¿Cree posible que presos en el país trabajen por fuera de la cárcel?

¿Cree posible que presos en el país trabajen por fuera de la cárcel?

Defensoría y Alfredo Rangel hablan de la idea que aplicaron Brasil y Chile, y es norma en Colombia.

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16 de junio 2015 , 11:23 p.m.

Francisco das Chagas Queiroz, condenado por robar bancos, renovó el estadio Mineirão de la ciudad brasileña Belo Horizonte, donde se vivió el Mundial de Fútbol del 2014. El Gobierno brasileño lo empleó a él, privado de la libertad desde 1980, y a otros 58 internos. Los presos construyeron algunos de los doce escenarios de la Copa.

“Esto es lo mejor que me sucedió. Este tipo de trabajo nos da dignidad, algo para el futuro. Si hago un buen trabajo aquí, quizás la compañía quiera emplearme cuando salga en libertad (…) Nuestra vida está mejorando gracias a esta oportunidad”, dijo en el 2012 el hombre de 52 años a 'The Associated Press'.

Una experiencia similar la tuvo Chile seis años atrás. ‘El Mercurio’ relata que cinco reclusos que también cumplían condenas por hurtos y con un buen comportamiento, superaron “exigentes pruebas psicológicas” para lograr trabajar en la reforestación de 32 hectáreas afectadas en 1985 por un incendio forestal. “Aprendemos algo nuevo que nos puede servir para el futuro”, opinó en ese entonces uno de los favorecidos.

Colombia también tiene una historia parecida y es reciente. La actriz Johana Bahamón, quien creó la Fundación Teatro Interno, montó varias obras de teatro con reclusas y logró que el Inpec (Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario) autorizara el desplazamiento de las mujeres a salas de teatro.

Precisamente, este miércoles el Inpec firma un convenio con varios ministerios, con el que se busca implementar una estrategia de teletrabajo. ¿Llegará el día en el que una alianza o varias permitan a los internos trabajar por fuera de los centros penitenciarios?

La idea la comentan José Manuel Díaz, delegado de la Defensoría del Pueblo para la Política Criminal y Penitenciaria, y el senador del Centro Democrático Alfredo Rangel.

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Para la población reclusa, el trabajo no es solo un derecho, es un mecanismo para lograr su resocialización; tanto es así que el Estado, a través del Inpec, tiene el deber de suministrar oportunidades laborales a toda la población carcelaria, incluidos tanto condenados como sindicados. Lógicamente, ese trabajo debe desarrollarse en condiciones de dignidad y seguridad.

La posibilidad de que colaboren en labores comunitarias o adelanten actividades productivas fuera de los establecimientos está prevista en la ley, en el Código Penitenciario y Carcelario. El artículo 86 establece que internos en fase de mediana seguridad pueden desarrollar actividades agrícolas o industriales con empresas o personas de reconocida honorabilidad, siempre que estos empleadores colaboren con la seguridad de los internos y el espíritu de la resocialización.

Esa posibilidad ya existe en el ordenamiento, pero infortunadamente no ha sido desarrollada reglamentariamente por el Ministerio de Trabajo, ni a través de convenios suficientes del Inpec con empresas públicas y privadas. Los reclusos están ávidos de trabajar ─el trabajo permite la disminución en sus penas─, pero falta articular con entidades públicas y privadas esta inserción en el mercado laboral. Infortunadamente, la norma no es tan clara frente a si las actividades pueden realizarse dentro o fuera de las cárceles, aunque no lo prohíbe.

También hay que señalar un estigma por parte de la sociedad frente al recluso. Infortunadamente, en muchas ocasiones la comunidad no ve con buenos ojos que los reclusos adelanten trabajos de jardinería en parques o actividades que impliquen una interacción directa con el medio social. Por eso hago un llamado a entender que la sociedad debe recibir nuevamente al preso, no podemos pretender aislarle.

