Eataly, todos los sabores de Italia en un solo lugar

Eataly, todos los sabores de Italia en un solo lugar

Little Italy ya no es el único polo de la gastronomía italiana en Manhattan.

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20 de junio 2015 , 04:32 p.m.

Un supermercado con productos italianos de alta calidad, seis restaurantes con una terraza de techo movible y una plaza para disfrutar de la mozzarella, el pan y el gelato –helado hecho a diario–, y una escuela de cocina de las diferentes regiones de Italia.

Todo está en Eataly, en la zona del parque Madison y el edificio Flatiron, entre la Calle 23 y la avenida Broadway, en pleno Manhattan (Nueva York). Un lugar perfecto para picar y tomar unas copas, para abastecerse camino a un pícnic o para una cena típica en familia.

En un día, el local, que solía ser el hotel Grand y que conserva detalles como los marcos de mármol y las cornisas de yeso, recibe entre 10.000 y 15.000 visitantes.

Lo primero que se siente es el olor a café, irresistible: Caffe Lavazza, una marca clásica italiana con 120 años en el mercado, donde se consiguen bebidas tradicionales como espressos y macchiatos, y otras más elaboradas como la neve sulla lava, un chocolate caliente con crema de espresso fría, crema chantillí y hojuelas de chocolate negro. Las mesas del café son compartidas por jubilados, parejas multiétnicas y personas de todo tipo.

Hacia el centro de este complejo se entremezclan los restaurantes: Le Verdure, de vegetales y verduras; Il Pesce, de pescados y mariscos; Manzo, de carnes; La Pizza & La Pasta, de pizza y pasta; La Piazza, de charcutería y quesos; Pranzo, la escuela de cocina que abre las puertas al almuerzo, y la Birreria, la cervecería, en lo más alto del edificio.

Para escoger

En Eataly se consiguen los mejores productos de todas regiones de Italia, desde ‘funghi’ (arriba) y ‘focaccia’ hasta su ‘rosticceria’. Archivo particular

En La Pizza & La Pasta, quizás el restaurante más popular, se hablan maravillas del calzone, una empanada hecha en masa de pizza y diferentes tipos de relleno. También son famosos el tagliatelle al ragù di manzo –pasta larga y gruesa con salsa de tomate y carne de costilla– y la pizza hecha en horno de leña. Allí, un anfitrión anota el nombre y teléfono del cliente para avisarle por mensaje de texto cuando su mesa esté disponible.

En cuanto a Il Pesce y Le Verdure –uno en frente del otro–, se puede decir que se caracterizan por una carta pequeña y especializada que varía de acuerdo con la estación. Son una buena alternativa para los que no tienen mucho tiempo; los platos son pequeños y la preparación fresca.

En Eataly también sobresalen I Panini & Spuntvino y La Rosticceria, las barras de sándwiches y Caffè Vergnano, con granos selectos especialmente para espresso y donde se consigue el apreciado jamaican blue mountains, uno de los cafés de origen más exclusivos.

En otras barras también hay galletas y postres sin azúcar refinada, sin gluten y aptos para diabéticos. Por su parte, en la Gelateria el helado es hecho a diario con ingredientes locales y bajo estrictas recetas tradicionales italianas.

Caitlin Addlesperger, representante de Eataly en Nueva York, describe Pranzo como el secreto mejor guardado para los que buscan una experiencia íntima e interesante. Se encuentra en un local para unas 30 personas, lejos del ruido de las multitudes, en la entrada de la Calle 23. Su lema es ‘Eat to learn, learn to eat’ (‘Comer para aprender, aprender para comer’).

Se utiliza para las clases de la escuela de cocina y hay pantallas donde se puede observar a la chef preparar todos los platillos. Está abierto solo al almuerzo (de 12 a 3 p. m.) y cada día sirve un menú diferente de una región italiana: por ejemplo, una focaccia –pan plano cubierto con hierbas– con anchoas blancas, tomates amarillos y alioli de aceite de olivas y hierbas (12 dólares), y de plato fuerte, gnocchi con funghi, una pasta de papa con champiñones, ajo, tomates y parmesano (19 dólares).

