La 'omertà'

La 'omertà'

El dopaje es tan masivo hoy en el ciclismo colombiano como lo fue hace unos años en Europa.

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17 de junio 2015 , 06:04 p.m.

En plena etapa del Tour, Lance Armstrong, vestido de amarillo, mira fijamente a la cámara de la televisión francesa. Está sonriendo y da la sensación de ir espléndido. De repente hace una mímica con los dedos, se cierra la boca como si fuera una cremallera y vuelve a sonreír. Ahora no parece espléndido, y su sonrisa es una mueca. No esconde su soberbia, se antoja todopoderoso y cree que puede castigar a cualquiera que se atreva a desenmascararlo.

Momentos antes, Armstrong había salido a la rueda de Filippo Simeoni, un ciclista insignificante para el título del Tour que aspiraba a ser parte de la fuga del día. Al ir el líder a su rueda, los demás equipos perseguían a todo vapor. Simeoni, para no estropear el esfuerzo de sus compañeros, dejó que la fuga se fuera. A su lado, Armstrong sonreía con sorna, hasta que el lote los capturó y otros ciclistas continuaron con el ritual de matoneo.

Simeoni había cometido una falta imperdonable. Había denunciado que Michelle Ferrari, el médico de Armstrong, le había suministrado productos dopantes. Haber roto la omertà del pelotón tuvo un precio alto para su carrera, tuvo que retirarse en plenitud de condiciones. Menos de una década después se supo la verdad de Armstrong y que el dopaje era una práctica masiva en el pelotón.

Eso que pasó en el Tour de Francia del 2004 pasa hoy de manera descarada en el ciclismo colombiano. El dopaje es tan masivo como lo fue en Europa. “Hay barra libre”, como se dice en el argot de los aficionados, al punto de que es casi imposible ganar sin doparse. Al menos no en carreras por etapas que tengan una alta dosis de montaña.

Un ciclista activo, Juan Pablo Villegas, denunció la situación en una entrevista internacional. Al igual que Simeoni, el matoneo en el mismo pelotón ha sido feroz. Comenzaron a llegar amenazas a su celular y a su cuenta en las redes sociales. Ahora hay un ambiente hostil entre varios de sus colegas de pelotón. Avisan que no lo dejarán correr en paz, y mucho menos ganar. Parece que algunos le aprendieron los métodos a Armstrong mientras corrieron en Europa.

En esta columna estaremos atentos a vigilar el más mínimo intento de amenazas o matoneo contra Villegas. Denunciaremos sin vacilar a quien lo haga. El compromiso contra la omertà del ciclismo colombiano es total. De igual modo, valdría la pena que el nuevo presidente de la Federación sentara una posición contundente al respecto.

Gustavo Duncan

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