Editorial: Prostitución infantil

Editorial: Prostitución infantil

La desgracia de este mal no ha merecido aún una reacción suficientemente dura de la sociedad.

18 de junio 2015 , 08:01 p.m.

Se ha venido advirtiendo de este horror, más que siempre, desde el principio de este mismo año. Pero como nada que cesa, como sigue creciendo en las principales ciudades del país, la prostitución infantil no ha merecido aún una reacción suficientemente dura de la sociedad. Esta misma semana, durante un debate en el Concejo sobre la impunidad que reina en las investigaciones de los crímenes contra las prostitutas, la Secretaría de la Mujer de Bogotá confirmó que la cuarta parte de las personas dedicadas a prostituirse comenzaron a hacerlo entre los 15 y los 17 años, y antes. Se trata de una cifra gigantesca, que tendría que despertar la solidaridad de los bogotanos, echar a andar una campaña de rechazo a semejante perversión y semejante pesadilla, y poner en estado de alerta tanto a la ciudadanía como a las autoridades.

Desde enero han aparecido en los medios angustiosos titulares al respecto: ‘Proxeneta pedía de 20.000 a 50.000 pesos por encuentro sexual con menor’, ‘Desarticulada banda de explotación infantil’, ‘Joven cartagenera de 15 años estaría induciendo a sus amigas a la prostitución’, ‘Explotación sexual infantil comienza antes de los 15’. Se han conocido casos escalofriantes de niñas y niños condenados por delincuentes inescrupulosos a un trabajo que conduce a la estigmatización y expone a peligros insospechados, pero que en cualquier caso no debería ser el oficio de ningún menor de edad. Es sabido que el ICBF, siempre pendiente, ha hecho cuanto ha estado a su alcance para conseguir la protección de los jóvenes.

Y sin embargo las personas dedicadas a la prostitución, menores y mayores de edad, no llegan a los censos oficiales, sino apenas a los cálculos de los funcionarios diligentes: la Secretaría de la Mujer, por ejemplo, ha contabilizado 14.306 casos en Bogotá. Y ha sido evidente, entonces, que es hora de que la desgracia y la vergüenza de la prostitución infantil no solo sean combatidas por las autoridades, sino rechazadas vehementemente por esta sociedad –la colombiana–, que tarda en poner lo primero de primero.

editorial@eltiempo.com

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