En España el pasado no perdona

En España el pasado no perdona

Las pasadas elecciones regionales celebradas dejaron varias lecciones políticas.

09 de junio 2015 , 07:00 p.m.

La contienda electoral del mes pasado en España dejó lecciones políticas y electorales que las bancadas tradicionales, Partido Popular (PP) y Partido Socialista Obrero Español (PSOE), deben asumir como alertas ciudadanas. No es casualidad que el radicalismo, los tonos cismáticos y la aspereza mediática sean los tonos dominantes de la escena pos electoral.

La contienda le otorgó una victoria con poco margen al PP. A pesar de haber obtenido más votos que el PSOE y que Podemos, sus mayorías no fueron absolutas. En Madrid, por ejemplo, liderados por Esperanza Aguirre, les faltó un solo escaño para dominar sin obligaciones de coalición. Situación impensada hace unos años cuando Aguirre era ama y señora de las urnas en la capital española. Lo mismo ocurrió en las ciudades de la bella Andalucía. El PSOE sigue sufriendo los lastres de la miopía e ineptitud de los periodos de José Rodríguez Zapatero. Sus mayorías también fueron mermadas y, con sufrimiento alcanzaron los escaños necesarios en ciudades y regiones donde eran indiscutibles dominantes.

Podemos y Ciudadanos irrumpieron con más ánimos que propuestas. Pero como afirmaba Maurice Duverger, “el voto es un sentimiento”, y ese ímpetu fue el que les bastó para consolidarse como los advenedizos de la escena política española. Ahora Madrid, el brazo madrileño de Podemos, fue la segunda fuerza política en la capital. Mientras que Ciudadanos tiene los escaños que le faltan a Aguirre para seguir gobernando en Madrid. Pero esos bríos fueron suficientes para que las facciones de Podemos se quedaran con la misma Barcelona.

La primera lección se sintetiza en que la ciudadanía española está hastiada de las prácticas ilegítimas e ilegales de los partidos políticos tradicionales. Pagos soterrados, subvenciones injustificadas, desviaciones de fondos y financiamiento partidista sospechoso marcan el accionar de los líderes del PP y PSOE. Y, como escenario inmejorable, la propuesta radical de Podemos cae como anillo al dedo.

Pablo Iglesias, cabeza de Podemos, pesca en río revuelto. Atiza con las ascuas del populismo y la demagogia, el incendio de la desesperanza y la frustración de los españoles. Con una partitura casi calcada de las diatribas de gobernantes de la izquierda latinoamericana, le ofrece al pueblo español más socialismo y más nacionalismo. Dos males que Europa sabe combinar muy bien como catalizadores de las guerras, los campos de concentración y las hambrunas artificiales.

La segunda lección ronda lo ideológico. A pesar de que los partidos tradicionales fueron castigados con votos, España se sigue moviendo en el espectro ideológico - programático del socialismo y el liberal - conservatismo. Podemos tiene como paradigma de asistencialismo el modelo chavista que tanto agrada al PSOE. Mientras que las diferencias entre el PP y Ciudadanos es más de nombres que de programas de gobierno.

Con esta situación, José María Aznar y Felipe González en vez de abogar por las infames condiciones humanitarias de los reos políticos en tierras venezolanas, deberían salir de la cárcel electoral que les montaron Podemos y Ciudadanos. El asco de la ciudadanía española pasa por los liderazgos mañosos que los han gobernado, no por las opciones que ofrecen los partidos tradicionales, al fin y al cabo, como dice la canción, lo pasado no perdona.

Y esa sinergia política es la que deben aprovechar Aznar y González como líderes naturales de sus toldas, si no terminarán como el estribillo de la canción de Rubén Blades, con una cajeta de cigarrillos, ansiosos y con nudos en la garganta, al ver a España en medio de un colapso político, social y económico mayor. Claro, con los males menores del bipartidismo que le han bastado a esas nuevas fuerzas políticas españolas protagonizar el cambio. Pero como lo pasado no perdona, la renovación que quiere asumir Podemos será para la jefatura del gobierno si no atienden los mensajes electorales de este 2015. Porque ni Aznar ni González, al abandonar a sus partidos al son de la demagogia, después no se podrán curar llorando. Ya razón tenía el salsero panameño.

DIEGO CEDIEL
Profesor de Ciencia Política de la Universidad de La Sabana

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