Editorial: Menos huecos

Editorial: Menos huecos

Aunque pequeño frente a la magnitud del problema, se nota un incremento en la erradicación de baches

12 de junio 2015 , 09:16 p.m.

Las encuestas que se han publicado sobre preferencias electorales en Bogotá incluyen –algunas– una pregunta adicional sobre qué temas resultan relevantes para los ciudadanos que a ellos les gustaría que fueran tenidos en cuenta por el candidato de sus afectos.

Seguridad y movilidad saltan a la vista. Y el segundo comprende, sin duda, el estado de la malla vial. El tema de los huecos en las calles constituye un dolor de cabeza tanto para conductores como peatones, que tienen que sufrir las demoras en el transporte público por culpa de los cráteres, la accidentalidad de motos y ciclistas, la desvalorización de bienes y el pago de reparaciones de sus vehículos a causa de esta vergüenza pública.

También es conocido que la ventaja que les ha tomado a las administraciones de las últimas décadas la restauración de la malla vial hace que hoy sea prácticamente imposible su arreglo definitivo. Se necesitaría casi que un presupuesto adicional para conseguir ese objetivo: 10 billones de pesos. Prácticamente, la mitad de lo que cuesta el metro.

Pese a lo anterior, injusto sería no reconocer que desde hace varios meses se nota en Bogotá un incremento en la erradicación de huecos, baches y fisuras, tanto en la malla vial principal como en la secundaria y la local. Incluyendo puentes vehiculares, que presentaban un estado lamentable.

Según cifras de la Unidad de Mantenimiento Vial, en el marco del contrato que permitió la entrada en operación de la máquina ‘tapahuecos’ –que tanta polémica generó– se ha conseguido tapar 15.804 cráteres, esto es, unos 78.000 metros cuadrados. No es la panacea, pero el alivio que se advierte en varios corredores es evidente.

Por la vía de los convenios hechos a través de los cabildos que se desarrollaron tiempo atrás, se ha ejecutado el 45 por ciento de los trabajos. Algunas localidades muestran mejores resultados, como Teusaquillo (66 por ciento); otras están altamente rezagadas, como La Candelaria (16).

Insistimos en que todo lo que se haga es un paño de agua tibia frente a la magnitud del problema, pero algo es algo y hay que reconocerlo.

editorial@eltiempo.com

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