Editorial: ¿Una sociedad armada?

Editorial: ¿Una sociedad armada?

El que ciudadanos estén portando armas no letales expresa clamor de cansancio ante la inseguridad.

08 de junio 2015 , 08:23 p.m.

La sensación de indefensión frente al hampa ha crecido. Así lo indican las cifras de la encuesta de percepción y victimización que hizo la Cámara de Comercio de Bogotá durante los meses de noviembre y diciembre del 2014.

El que el 49 por ciento de los ciudadanos se sienta más inseguro, ya sea en su barrio, en el parque, en la calle, es muy inquietante. Quiere decir que prácticamente la mitad de los capitalinos teme por sus bienes y por su integridad. Peor aún, el 89 por ciento experimenta ese comprensible nerviosismo en TransMilenio.

Tal vez por ello vemos ahora que muchas personas buscan sistemas de defensa personal. Así lo registró un informe de este diario el domingo pasado, donde se ve cómo la venta de armas no letales se ha convertido en un sorprendente y próspero mercado que mueve millones de dólares.

Hay que ser claros en que estas armas no están prohibidas en la legislación colombiana. Y, así mismo, en que infortunadamente la situación lleva al sentido de autoprotección. Es así como en bolsos y bolsillos es posible que miles de personas porten gas pimienta, en diversas presentaciones y colores; o un paralizador o tábano eléctrico; o una pistola de balines calibre 4.5, con su respectivo proveedor de 14 tiros; o alguien más porte un bastón extensible contundente; o hasta la controvertida pistola taser.

El hecho es que la moda de esas armas personales avanza silenciosamente. El año pasado, según la policía fiscal y aduanera, ingresaron al país, por vías legales, 55.996 unidades y partes de estos elementos. Y este año ya han sido importadas otras 14.267, que se venden como pan en páginas web y en San Andresito. Y eso que, en su mayoría, estos elementos entran de contrabando.

La lógica indica que se necesita regulación para este tipo de mercado y de porte. Por lo pronto, es muy preocupante y hasta triste que se tenga que llegar a tales extremos cuando el hampa acosa a las personas de bien. Lo malo es que los delincuentes también las pueden utilizar y, seguramente, con lo enajenados y agresivos que son, pueden llegar a violencias más graves y el remedio resulta peor que el mal.

Es aquí donde surge esa eterna discusión de por qué los malhechores sí pueden andar armados y no los inermes ciudadanos. La respuesta es porque para eso están las autoridades y existen las leyes. Pero como, evidentemente, no son suficientes y prontas, habrá que echar mano, una vez más, a la unidad entre estas y los abatidos seres que temen por ellos y por sus familias al salir a la calle. Y, así mismo, exigir con vehemencia renovados mecanismos y respuestas policiales más rápidas y efectivas. Y leyes veraces, porque la imagen de la justicia vendada aparece siempre montada en la tortuga.

Se requiere que la Alcaldía y todas las autoridades entiendan que el que está surgiendo no es un asunto menor. Estas reacciones colectivas tienen que ser motivo de debates y análisis, pues expresan un clamor e indican que la gente se está cansando de ser víctima indefensa. En resumen, la inseguridad clama acciones eficaces, antes de que estos comportamientos generales puedan llegar a peligrosos desbordes. A un paso más, al uso de armas de fuego. Ya vimos que se ha llegado al equivocado sistema de la justicia por propia mano.

EDITORIAL

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