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Así fue el primer desminado entre las Farc y el Ejército

Así fue el primer desminado entre las Farc y el Ejército

Explosivista guerrillero y sargento trabajaron juntos para dejar limpia a la vereda El Orejón.

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Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
06 de junio 2015 , 09:01 p. m.

Los conocimientos de un explosivista activo del frente 36 de las Farc y de un sargento del batallón de Desminado Humanitario del Ejército Nacional, por primera vez, se juntaron en una sola causa: dejar limpio a El Orejón, la vereda donde hay más minas antipersona que seres humanos.

Por las lomas del pequeño poblado de Briceño –norte de Antioquia– caminaron los dos hombres, juntos, hablando a cada instante, como si fueran compañeros de equipo, apoyándose uno al otro a cada peligroso paso. (Lea también: Desminado humanitario, avance de los diálogos que toca las regiones)

Donde la hierba era alta, se levantaban las manos para señalar las áreas minadas. Quien lo hacía e iba adelante era el mismo que las había sembrado estratégicamente para inmolar o acabar con la vida, hasta hace dos semanas, del enemigo.

–Esta es una de las áreas, le decía el guerrillero al sargento.

–Listo. Vamos a acordonarla, le respondía este.

En esa tarea, el sargento le explicaba al guerrillero cuáles son los pasos para demarcar la zona y, a su vez, el explosivista le indicaba por qué la sembró allí y qué técnica había utilizado para fabricarla e instalarla.

Fue un intercambio de información que, en otro tiempo, ambos bandos ocultaban como el más sagrado de sus secretos de guerra. (Lea aquí: El pueblo de las 362 víctimas que teme dar información)

Se sentaban juntos con un mapa de la vereda, señalaban con lapicero en dónde estaban los campos de muerte, como se le conocen. Identificaron tres áreas y, juntos, se fueron hasta allí, las acordonaron y les pusieron el aviso rojo, con una calavera pintada en la mitad: “Peligro. Minas. No entre. Manténgase alejado”.

“Por primera vez, tras más de 50 años de conflicto, un batallón del Ejército colombiano y las Farc, en forma conjunta, llevan a cabo acciones que favorecen a una población afectada en forma severa”, dijo, en el discurso que anunciaba esa noticia, el jefe del equipo negociador del Gobierno Nacional, Humberto de la Calle.

El programa de desminado conjunto se está haciendo bajo la dirección del general retirado Rafael Colón, quien lo ha supervisado en terreno. (Editorial: Desminado, primer desafío conjunto)

“El acuerdo al que llegamos se está cumpliendo. Las Farc, en efecto, entregaron mapas precisos de la ubicación de las minas y contribuyeron activamente a delimitar las áreas minadas. El trabajo conjunto entre miembros del Batallón de Desminado Humanitario del Ejército de Colombia y miembros de las Farc, eso fue lo que pasó en El Orejón; ese es un mensaje muy potente, un mensaje muy fuerte hacia la paz”, añadió de la Calle.

El sargento y el explosivista, acompañados de la comisión de la ONG Ayuda Humanitaria de Noruega y de miembros de la Cruz Roja, lo demostraron.

En los ratos libres, que no hubo muchos, los dos hombres seguían trabajando, pero ya revelando detalles. Mientras el guerrillero le explicaba cuáles materiales utilizaba y cuál era su método de fabricación –muchos desconocidos para el militar–, el sargento le enseñaba sobre el esfuerzo y la táctica que usan para extraerla de la tierra y activarla controladamente. (Lea también: Así trabajarán juntos el Ejército y las Farc para destruir minas)

Pero en El Orejón no solo se van a quedar con un territorio desminado en seis meses. No. Con propuestas e inversiones de la gobernación de Antioquia y del Gobierno Nacional, ese pequeño pueblo montañoso conocerá lo que hasta ahora no se imaginaba en sueños por culpa de la guerra: la llegada del Estado.

“No basta con desminar –dijo De la Calle–, hay que darles nuevas oportunidades a estas comunidades”.

EL TIEMPO pudo establecer que en los próximos días volverán a viajar para hacer los preparativos de algo impensado hasta el momento: que guerrilleros y militares se pongan un mismo overol, cojan las palas y los instrumentos necesarios para arrancar de la tierra la amenaza de muerte. Tendrán tres meses para hacerlo en esas zonas y continuarán en otras.

Ese mismo ejemplo, según De la Calle, se llevarán a otros pueblos de Colombia.

Y es que en El Orejón, como bien han dicho las partes, están construyendo la confianza que necesita el país para el cometido de la paz, aunque las Farc y el Ejército Nacional, en otros territorios, sigan combatiéndose como si en La Habana y en El Orejón, no hubiera trabajo conjunto.

“(...)Pero la semilla de la esperanza, de la paz, quedó sembrada en esa población. Tenemos que cuidarla”, concluyó De la Calle convencido de que el paso más importante ya se dio.

YEISON GUALDRÓN
Corresponsal de EL TIEMPO
Medellín.

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