'En materia de espionaje, los países no tienen amigos ni enemigos'

'En materia de espionaje, los países no tienen amigos ni enemigos'

A partir del roce entre Francia y EE. UU., expertos aseguran que los países espían a quien pueden.

notitle
24 de junio 2015 , 08:00 p.m.

Más allá de las protestas habituales, la revelación de que Estados Unidos espió a Francia, en particular a sus tres últimos presidentes, Jacques Chirac, Nicolas Sarkozy y Francois Hollande, y de que en teoría amigos y aliados no se deben espiar, muestra la situación que atraviesan los dos países, ilustrada en el conocido proverbio de los servicios de inteligencia: en materia de espionaje, los países no tienen amigos ni enemigos, sólo intereses, estiman los expertos. (Lea también: Los olvidos diplomáticos sobre el espionaje)

El diario Libération y el portal de información Mediapart publicaron documentos sobre el espionaje estadounidense filtrados por Wikileaks, cuyo fundador prometió nuevas revelaciones.

Para defenderlos se recurre a todos los medios y Francia, que levanta hoy la voz para protestar por actos que considera “inaceptables” por parte de un país aliado, no se priva de hacer lo propio cada vez que puede, agregan.

No hay nada nuevo, “todo el mundo sabe desde el 2003 que la agencia estadounidense NSA ha desarrollado un sistema de adquisición de datos en el mundo entero”, declara Alain Chouet, exjefe de los servicios de inteligencia franceses. “A priori, era para luchar contra el terrorismo. No sirvió para gran cosa contra el terrorismo, pero sí para un montón de otras cosas. La herramienta funciona, y funciona tanto mejor cuando tiene por objetivo personas tecnológicamente avanzadas que no tienen cuidado con sus teléfonos”, comenta Chouet.

Los millones de documentos estadounidenses hechos públicos en el 2013 por el especialista de informática Edward Snowden, cuya explotación aún no ha terminado, demostraron la amplitud de las capacidades de Estados Unidos para interceptar comunicaciones en el mundo entero.

Esos documentos revelaron que las más altas autoridades alemanas y la Unión Europea eran blancos privilegiados del espionaje de la NSA. “Sería un tanto arrogante por parte de Francia pensar que está al amparo de ese tipo de acciones”, estima Alain Chouet.

“En materia de espionaje no hay amigos, no hay aliados, sólo hay intereses”, y “en la deriva de los estadounidenses, que tienden a considerar que el mundo se divide en enemigos y sirvientes, ambos merecen ser vigilados”.

La primera medida para contrarrestar el espionaje sería utilizar teléfonos codificados, lo que a menudo no se hace por descuido. En el caso de las escuchas estadounidenses , “la falta la comete Francia”, estima una fuente bien informada, lamentando que los altos dirigentes franceses prefieran utilizar sus teléfonos privados en vez de esas líneas codificadas, “de uso un poco más complicado”.

“La utilización de teléfonos codificados es una disciplina”, y quien no se atiene a ella “debe asumir los riesgos”, agrega la fuente.

No fue necesario esperar las revelaciones de Edward Snowden para saber que Francia estaba en la mira del espionaje, señala Eric Dénécé, director del Centro Francés de Investigación sobre Inteligencia (CF2R).

“Los estadounidenses espiaron a de Gaulle. ¡Imaginen las escuchas que organizaron cuando Mitterrand llegó al poder con cuatro ministros comunistas en el gobierno!”, acota Dénécé. “Lo hacen para tratar de anticipar cuáles serán las próximas alianzas, y también para saber quién cometió faltas, para estar en condiciones de chantajear a los políticos en las negociaciones” internacionales.

Además “están las informaciones económicas”, sector en el que abundan los golpes bajos.

Aunque con medios muy inferiores a los de la NSA, Francia trata de mantener su nivel, como lo hacen todas las potencias occidentales, en este tablero en el que rige una sola regla: no dejarse descubrir, consideran al unísono Chouet y Dénécé.

Ni Gran Bretaña, ni Alemania, ni Francia se privan de hacerlo, pero cada país “está limitado por sus capacidades respectivas”, afirma Chouet. Cuando no se tienen los medios de la NSA, cada cual “se concentra sobre lo que considera importante en el momento”.

En medio de este panorama y de la vergüenza con sus aliados, el presidente estadounidense Barack Obama salió a dar la cara, así como lo hizo con la canciller alemana Angela Merkel y con la presidenta brasileña Dilma Rousseff, entre otros.

Obama “reiteró sin ambigüedad”, durante una conversación de “un buen cuarto de hora” que tuvo lugar por iniciativa del presidente francés, su “compromiso firme” contra todo espionaje a un país aliado, anunció el Elíseo, en un comunicado.

La entrevista telefónica sirvió “para establecer los principios que deben gobernar las relaciones entre aliados en materia de inteligencia”, informó la presidencia francesa, añadiendo que los “responsables franceses de inteligencia viajarán a Washington próximamente para profundizar en la cooperación” entre ambos países.

Francia refuerza sus facultades

París (AFP). Con el escándalo del espionaje de EE. UU. a sus últimos tres presidentes como telón de fondo, Francia se guarneció este miércoles con una polémica ley que refuerza a sus servicios de inteligencia, ante la indignación de sus detractores, que temen el inicio de una “vigilancia masiva”.

Defendida por el Gobierno de izquierda en el poder, en nombre de la lucha antiterrorista, la nueva ley de los servicios de inteligencia fue adoptada definitivamente en la tarde y en breve será promulgada por el Gobierno. El texto fue votado a mano alzada en el Senado, obteniendo el aval de una gran mayoría de los senadores de izquierda y derecha, pero con voces disidentes en prácticamente cada grupo político. Aunque fue propuesta el año pasado, el Gobierno socialista aceleró su elaboración tras los atentados yihadistas que dejaron 17 muertos entre el 7 y el 9 de enero en París.

De la prevención de atentados al espionaje económico, el texto define un abanico de misiones de los servicios de inteligencia, así como el régimen de autorizaciones y de control de sus técnicas de espionaje (escuchas, uso de cámaras o de programas informáticos espía, acceso a datos de conexión, etc.). Según el primer ministro Manuel Valls, la ley enmarcará la actividad de los servicios de seguridad y les permitirá ser “lo más eficaces posible ante la amenaza terrorista”. Para los detractores, es una autorización a indagar en la vida privada de cada ciudadano.

AFP

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.