Más dudas que respuestas en prohibición de armas blancas en Bogotá

Más dudas que respuestas en prohibición de armas blancas en Bogotá

Aunque oficialmente no se podrán llevar elementos cortopunzantes, no hay cambios de fondo.

notitle
13 de junio 2015 , 08:51 p.m.

Por primera vez en Bogotá existe un decreto que restringe la venta y el porte de armas blancas en las calles, luego de un acervo de discusiones que han tenido lugar en la última década. Sin embargo, en una ciudad inundada de cuchillos y navajas, quedan muchas dudas sobre la viabilidad de que la norma se cumpla.

La razón que llevó al alcalde Gustavo Petro a firmar el decreto 217 del 2015 tuvo que ver con el alarmante aumento de atracos y lesiones con estos elementos. Las estadísticas lo confirman. Según la Policía, 3 de cada 10 homicidios se cometen con armas blancas –van 200 casos este año; 102 por intolerancia– y 7 de cada 10 lesionados son atacados con ellas. A esto se suma lo que es aún más preocupante: en el 16,1 por ciento de los hurtos que se cometieron el año pasado en Bogotá – según el Centro de Estudio y Análisis en Seguridad y Convivencia (CEACSC)–, se emplearon armas blancas. (Lea: Conozca las armas blancas que le generarán multas a quien las porte)

Por eso, con el ánimo de reducir tales índices de violencia, desde el viernes “ninguna persona –reza la norma– puede portar objetos cortopunzantes o contundentes para utilizarlos como armas de carácter defensivo u ofensivo, ni instrumentos que puedan emplearse en la comisión de hechos que pongan en peligro la vida y la integridad personal o el patrimonio económico de las personas”.

Aunque el decreto realmente no les da herramientas nuevas a las autoridades para actuar cuando una persona porte un arma blanca –la incautación de estos elementos es de las tareas que hace la Policía con más juicio; solo este año se han decomisado 196.076 e incluso así lo permite el propio Código de la Policía Nacional–, conseguir que los ciudadanos se abstengan de comprarlas para no infringir la norma será poco probable, de acuerdo con experiencias pasadas.

Lo nuevo es que los infractores serán multados si reinciden y deberán asistir a cursos pedagógicos.

Para el analista en seguridad Hugo Acero, no se necesitaba un decreto para controlar la proliferación de estos elementos; bastaba con hacer valer la sentencia 720 del 2007 de la Corte Constitucional (como lo hace Barranquilla).

“Es una buena estrategia de comunicación porque llama la atención sobre un elemento que se utiliza para lesionar y cometer delitos, pero con o sin un decreto se debe hacer el control en la calle”, explicó el analista.

De acuerdo con las normas –insistió–, lo primero que podría hacer la Policía, “desde el punto de vista legal, es una retención por 24 horas, en la UPJ para el caso de Bogotá”. Esto no lo contempla el reciente documento.

Algo similar piensa Patricia Bulla, coordinadora de la Fundación Ideas para la Paz. “No hay un derecho a portar armas blancas (...) El decreto no sobra, pero lo importante de la medida es que la Policía se enfoque en la incautación de las armas blancas, especialmente en sitios donde hay incidencia delictiva”, dijo.

Lo que suena y lo que no

Sobre la posibilidad de que un decreto logre reglamentar el porte de armas hay dos puntos de vista que comparten expertos y ciudadanos. De un lado, están quienes apoyan la nueva restricción, en parte por la urgente necesidad que tienen las autoridades de cercar a los delincuentes, quienes, a raíz de la restricción al porte de armas de fuego, comenzaron a utilizar más armas blancas.

Es un buen plan de desarme y control de la Policía. Se podrían reducir los atracos con estas armas”, opinó Natalia Garzón, una ciudadana que está al tanto de estos temas.

En el lado opuesto se ubican los escépticos, aquellos que, si bien apoyan un control, se siguen preguntando a través de qué mecanismos la administración va a conseguir que la norma se cumpla, entre otras, por la dificultad que hay para determinar cuándo un utensilio de estas características se convierte en arma letal.

Aunque en el decreto se establece que los únicos que podrán portar cuchillos, navajas, martillos, hachas, mazos, etcétera, serán quienes lo hagan con fines laborales y educativos –el vendedor de fruta en la calle, el carnicero de la esquina o el estudiante que necesita bisturíes–, ¿cómo logrará determinarlo un uniformado de la Policía? “En teoría, nadie puede llevar un arma blanca; si se la encontrara se le decomisa. Y aun así pasa lo que pasa. Es versátil, se esconde fácil, no pesa. No veo cómo van a luchar contra eso”, cuestiona el estudiante Raúl Molina.

