El acuerdo entre el Gobierno y las Farc de convocar una comisión para el esclarecimiento de la verdad, la convivencia y la no repetición es un paso de muchísima importancia. Han encontrado una ruta para salir del estancamiento de la negociación. La guerrilla claramente había trazado una raya que se convirtió en barrera infranqueable al sostener que no están negociando para terminar en la cárcel. Adicionalmente, su insistencia en convocar una asamblea constituyente para blindar y apuntalar los elementos del acuerdo no es aceptable para la mayoría de los agentes políticos y económicos que deben integrar el consenso alrededor del cual se consolide la paz. La asunción de responsabilidades por los distintos actores del conflicto era otro elemento del nudo gordiano que se estaba formando porque ninguno de ellos quería quedar cobijado por el mismo manto en el que se amparan otros.
La perspectiva de delegar en la Comisión de la Verdad la función de aportar los elementos para resolver lo referente a la responsabilidad por el conflicto y el marco de verdad y revelación en el que deben juzgarse las acciones y acontecimientos que van a confesar o reconocer los victimarios da un salto adelante al período inmediatamente posterior a la celebración del acuerdo de paz, posponiendo la solución para después de haber celebrado un acuerdo, cuando las Farc hayan depuesto las armas y se inicie el posconflicto.
Es un recurso brillante, que tiene afinidad con conocidas herramientas utilizadas en el campo de la investigación de operaciones, y consiste en construir una solución a partir del futuro deseado, de adelante para atrás: una vez concentrada y desarmada la guerrilla, y firmemente establecidas las bases del acuerdo de paz con el respaldo de una amplia mayoría de la opinión pública y un virtual consenso entre las fuerzas políticas que están enfrentadas, se procede a resolver lo que hoy parece imposible.
Por ejemplo, llegar a un acuerdo sobre las penas que deben cumplir los responsables de actos atroces durante el conflicto es algo que posiblemente no se zanja negociando. Pero, conocida o acordada la “verdad” en el ámbito de la Comisión, puede prevalecer en la opinión pública lo que ‘Iván Márquez’ ha resaltado como atributo de las víctimas humildes que no hacen énfasis en la venganza sino en la reconciliación, con base en el conocimiento de la verdad, las reparaciones y la garantía de la no repetición. Los tres objetivos de la Comisión, el esclarecimiento de lo ocurrido, ayudar a la convivencia pacífica en los territorios y garantizar la no repetición, apuntan precisamente en esa dirección.
Humberto de la Calle destaca que la Comisión es un mecanismo extrajudicial y que la información que obtenga no puede ser utilizada por las autoridades judiciales para realizar imputaciones. Entonces, los victimarios tienen incentivos para revelar plenamente lo ocurrido porque “cualquier tratamiento penal especial [PARA ELLOS] debe estar condicionado a la contribución al esclarecimiento de la verdad”.
Habiendo acordado el establecimiento de la Comisión con esas responsabilidades, no hay razón válida para posponer un acuerdo. Sin él no puede principiar a actuar la Comisión ni se puede acceder responsablemente a un cese bilateral. Además, es necesario revivir la idea de que en las próximas elecciones de octubre se someta a votación popular la autorización al Presidente para firmar el acuerdo de paz con las Farc y proceder a la concentración geográfica de la guerrilla, lo que parece ser también la condición que permitiría que el Centro Democrático entre a formar parte del consenso político que requiere la paz (y el país).
Rudolf Hommes

