Por una huella de carbono positiva

Por una huella de carbono positiva

Los investigadores que trabajan en los diferentes cultivos buscan atrapar el C02 de la atmósfera.

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05 de junio 2015 , 03:53 p.m.

 El calentamiento global ha obligado a los investigadores a desarrollar procesos agrícolas que contribuyan con el medio ambiente en procura de lograr un equilibrio atmosférico, a través de una huella de carbono positiva para todos los ecosistemas.

Significa que, los cultivos fijen o ‘secuestren’, como dicen los expertos, importantes cantidades de gas carbónico de la atmósfera. La deforestación de grandes plantaciones de bosques para sembrar diferentes cultivos se constituye en un daño al ambiente y, por lo tanto, la huella del carbono es negativa. Lo ideal es sembrar en zonas abandonadas.

Huella de carbono

En el sector agropecuario es muy importante establecer la magnitud de emisión de gases de efecto invernadero a la atmosfera o la fijación de CO2. Esta es la huella de carbono, que tiene efectos positivos o negativos.

Según el biólogo Hernán Mauricio Romero Angulo, coordinador de Biología y Mejoramiento Genético y Ph.D de Cenipalma y profesor asociado de la Universidad Nacional, la palma de aceite es un cultivo amigable con el medio ambiente y fijador permanente de CO2.

“La palma de aceite funciona como un bosque, es un cultivo de largo aliento de al menos 25 años. En su desarrollo toma mucho CO2 y es un fijador neto. Esta característica permite el mejoramiento del efecto invernadero. Estamos hablando de un cultivo rústico porque no se requiere talar bosques para nuevas siembras. La política del gremio es no tumbar y, por el contrario, sembrar en zonas degradadas o pasturas abandonadas, como ha ocurrido en el oriente del país”, precisa el investigador.

Cenipalma evidenció que el agro-ecosistema de la palma de aceite en Colombia es un fijador de carbono, por lo cual contribuye con la disminución del impacto del cambio climático.

“La palma de aceite es un sumidero de carbono. El balance neto de fijación es de 606 toneladas de CO2 equivalente, por cada tonelada de fruto que se produce. Esto es algo que podemos mostrarle al mundo, nosotros estamos colaborando en la mitigación del cambio climático porque estamos absorbiendo gases efecto invernadero, GEI”, señala Romero.

Explica el experto que la palma de aceite toma CO2 y lo fija en los tallos, las raíces y las hojas, lo que es muy beneficioso, ya que se trata de cultivos perennes. “Como cultivo es muy amigable con el medio ambiente y está comprobado. En Colombia la política del gremio es producir en plantaciones que contribuyan con el equilibrio medioambiental”, indica.

Un ejemplo del aporte que ha tenido la palma es Indonesia que es uno de los primeros productores de aceite en el mundo. Allá la población se estaba muriendo de hambre y por política del gobierno, apoyado por el Banco Mundial y Naciones Unidas, se tumbaron diez millones de hectáreas de selva para sembrar palma de aceite.

El valor de certificarse

El organismo internacional Mesa Redonda de Aceite de Palma Sostenible, RSPO por sus siglas en inglés, insta a los países productores para que hagan un seguimiento a la huella de carbono, ya que es un requisito mundial para abrir nuevos mercados.

Son las producciones amigables con el medio ambiente las que logran generar nuevos espacios de negocios. “Estos resultados son alentadores pues las plantaciones que conozcan su huella de carbono tendrán un valor agregado para los mercados internacionales, al tiempo que sería posible la identificación de sellos verdes y cumplir los requisitos establecidos. Cenipalma, además de investigar todo lo concerniente a la huella de carbono, trabaja también en la determinación de la huella hídrica, el objetivo es analizar qué tanta agua estamos consumiendo para producir una tonelada de fruta”, puntualiza el experto.

Sostenibilidad

La producción sostenible de aceite de palma y la obtención de su respectiva certificación serán un requisito de acceso cada vez más generalizado, tanto para el mercado local como para el de exportación, así lo indicó Jens Mesa Dishington, presidente Ejecutivo de Fedepalma, en la apertura del XLII Congreso Nacional de Cultivadores de Palma de Aceite.
“Es claro, entonces, que no podemos hacer caso omiso del tema de la sostenibilidad, porque tiene también un valor comercial. No hacerlo implica perder nuestra competitividad frente a los países vecinos, como son Ecuador y algunos otros en Centro América, los cuales llevan unos procesos de certificación bastante avanzados”, enfatizó el dirigente gremial.

En este certamen, Mesa invitó a todos los núcleos palmeros del país a que emprendan su camino para certificarse RSPO. Dos grupos empresariales importantes del sector palmero colombiano ya se encuentran certificados, y otros diez están en proceso de lograrlo. Conocedores de la importancia de que la palma de aceite colombiana esté certificada, el Gobierno ha establecido recursos de Bancoldex, a través del fondo INNpulsa, para avanzar en estos procesos. El gremio facilita este tipo de ayudas y acompaña en la implementación.

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