La plaza que recibe la pasión de los chilenos en la Copa América

La plaza que recibe la pasión de los chilenos en la Copa América

La gente se congrega a su alrededor para celebrar cada victoria de su seleccionado.

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19 de junio 2015 , 10:46 p.m.

El general Manuel Baquedano mira al horizonte, sentado sobre su caballo estático y negro, llamado Diamante. La gente se congrega a su alrededor. Son chilenos, son miles. Celebraban la victoria de su equipo frente a Ecuador, en su debut en la Copa América. Siempre que ganan llegan allí, a acompañar al solitario general, una escultura representativa de la ciudad de Santiago. Este antiguo militar chileno es el vigilante de la plaza, conocida como Baquedano o más aún, como plaza Italia.

Los chilenos saltan, gritan, tocan los bombos. Es un escándalo estridente. Es de noche. Hace frío. Las luces de pantallas gigantes alumbran a la multitud. Chile celebra sus victorias en esta plaza, como homenajeando los triunfos de Baquedano en las guerras históricas, la del Pacífico, por ejemplo, en 1879.

El monumento, hecho de bronce y que se alza unos cuantos metros, queda en medio de una rotonda. Allí convergen varias de las principales avenidas de Santiago de Chile. “Al sur se va hacia el estadio Nacional; hacia al frente, hacia el centro de la ciudad, al norte, se divisa el cerro de San Cristóbal”, explica un chileno. Dicen popularmente que la plaza divide la ciudad entre clase sociales. Pudientes y obreros.

Celebración y protesta

Es de día. 11 a.m. El flujo vehicular aumenta, sin ser asfixiante. No hay caos. Ya no hay chilenos bulliciosos. Pero mucha gente camina por el lugar. No en la plaza; en los alrededores. La plaza, que es pequeña, queda en todo el centro, como en una isla en forma de óvalo, rodeada por grandes y peligrosas –por la velocidad de los autos– avenidas de 4 carriles.

La escultura luce imponente. Los caminos son en un piso de tierra que le da un toque de antigüedad al lugar, y que contrasta con un sofisticado edificio en forma de celular, que se alza en diagonal. Atrás de la escultura hay un obelisco, no es muy alto, pero es llamativo. Embellece aún más el escenario.

Baquedano está allí desde 1927, cuando su escultura adornó esta tradicional plaza, que le llaman Italia porque alguna vez el Gobierno italiano donó la escultura de un arcángel junto a un león, que ya no están allí. Por eso hay chilenos que debaten con su nombre: Italia, como es conocida popularmente; Baquedano, el nombre actual.

El lugar está extrañamente solitario. Si no hay celebración, Baquedano vuelve a su soledad. Eventualmente se acerca algún curioso, fijo extranjero, a tomarse una foto en ese histórico sitio, que rememora viejas batallas chilenas.

Un hombre de avanzada edad, pelo blanco, baja estatura, juega con un niño pequeño, quizá un nieto, Están sentados en un borde que rodea la escultura que es una fuente de agua. El hombre pide una moneda. La recibe. Se la da al niño. Piden un deseo. La lanza al agua, un agua algo oscura. No hay más monedas allí. Tal vez los deseos que se piden son pocos, o se las roban. Luego se acerca otro hombre. Lleva una bufanda tricolor. Amarilla, azul y rojo. Es ecuatoriano. Pide que le tomen una foto. “Me han dicho que acá se reúne la gente cuando hay eventos o victorias. También a hacer manifestaciones o por desacuerdos con el Gobierno, es un lugar interesante”, dice Rodrigo.

El general debe tener la resaca de una larga noche. Hasta la madrugada estuvieron los hinchas cantando. Ahora hay una atmósfera de tranquilidad. Sin embargo, no solo los hinchas osan interrumpir ese descanso. Un grupo numeroso se para frente a Baquedano, le dan la espalda, se organizan. Acaban con la tranquilidad. Lanzan consignas. Estiran banderas. Son manifestantes.

Por estos días, las protestas sociales abundan en las calles de Santiago. Esta es de maestros. La plaza Italia –o Baquedano– es un punto de encuentro para estas reuniones, tal como le habían contado a Rodrigo, el ecuatoriano.

Mucha historia y mucha cultura rodean este lugar. Sobre todo, es un espacio simbólico. Una representación de la manifestación popular de los chilenos. Si la Copa se queda en casa, como seguramente fue el deseo pedido por el chico al lanzar la moneda, Baquedano pasará noches en vela, pero no estará solo.

PABLO ROMERO
Enviado especial de EL TIEMPO
Santiago
@PabloRomeroET

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