Caitlyn, por favor deja tu 'show' / Sexo con Esther

Caitlyn, por favor deja tu 'show' / Sexo con Esther

El cambio de sexo del padrastro de las Kardashian ya es todo un espectáculo mediático.

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07 de junio 2015 , 12:31 a.m.

Toda persona tiene derecho a ser lo que siente que es y no someterse a lo que parece que es.

Aceptémoslo: hay hombres y mujeres que no perciben sus emociones de manera armónica con su cuerpo, que es como su empaque.

Que decidan cambiar su sexo y modificar radicalmente su apariencia para mostrarse como en realidad se sienten no solo es lógico y aceptable, también es de valientes en un mundo que trata de categorizarlo todo.

El solo hecho de intuir que de ese modo se sienten más a gusto consigo mismos tendría que ser un argumento más que suficiente y respetable.

Eso, sin embargo, no lo entiende todo el mundo. A los mojigatos, opinadores de oficio y moralistas les cuesta aceptar que, por tratarse de una opción personal, ellos tendrían que dar un paso al lado. Y dejar de meterse en la vida de los otros, por supuesto.

Ahora: tengo que reconocer que por su naturaleza, y por el tipo de sociedad doblemoralista en la que vivimos, estos casos despiertan interés y una curiosidad que, dependiendo del caso y la circunstancia, se transforma en morbo.

Mucho más, cuando el caso se hace público y se mercadea a través de los medios de comunicación.

Ese es el caso de Bruce Jenner, el ahora célebre padrastro de las inútiles, ruidosas y mostronas hermanas Kardashian, protagonistas de unos realities vacíos, que tratan sobre nada.

Jenner, que ahora se llama Caitlyn, prácticamente contó en vivo y durante meses que en el fondo él era una mujer atrapada en el cuerpo de un hombre.

El morbo en torno a este caso, que reportó enormes audiencias a sus hijastras y réditos económicos a este campeón olímpico de decatlón (1976), alcanzó su clímax con el publicitado anuncio de su reciente cambio de sexo.

Los resultados están a la vista: en menos de 48 horas alcanzó los 2,5 millones de seguidores en Twitter y las fotos sugestivas de su nueva imagen le dieron la vuelta al mundo y se viralizaron en redes.

Si acaso hubo censuras, ataques e insultos contra Caitlyn, pocos lo notaron. Las ganas de ver el cambio, de conocer los detalles, de saber más, los rebasaron.

Y en este punto, señores y señoras, el tema ya no versa sobre la reivindicación de un derecho. Es un show. Uno muy lucrativo que, al parecer, sacó de la quiebra al personaje.

No tengo por qué decir aquí si este es un modelo a seguir o no para otras personas en su condición. Pero es diciente su actitud de mercadeo y sus nulas expresiones de solidaridad hacia quienes no tienen ni el apoyo ni el dinero ni la posibilidad de moldear su cuerpo según su identidad.

De qué nos quejamos, digo yo, si se trata del expadrastro de las reinas de un show que, insisto, trata sobre nada. Hasta luego.

ESTHER BALAC
Para EL TIEMPO

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