El poder de Twitter en la academia / Opinión

El poder de Twitter en la academia / Opinión

No participar en estas redes en nuestros campos del saber es un lujo que no podemos darnos.

22 de junio 2015 , 08:55 p.m.

Quien todavía ponga en duda el inmenso alcance de las redes sociales debería fijarse en este ejemplo, sacado de la vida real.

Imaginen que organizan una conferencia de unos 200 asistentes, de dos días de duración y enfocada en líderes de opinión, en su campo del conocimiento.

Antes, lo discutido allí no hubiera siquiera salido de ese recinto, pero ahora toda esa información puede ser distribuida a gente interesada, en cualquier lugar del mundo y en forma simultánea.

¿Cómo hacerlo? Digamos que pueden remitirla a otras personas directamente, hasta completar 1.242, y supongamos, además, que cada una la comparte con sus contactos hasta que sea vista, en algún momento, más de 47 millones de veces durante esos dos días.

Lo interesante de todo esto es que para alcanzar dicha distribución no es necesario recurrir a medios tradicionales; es más, por esta vía es posible garantizar que esa información sea recibida por quienes realmente están interesados, con la ventaja de que pueden hacer comentarios y retroalimentar en tiempo real la actividad.

Los datos presentados en esta clase de espacios pueden, además, ser revisados por pares académicos, que posiblemente tendrán la tarea de evaluar los trabajos presentados, cuando tengan que ser enviados para su publicación.

Todas estas posibilidades ya se encuentran en un sitio en el que pueden interactuar los participantes en un evento, las personas interesadas en seguir la conferencia (y que no pudieron asistir) y la red de cada una de ellas, hasta llegar a esos números maravillosos de difusión instantánea.

Se trata de Doctors 2.0 (#doctors20), la conferencia de salud digital que lidera este campo de conocimiento a nivel mundial y que se mueve a través de Twitter.

Cada día hay más evidencia de que los artículos discutidos en esta red pueden ser los más citados luego desde el plano académico; semejante beneficio lo lleva uno a preguntarse cómo todavía escépticos ante estos nuevos medios.

No participar en estas redes de conocimiento en nuestros campos del saber, e intentar explorar apropiadamente estas herramientas para estos usos, es un lujo que no podemos darnos.

Sea por temor o ignorancia, no minimicemos estas realidades de la globalización. La consigna es participar en ellas activamente.

CARLO VINICIO CABALLERO
Ph. D., profesor asociado de Medicina, U. del Norte

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