Pero la zona más ocupada, especialmente en verano, es sin duda Birreria, con vista al edificio Flatiron, un ícono arquitectónico. Esta cervecería opera como bar y restaurante con un menú rico en encurtidos y carnes o snacks como pancetta, champiñones fritos, aceitunas, orejas de cerdo, mollejas de ternera y siete tipos de quesos.

Es un ambiente rústico con zonas separadas para beber y comer, al que se entra por el ascensor y una serie de corredores que llegan a las máquinas de procesamiento de la cerveza, de las que salen 26 tipos distintos. También hay cinco clases de sidra y al menos diez en barril, que son hechas sin pasteurizar y carbonizadas naturalmente.

Las dos cervezas más costosas del menú son importadas de Italia: una Montegioco quarta runa –de 750 ml– (40 dólares) y una cosecha casera Birra del Borgo L’Equilibrista 2012 –de 750 ml– (48 dólares). A diario hay un par de cambios en la carta de cervezas: para esta época han elaborado Duke of Marlborough, con frutos de enebro y malta (10 dólares la pinta) en honor a Winston Churchill.

El concepto de un supermercado gourmet con restaurantes para aprender y saborear comida italiana lo inventó Oscar Farinetti. El primer Eataly abrió sus puertas en Turín en el 2007 y actualmente hay más de 30 en todo el mundo. Doce en la propia Italia y dos en Estados Unidos (Nueva York y Chicago). Un tercero abrirá sus puertas en el 2017 en Los Ángeles.

En EE. UU.

Los Eataly de EE. UU. tienen como socios a los hermanos Adam y Alez Saper y al grupo B&B Hospitality, integrado por Joe Bastianich, Lidia Batianich y Mario Batali, reconocidos chefs con restaurantes y empresas de alimentos en ese país.

Pasta fresca de la casa

Lo que más se vende en Eataly es la pasta fresca de la casa, hecha con huevo. Allí está una de las diez máquinas especiales que existen en Estados Unidos para elaborar este producto sin secarlo, como se hace tradicionalmente. También se sabe que el 75 por ciento de los productos secos son importados de Italia. El resto viene de más de 100 proveedores locales.

A primera vista, Eataly parece un lugar turístico por el lento caminar de las personas, muchas con cámaras colgadas al cuello, aunque la mayoría vive en la ciudad.

Los detalles en el servicio al cliente y la atención personalizada son dignos de la megalópolis en la que se encuentra.

Por ejemplo, tienen un encargado de las carnes y los pescados, que les envía mensajes de texto a los clientes cuando encuentran algo excepcional en el mercado nocturno, así como un sommelier que asesora entre los más de 100 tipos de aceite de oliva italianos y otro para el vinagre balsámico, uno de los tesoros cuyas botellas más añejas se encuentran bajo llave.

Un experto en vegetales también comparte recetas entre los curiosos y los inexpertos. Y Greg Blase, una ‘biblia’ de los quesos con más de 20 años de experiencia, dirige la creación de las mozzarellas que se preparan a diario con lácteos de las fincas aledañas en el estado de Nueva York. En cuanto al pan, este se prepara 24 horas al día. El germinado de levadura de 30 años que se usa como base fue traído de forma ilegal desde Turín (Italia), ya que la legislación de aduanas no permite la entrada de este tipo de bacterias al país. En el 2012, cuando el huracán Sandy dejó sin luz al local y a media isla de Manhattan por más de una semana, los panaderos acudieron por turnos a cuidar la levadura.

Todo lo que no se consume en el día –productos no empacados– es donado a City Harvest, una organización que los redistribuye a los refugios y lugares de asilo para los habitantes de la calle.

Angela Lang
Twitter / Instagram: (@portableangela)
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