Los reclusos pueden adelantar actividades materiales como intelectuales, a excepción de aquellas que impliquen contacto con armas de fuego o víctimas. Pueden recoger basura, limpiar áreas verdes o trabajar en fábricas, en manufacturas. La norma dice que no habrá distinciones entre trabajo material o intelectual: si un recluso tiene formación en contabilidad pública, puede ejercer su profesión dentro de los parámetros que fija el ordenamiento jurídico. No solo tiene que ser de carácter material. El trabajo no debe concebirse como un castigo, eso está prohibido.

José Manuel Díaz, delegado de la Defensoría del Pueblo

 

Es una medida que podría pensarse para los casos que no impliquen delitos de sangre o la privación de la libertad, como el secuestro. Esos delitos deben tener penas de cárcel que no se puedan redimir, ni se permitan penas alternativas, porque son delitos muy graves.

Pero ante otro tipo de delitos que no impliquen la vida o a la libertad de las personas, podría pensarse que una vez cumplida una parte sustancial de la pena ─dos terceras partes, podría ser─, se logre un rendimiento con penas alternativas como el trabajo en la calle, una situación de semilibertad o libertad controlada que hace menos traumático el tránsito de la cárcel a la libertad.

Me parece que el trabajo como mecanismo de redención de penas hay que desarrollarlo mucho más. Hay una posibilidad en la actualidad para que a los internos, por dos días de trabajo, se les rebaje un día de cárcel, pero creo que habría que pensar que ese trabajo no sea exclusivamente intramural ─dentro de las cárceles─, muchas veces esos trabajos son improductivos, habría que pensar en el trabajo extramural, con ciertas condiciones y para cierto tipo de presos y cierto tipo de delitos.

Frente a si el país está preparado, los jueces tienen que evaluar la peligrosidad de los internos… Y ante la posibilidad de que se presenten fugas, para eso hay mecanismos tecnológicos como las pulseras electrónicas, que permiten establecer la ubicación del reo.

Con esta idea es mucho más probable la resocialización de los presos, en la medida que habría una especie de seguimiento a esas personas que trabajan por fuera de las cárceles, para dar cuenta de que sus comportamientos son ajustados a la ley, no están cometiendo crímenes, ni se están relacionando con organizaciones criminales.

Esa alternativa ya existe en legislaciones y códigos penitenciarios de algunos países europeos. Colombia podría aprovechar esas experiencias y ensayar en algunos centros penitenciarios. Entre otras cosas, porque aportaría a la descongestión de las cárceles.

Alfredo Rangel, senador del Centro Democrático

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En nuestro primer ‘Y qué tal si…’, preguntamos a nuestros usuarios si estaban de acuerdo con que Colombia celebrara el Día Nacional de la Limpieza Voluntaria. Lea aquí más sobre esta idea.

Hasta el pasado 14 de julio, recibimos 1.795 votos, de los cuales 1.745 votaron por el sí, pues se incentivaría la conciencia ambiental; 38 usuarios votaron por el no, ya que consideraron que esa jornada aportaría poco a la solución de los problemas ambientales, y 12 manifestaron que no saben si comparten ese tipo de iniciativas.

Sobre los resultados habló Gabriel Vallejo, ministro de Ambiente. "Quiero expresar mi profunda satisfacción por los resultados. Quiero invitar a toda la ciudadanía a que nos acompañe en este megaproyecto -liderado por el ministerio y la Presidencia de la República-, para que, finalizando el año, tengamos un día sin basuras, un día en el que cada colombiano asuma el compromiso y durante media hora salga a una zona cercana a su casa, para ayudar a recoger basura. Aprovecho para que, a partir de estos resultados, la gente se comprometa, se motive y nos acompañe".

Si quiere compartir una idea exitosa que podría aplicarse en Colombia, escriba a pilcam@eltiempo.com

MARÍA DEL PILAR CAMARGO CRUZ
Redacción EL TIEMPO
@PilarCCruz

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