Los 'Ángeles' que velan por el bienestar de los habitantes de la calle

Los 'Ángeles' que velan por el bienestar de los habitantes de la calle

La fundación 'Semillas que Crecen' recorre la ciudad para llevarle apoyo a 3.500 personas.

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15 de junio 2015 , 09:49 a.m.

De su cartera roja, Viviana saca unos Súpercoco que extiende en las palmas de sus manos junto a una papeleta de ‘bazuco’. Se dirige a la ambulancia ‘El Ángel’ de la Fundación Semilla que crece y a cada integrante lo invita a tomar uno. “Es la única forma de agradecerles por tanto amor”, dice.

Viviana hace parte de los 3.500 habitantes de calle y aunque esa es la cifra oficial que tiene la vicealcaldía de Gobernabilidad, Seguridad y Convivencia del último censo, José Betancur director de la fundación Semilla que Crece, asegura que por el trabajo diario que ellos hacen en la calle pueden darse cuenta de que la cantidad es mayor.

Betancur es conocido por los habitantes de la calle como el 'Ángel', todos los días llega en un bus que él mismo adecuó como ambulancia junto a su equipo para asistir a los menos favorecidos. Esta vez, los miembros de la fundación se encuentran en una de las aceras de la avenida León de Greiff en el barrio San Benito de donde piensan partir hacia Prado Centro para comenzar con su labor. (Vea en imágenes cómo se lleva a cabo esta labor).

Esa labor, hasta ahora, solo es conocida por aquellos que decidieron hacer de las frías y sucias aceras de la ciudad su casa. El bus adaptado para hacer de centro médico se estaciona y es como si llegaran grandes héroes.

Y es justamente eso lo que son para ellos. No se han bajado del móvil y ya los están esperando, se acercan con quejas, dolencias, llantos, sonrisas, dulces y hasta cantos para Diana Muñoz, su enfermera favorita.

Diana lleva un año como enfermera del móvil, abraza a cada uno de sus pacientes y les presta atención a cada palabra que dicen, para ellos, eso es lo más valioso, asegura. "Las personas que viven en la calle se sienten aisladas y que no hacen parte de la sociedad, por eso, una palabra y un saludo para estas personas es importante", cuenta Diana.

La labor es dura y el día no alcanza para recorrer toda la ciudad, sin embargo, el equipo no deja de asistir a los cuatro puntos que tienen establecidos y que se han ganado a punta de afecto. Los lunes el recorrido es en el CAI de la plaza La Minorista, el martes en el barrio San Benito, el miércoles en la Estación Prado del centro, el jueves en el Parque Bolívar, el viernes regresan a San Benito y los fines de semana la atención es para los habitantes del Parque San Antonio y los del Río por la avenida regional.

Se hacen filas de atención, se toman los datos con nombre y cédula y se les regala agua y champú para que se bañen, mientras tanto Diana y Adriana Vargas, las enfermeras, atienden dentro del bus las necesidades básicas de salud que requieren sus pacientes: heridas con cuchillo, ampollas, raspaduras, dolores físicos, cólicos, mareos..., las consultas son de cualquier tipo y las enfermedades que padecen estas personas a veces son tan críticas que deben ser trasladadas a centros hospitalarios.

Las necesidades de abastecer la ambulancia y el bus hacen que José, el 'Ángel',  entre en llanto y quiera abandonar su labor, pero la responsabilidad y el compromiso que siente con las personas que ayuda es tan grande que toma fuerzas y se encomienda a Dios para que como él dice: “La gente nos conozca, se una a la obra de la fundación y ayuden”.

Los habitantes de calle se ha convertido para la tripulación en más que una familia, por eso no sienten ningún escrúpulo hacia ellos, los abrazan, acarician, los escuchan. Carlos Guerra es uno de los voluntarios y el encargado de peluquear a los hombres y mujeres que se acercan y le piden un nuevo corte. Por otro lado, Diego Ibarra es otro de los voluntarios que encontró en los habitantes de calle un refugio para superar su adicción a las drogas.

La fundación 'Semilla que Crece' no se rinde ante la falta de recursos, sin embargo, esperan que una ayuda siempre llegue, saben que las cosas cuando son hechas con amor traen una recompensa. Y qué mejor recompensa que la de poder recibir de parte de los más necesitados, un abrazo y una sonrisa que quedarán tatuadas para siempre en el alma.

Diana Sánchez
Reportera Gráfica de EL TIEMPO
MEDELLÍN

 

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