El otro gran obstáculo que se le presenta a la norma es que en la ciudad resulta sencillo adquirir elementos cortopunzantes. Basta con caminar unas cuantas calles. EL TIEMPO hizo un recorrido por el centro de la ciudad y encontró que solo entre las carreras 7.ª y 8.ª , y calles 19 a 21, la zona está inundada de locales donde se comercializan todo tipo de elementos que hoy un decreto prohíbe.

Los cuchillos cuestan entre 1.000 y 10.000 pesos; los puñales rodean los 15.000 y las navajas no superan los 5.000. Eso sin contar con la oferta que existe en la web, donde se consiguen por un valor promedio de $ 50.000.

Controlar la venta en cada uno de los establecimientos legales que existen o en los puestos callejeros es poco probable.

La apuesta sigue

El pasado viernes, las autoridades lanzaron un plan para que los ciudadanos entreguen sus armas cortopunzantes en alguno de los puntos dispuestos en localidades y portales de TransMilenio, con el ánimo de fundirlas.

En lo que sí coinciden todas las partes es en que, con decreto o sin él, no se deben repetir historias como las de Daniel Ramírez Hernández, que perdió la vida tras ser apuñalado en dos oportunidades, en medio de una riña, a finales de marzo; o la del subintendente Jesús Arango, asesinado de la misma forma cuando atravesaba un puente peatonal, o la profesora Mónica Bravo, quien murió tras ser herida mortalmente con un cuchillo en medio de un ‘paseo millonario’, .

Un ejemplo: Barranquilla

Esta es una de las pocas ciudades del país que pueden sentirse orgullosas de los resultados que han conseguido en materia de control de armas blancas. Lo ha logrado solo con aplicar la sentencia 720 de 2007 de la Corte Constitucional, con la que se puede sancionar hasta por 24 horas en la Unidad de Prevención y Justicia (UPJ) a quienes -entre otras conductas- porten armas cortopunzantes.

Un 26 por ciento de las personas que han sido trasladadas a las unidades llevaban elementos de este tipo. Así mismo, el número de lesionados que han dejado estos primeros meses ha disminuido. Mientras que entre enero y mayo del año pasado hubo 1.182 personas lesionadas, durante ese mismo periodo la cifra alcanzó las 742, de acuerdo con reportes oficiales.

No basta con un solo decreto, aquí se necesitan operatividad, mucho más control, sanciones cortas como en este caso, en el que la gente dura entre 12 y 14 horas en una UPJ, y también se está rehabilitando gente”, agregó el experto Hugo Acero.

¿Apoyan la restricción?

EL TIEMPO consultó a algunos de los aspirantes a la alcaldía de Bogotá sobre restringir el uso de las armas blancas y esto fue lo que respondieron.

Enrique Peñalosa (aspirante por firmas): “Hay que prohibir el porte de armas blancas en el espacio público. Nadie puede estar en un bus con un arma blanca. Hay maneras de reglamentarlo (...). No podemos tener jóvenes que salen de rumba armados”.

Rafael Pardo (candidato liberal): “Es muy complicado establecer un límite de qué es un arma blanca y qué es un cuchillo de cocina o una máquina de afeitar. Yo creo que es más un tema de control que un tema de más y más normas que no se cumplen”.

Francisco Santos (Centro Democrático): “Es totalmente sano. Hay que tener restricción de armas blancas; el delito con estos instrumentos es hoy el delito que está inundando las urgencias de nuestros hospitales. En Kennedy, el 15 por ciento de las cirugías son por armas blancas. Esa es una epidemia que hay que controlar”.

Clara López (Polo Democrático Alternativo): “Nosotros, desde el gobierno de la ciudad, intentamos varias veces que se introdujera una restricción del porte de armas blancas en sitios públicos; hay una dificultad de distinción entre una herramienta de trabajo y un arma para agresión (...). Se necesita una prohibición que permita sancionar y no solo incautar”.

Carlos Vicente de Roux (Alianza Verde): “No es posible controlar la totalidad de armas blancas, pero todo lo que se haga por reducirlas tiene un impacto positivo. Con el arma blanca ocurre una cosa: al contrario de lo que pasa con las de fuego –que a veces son utilizadas como un mecanismo de defensa–, casi nadie lleva un cuchillo para defenderse, generalmente quien lo lleva en la calle es para agredir”.

ALEJANDRA P. SERRANO GUZMÁN
Redactora de EL TIEMPO
Escríbanos al correo aleser@eltiempo.com y, en Twitter, a @alejandraPSG.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.