Matapasiones de catre/ Sexo con Esther

Matapasiones de catre/ Sexo con Esther

Aquí cinco matapasiones de los que todos deben cuidarse, sin fórmula de juicio.

13 de junio 2015 , 05:09 p.m.

´En materia de química y de gusto mutuo en la cama, recomiendo siempre no dar nunca nada por sentado. Porque por muy alborotadas que estén las ganas, o por mucha ceguera que cause la química del amor, estas sí que pueden esfumarse por obra y gracia de un matapasión.

Para quienes no saben de qué hablo, lo aclaro: se trata de aquellos actos, frases, comportamientos o costumbres absolutamente fuera de lugar en el catre, que son capaces de evaporar la pasión en un pestañeo.

Hechas las respectivas consultas con verdaderos amantes del sexo, comparto cinco matapasiones de los que todos deben cuidarse, sin fórmula de juicio.

Los malos olores. ¿Quién puede concentrarse en el aquello en una atmósfera con olor a pies o sostenerle el beso apasionado a un contrincante halitoso? Pues nadie. Y no me vengan con cuentos, que ni todo el deseo y la química del mundo juntos son capaces de lograr que la faena se mantenga incólume si el otro apesta a sobaco.

La ropa interior fea, sucia y vieja. El desconcierto que causa la visión del elástico de los calzoncillos vencido, las tiras del brasier sucias, los calzones de tía color carne y las medias rotas equivale a recibir un golpe en el estómago. Recuperar el brío luego es difícil.

No depilarse. Aquellos y aquellas que no se inmutan ante las piernas peludas (de una mujer), las axilas u orejas pobladas o el exceso de vello púbico, sin duda son de Marte. Con perdón de los activistas defensores del derecho a vivir peludos, tengo que decir que no solo es molesto al tacto, también es antiestético.

Jugar al muerto. Bien lo dice un amigo mío: “Para mí, lo peor es dar con una mujer que se abandona en la cama esperando que yo le haga de todo. Eso agota, aburre y apaga”.

Los malos modales. Esta categoría abarca un amplio espectro de comportamientos, que incluyen hurgarse la nariz y los oídos, eructar, ser descortés o lanzar frases inadecuadas como “tú estás más repuestica, ¿verdad?” o “es que a mí me gusta con la luz apagada”.

Ya ven, no es tan cierto aquello de que las ganas todo lo pueden o de que el sexo es un acto de plenas libertades. Métanse en la cabeza que los polvos tienen su estética y deben ser agradables. Hasta luego.

ESTHER BALAC
Para EL TIEMPO

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