La no violencia es un estilo de vida para muchos jóvenes de Medellín

La no violencia es un estilo de vida para muchos jóvenes de Medellín

En la Séptima Semana por el Desarme dictaron talleres sobre violencia y paz en cárceles y barrios.

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14 de junio 2015 , 10:26 a.m.

Siete años lleva la Alcaldía de Medellín y la Pastoral Social de la Iglesia Católica liderando la Semana por el Desarme, que finaliza este domingo.

Este año se han entregado 135 armas blancas y 60 juguetes bélicos. Durante el certamen fueron habilitados lugares para la recepción de armas, como cárceles, centros de atención de la Policía Metropolitana y de la Pastoral Social, donde fueron llegando personas de todos los barrios de la ciudad.

Estas entregas, según datos de la Secretaría de Gobierno, se ven reflejados en una reducción del 29 por ciento en las cifras de homicidios en la ciudad, con relación al 2014.

Para Claudia Wilches, secretaria de Gobierno del municipio, el objetivo de la administración con estas jornadas es prevenir a la comunidad de que sean cometidos hechos delictivos que pongan en peligro la vida de las personas mediante la utilización de armas.

Explicó que esta vez el certamen buscó llegar de manera directa a la población carcelaria y a los jóvenes atendidos por el Sistema de Responsabilidad Penal para Adolescentes, porque – aseguró Wilches– ellos son los más vulnerables de hacer uso de las armas para delinquir.

Estos certámenes y proyectos pedagógicos, según algunos analistas, aunque no son suficientes y solo dan cuenta de la complejidad de la guerra y la violencia que se vive en algunas de las comunas y barrios de la ciudad, sí ayudan a mitigar el conflicto y a crear conciencia acerca del peligro de las armas.

Por eso, durante esta semana en los talleres y conversatorios reflexionaron acerca de los conflictos que se tejen cuando un ser humano se enfrenta a otro, una ideología a otra, una cultura a otra y una nación a otra.

La cultura de las armas, según Gustavo Duncan, profesor de ciencias políticas de la universidad Eafit, proviene de la influencia que ejerció Pablo Escobar, que bajo la supremacía de las armas y las drogas impuso su poder en el ámbito social y político de la ciudad y el país.

“Las armas pasaron a ser lo más normal en las comunas y barrios, en particular el uso de armas largas, como fusiles, ametralladoras y m15. Cualquiera podía adquirirlas, estaban disponibles para jóvenes y adultos”, dijo Duncan.

Para él, se trata de una problemática cultural, social y de mercado, pues la ciudad tiene consumidores que le generan a la industria armamentística millonarios dividendos anuales. Por eso, señaló que los proyectos pedagógicos y sociales deben ir enfocados en la prevención.

Según el académico, aunque los programas de la Alcaldía no han sido suficientes, tal vez estos han ido cambiando la percepción de los jóvenes acerca de las armas, que antes eran vistas como objetos de poder y dominio.

Por eso, aunque el desarme es importante –aseguró Paula Álvarez, líder de la Unidad de Convivencia de la Secretaría de Gobierno–, solo con la educación en valores se logra la convivencia y la paz en los territorios.

Para ella, la Administración tiene que continuar generando propuestas pedagógicas que fomenten las actitudes cotidianas en el hogar, con los vecinos, en el trabajo y en el espacio público, “para que los pequeños problemas no terminen en grandes tragedias”.

Esto se logra –dijo la líder– con sensibilizar y el trabajar constante y directo con la población vulnerable, por eso uno de sus proyectos se enfoca en la sensibilización con los padres de niños y niñas que asisten a los jardines infantiles de Buen Comienzo
Fruto de estos esfuerzos que se han realizado desde las instituciones del Estado y las organizaciones privadas, dijo Álvarez, es que los ciudadanos se han concientizado de las problemáticas y promueven el desarme en sus casas y lugares de trabajo.

A esto se agrega que “en los jóvenes el tema de la no violencia y el no porte de armas se ha convertido en un estilo de vida. La gente se ha dado cuenta de que estas implican un peligro social y económico”, agregó la funcionaria.

PAOLA MORALES E.
REDACTORA DE EL TIEMPO
MEDELLÍN

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