Los wounaanes, comunidad atrapada en medio de la guerra

Los wounaanes, comunidad atrapada en medio de la guerra

Habitantes de la zona fueron desplazados y denuncian amenazas y cobro de 'vacunas'. Piden ayuda.

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21 de junio 2015 , 08:34 p.m.

Desde que Unión Agua Clara se volvió un resguardo fantasma, a media hora de allí, recorriendo las aguas del río San Juan, los cerca de 600 indígenas wounaanes nonam, del resguardo Puerto Pizario, se declararon en una especie de toque de queda.

Cuando comienza la puesta del sol, estos nativos, con habilidades para la caza de animales salvajes –usando el arco, la flecha y otros instrumentos– deben apurarse. La jornada de caza ya no se extiende hasta la noche, como era lo usual, sino hasta mucho antes, a eso de las 6:00 p. m.

La comunidad wounaan de Puerto Pizario, ubicada en jurisdicción del Valle del Cauca –donde el río San Juan marca la línea divisoria entre la espesa selva del Valle del Cauca y la del Chocó– les teme a los enfrentamientos entre el Ejército y las Farc. También a la presencia de un grupo de hombres armados y vestidos de civil que, con armas de corto y largo alcance, desembarcaron en Unión Agua Clara a finales del año pasado, exigiendo quedarse en ese territorio. De lo contrario, advirtieron, empezarán a matar a los indígenas.

Así mismo, otros actores armados ilegales, que serían paramilitares o de bandas criminales del ‘clan Úsuga’, que deambulan en lanchas, serían los responsables de amenazas por pagos de ‘vacunas’ a líderes wounaanes.

Algunos nativos denunciaron que los combates entre las Farc y el Ejército, cuando estaba vigente el cese del fuego por parte de la guerrilla, fue una de las razones para salir del resguardo. Pero también lo es la presencia en la región de hombres armados vestidos con ropa diferente al camuflado. En ese panorama de miedo se suman cadáveres que han sido desenterrados por uniformados de la Armada. A finales del año pasado, se hallaron los cuerpos baleados de dos desconocidos, en límites entre Unión Agua Clara y la comunidad wounaan de Bellavista. Por toda esta situación, más de 320 wounaanes de Unión Agua Clara empezaron a desplazarse, de manera fraccionada, desde noviembre; a la fecha, todo el pueblo quedó desolado, mientras la población vecina de Puerto Pizario vive confinada.

Los aguaclareños están hacinados en el coliseo El Cristal, en el área urbana de Buenaventura, a dos horas y media navegando por los ríos San Juan y Calima.

Llamado al Gobierno

Y aunque los aguaclareños quieren regresar a sus casas palafíticas, no lo han hecho porque los violentos no se han ido. Recuerdan que hace dos meses, hombres armados con ropa de civil se llevaron a un líder de la comunidad negra de Cabecera. Allí, precisamente, un grupo de religiosas abandonó este año el colegio a su cargo, tras medio siglo de vivir en esta región. Cabecera es la población afrodescendiente que vive en casas sobre palafitos de madera rústica, como los wounaanes, y que se levanta sobre la ribera del San Juan, al lado de la comunidad indígena de Puerto Pizario. De allí que toda esta situación mantenga confinados a los wounaanes de este último resguardo, que también deben pescar solo en determinadas horas.

“Queremos volver a nuestro territorio, para recuperar los cultivos que se han perdido”, dijo un indígena. Al igual que en otros ocho caseríos indígenas, en todo el borde del San Juan y en suelo vallecaucano, en Agua Clara se sembraba ñame, papa china, plátano y caña de azúcar. Si hay retorno tendrían que buscar animales porque los que había –perros y gallinas– han muerto o desaparecido.

“El coliseo donde estamos no es un lugar adecuado”, dijo en su lengua la indígena Letinia Chirivico, de Unión Agua Clara. “Los niños no están acostumbrados al piso de cemento”.

El crítico panorama fue expuesto en una misiva enviada al presidente Juan Manuel Santos, a los ministerios del Interior, Ambiente y Agricultura, a la Fiscalía y Procuraduría. En el documento claman por garantías y atención del Estado para encontrar soluciones para las víctimas de un conflicto que no paró cuando las Farc habían declarado el cese unilateral del fuego, en plenos diálogos de La Habana.

Además, se han presentado más de 10 amenazas de paramilitares a líderes indígenas por incumplir con el pago de ‘vacunas’. A la líder Erevilda Guaicorizo Chamarra le dispararon en el glúteo izquierdo. Y agregan: “Requerimos que el Gobierno implemente medidas para la protección de los predios abandonados”.

Édinson Málaga, vocero del resguardo Unión Agua Clara, dijo que para retornar se debe cumplir primero con la comisión de verificación y después se debe realizar una evaluación de la seguridad y del transporte. “Tienen que ayudarnos”, dijo el líder.

Carolina Bohórquez
Enviada especial de EL TIEMPO
Puerto Pizario (Buenaventura).

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