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'No me entregué por el dinero a un mafioso'

Habla Aura Rocío Restrepo, una de las mujeres de Gilberto Rodríguez Orejuela.

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Aura Rocío Restrepo es la única de las mujeres de la vida de Gilberto Rodríguez Orejuela que ha salido del anonimato para contar cómo fue su vida en los ocho años que compartió junto a uno de los jefes del cartel de Cali.
Lanzó su libro Ya no quiero callar –dice– para hacer catarsis de uno de los episodios en los que no fue feliz ni logró uno de sus anhelos: tener un hijo. (Lea también: mujeres de la Gilberto Rodríguez Orejuela)
Afirma que se enamoró de Gilberto cuando era una estudiante de séptimo semestre de Administración de Empresas y se preparaba para concursar en el Reinado Nacional del Turismo, en 1998.
¿Cuándo se involucró con Gilberto Rodríguez era consciente de quién era él?
Siempre pensé que el ‘duro’ era su hermano Miguel, porque siempre se hablaba de él. A Gilberto, 27 años mayor que yo, lo conocí porque un senador me lo presentó, porque yo quería venderle un seguro. No lo adquirió y era lógico, era un hombre muy inteligente. Pero yo no era la muchachita que se entregó a un mafioso por dinero. Yo me enamoré de él. Me dijo que se había separado de su anterior pareja, Miriam Ramírez Libreros, pero esa separación era temporal, porque él no la dejó del todo y eso lo entendí mucho después. (Lea también: Ya son 20 años de la caída del cartel de Cali)
¿Cómo fueron sus ocho años de convivencia con él?
Es un hombre muy inteligente, con mucho carisma, pero debido al encierro también llegaba a estar de mal genio y se desahogaba con las personas más cercanas. Nunca me agredió, aclaro. Me pedía cuentas de los gastos y decía: ‘Cuide los pesos, que los millones se cuidan solos’. Se deprimía muchísimo, pero cuando salíamos a bailar disfrutaba, como cuando hicimos una fiesta y bailamos lambada. Además, se volvía un niño jugando fútbol y le gustaba que le grabaran las novelas y todos los noticieros por televisión que no los alcanzaba a ver.
¿Fue feliz con él?
La verdad no. Cuando doy charlas a niños y jóvenes lo hago para decirles que el dinero no lo es todo. Tener una casa con muebles lujosos, un sofá que costaba varios miles de dólares, pero sin poder salir, sin disfrutar una familia. Él mismo también lo decía, que esa vida era una vida de miseria.
¿Cómo era esconderse y buscar caletas?
Había sitios que estaban listos, pero yo procuraba no saber las direcciones para no tener mayor información. Después de uno de los últimos viajes, a Bogotá y a Neiva, él ya planeaba entregarse. Llegamos por carretera y pasamos antes a Roldanillo (Valle). A Cali llegamos a la medianoche, pero notamos que el Bloque de Búsqueda había allanado un edificio cerca a la casa donde vivíamos. Para entrar tuvimos que hacer muchas maniobras y que nadie nos viera.
En su libro escribió detalles de cómo fue él en esos años cuando el Bloque de Búsqueda estaba tras su captura…
El libro es una manera de hacer catarsis de un episodio doloroso. Lo que escribí no es motivo, pero la finalidad que persigo es la de crear conciencia.
¿Ha hablado con las anteriores parejas de Gilberto y sus hijos?
No. A veces me he encontrado a algún familiar, pero con ellas ningún contacto.
Cuando salió de la cárcel, usted terminó su relación con él. ¿Han tenido alguna comunicación desde entonces?
Yo decidí separarme para empezar a sanar heridas. En la cárcel sí recibía cartas, pero no he vuelto a tener ningún contacto con él.
EL TIEMPO

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