Editorial: Una decisión polémica

Editorial: Una decisión polémica

Alejandro Cárdenas quedó en libertad sin que se llegara al final del proceso de Jineth Bedoya.

03 de junio 2015 , 08:52 p.m.

El lunes de la semana pasada, gracias a la incansable lucha de la periodista Jineth Bedoya, se conmemoró el primer Día por la Dignidad de las Víctimas de la Violencia Sexual.

Quienes participaron en los eventos salieron convencidos de que era el comienzo de un verdadero movimiento para concientizar a la sociedad de no callar ante al abuso. Bedoya, una reportera corajuda de este diario, ha conseguido hacer de su caso particular –que cumple 15 años sin ser resuelto por la justicia– un hecho emblemático que pone en evidencia el dolor y el anhelo de reconocimiento de cientos de miles de víctimas del país; y es claro que, para dar ejemplo a tantas y tantos que han vivido el mismo horror, seguirá luchando para conocer quiénes fueron los autores intelectuales del delito que marcó su vida.

Si es oportuna la anterior reflexión es porque el exparamilitar Alejandro Cárdenas, que en el 2011 confesó su responsabilidad en la agresión contra Bedoya para acogerse a sentencia anticipada, pero que en el 2013 se retractó de lo confesado (es decir, incurrió en falso testimonio e incumplió con sus compromisos con la Ley de Justicia y Paz), fue puesto este miércoles en libertad sin que se hayan resuelto las dudas que tendrían que haberse despejado antes de concederle semejante beneficio. La propia Fiscalía, al conocer la noticia, aclaró que la determinación de precluir el caso contra Cárdenas no fue consultada con las directivas e invitó a la defensa de la periodista a apelar, pero quedó en el aire la sensación de que se puso el testimonio del victimario por encima del testimonio de la víctima, que lo reconoció, cara a cara, en su momento.

La Fiscalía se declara sorprendida. La opinión se declara indignada. El Congreso, del lado de la justicia, aprueba la penalización del feminicidio. Y lo más claro, luego de la polémica decisión, es que resulta indispensable llegar hasta el final del proceso de Bedoya. Si no terminan de despejarse las dudas sobre el hecho, que han dejado ciertos testimonios, no solo esta, sino todas las víctimas de la atrocidad de la guerra seguirán sintiendo que la justicia es una historia de nunca acabar.

editorial@eltiempo.com

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