familia de la muerta, como acá debía hacerse hecho con la del maestro asesinado?

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Estamos perdiendo los valores y por ende el sentido de las proporciones. ¿Desde cuándo hay que quedar bien con los que le quedan mal a la sociedad? ¿Desde cuándo por quedar bien con alguien, hay que desagraviar un agraviador? ¿Qué tipo de personas somos, cuando hacemos de nuestros principios y sayal, por la ambición de un contrato, un cargo público, una recomendación?

Pero si las anteriores preguntas son para los patrocinadores el entuerto llamado «desagravio», también hay que hacerle algunas a quien pese a los hechos y en gracia de pragmáticos intereses electorales mantiene en Tapasco no sólo un aliado, sino su segundo: el senador Renán Barco. ¿Es justo con esta tierra que tanto que ha prodigado, que le imponga a alguien con tales antecedentes? ¿Acaso lo que pasó con Garavito no le dejó lección alguna? ¿No va siendo hora de que deje de ser inferior a su propia imagen y se engrandezca a los ojos de sus coterráneos, no porque consigue plata para obras o le arma el paquete tributario a cada gobierno, sino porque sanea sus propias filas? Nada mal le caería esto último. Nada mal.

ORLANDO SIERRA HERNÁNDEZ
Columna publicada el 19 de abril de 1998 en el diario La Patria, de Manizales

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