El sino trágico que acompaña al vicepresidente Joe Biden

El sino trágico que acompaña al vicepresidente Joe Biden

El político estadounidense enfrenta una vez más la calamidad tras la muerte de su hijo por cáncer.

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01 de junio 2015 , 08:40 p.m.

El vicepresidente Joseph Biden quizá no arrastre con un sino tan trágico como el de la familia Kennedy en Estados Unidos. Aún así, la vida le ha propinado golpes que no se le desearían ni al peor de los enemigos y que han marcado su larga trayectoria política en este país.

El último de ellos llegó este fin de semana con el deceso de su hijo mayor, Beau, quien murió víctima de un cáncer cerebral.

De 46 años y exfiscal general de Delaware, Beau había sido diagnosticado con la enfermedad en el 2013, pero se había recuperado luego de un tratamiento de radioterapia. El cáncer, sin embargo, reapareció este abril y con una agresividad tal que se lo llevó en menos de ocho semanas.

Lo más triste de esta historia es que Beau no es el primer hijo que Biden ha tenido que enterrar.

Hace 43 años, en noviembre de 1972, la casa de los Biden en Wilmington era pura felicidad. Apenas con 29 años, Biden había logrado ganar una curul al Senado por el Estado de Delaware. Toda una proeza que lo convirtió en el sexto senador más joven en toda la historia del Congreso de EE. UU.

De su matrimonio con Neilia Hunter habían nacido tres hijos: Beau, de 4 años, Robert, de 3 y Naomi, con apenas 1 año.

Hacia comienzos de diciembre, Biden viajó a Washington (a unas dos horas en tren desde Wilmington) para organizar lo que sería su equipo de trabajo una vez asumiera su cargo en enero de 1973.

Pero el 18 de ese mes la tragedia llamó a la puerta. Neilia había salido con sus hijos a comprar un árbol de navidad, que debían decorar una vez Joe regresara de la capital, cuando un camión se les atravesó lanzando el auto a un barranco. En el accidente perdieron la vida su esposa y Naomi. Beau y Robert sufrieron graves lesiones que los mantuvieron en el hospital por varias semanas.

Biden quedó devastado. Incluso hasta pensó en suicidarse. En un libro de memorias escrito por Richard Ben Cramer, el autor cuenta cómo Biden sopesó ese camino, pero abandonó la idea al ver lo necesitados que estaban sus hijos.

Muchos años después, Biden confesaría que un amigo cercano, que también había perdido a su esposa, lo ayudó a superar la etapa recomendándole escribir un diario en el que narrara cómo se sentía. Con el paso de los días y semanas, le dijo, podría ver como la descripción de dolor se iría aplacando.

Tras el accidente, Biden pensó también en renunciar a su curul para poder dedicarse de lleno a sus hijos. Pero tras varias conversaciones, el entonces líder de la mayoría demócrata en el Senado, Mike Mansfield, lo convenció de permanecer en el cargo.

Pese a ello, Biden siempre los puso por encima de todo, incluso de su trabajo.

De hecho, una de las fotos más famosas en la historia del vicepresidente es la de su juramento como Senador, que fue tomado no en el Capitolio como todos los demás, sino en el hospital donde aún se recuperaban sus hijos.

De allí en adelante la historia de Biden se convirtió en un tema casi de leyenda. Todos los días, el joven senador se despertaba en la mañana para hacerles desayuno y luego abordaba un tren rumbo a Washington, de donde regresaba nuevamente a las 8 p. m. para comer con ellos y arroparlos en la cama. Incluso, en el Congreso lo apodaban ‘Amtrak Joe’, en alusión a la compañía ferroviaria que utilizaba.

Esa profunda devoción por sus hijos cimentó su imagen como un hombre de familia de intachables credenciales. Así mismo, su experiencia con el dolor y el luto le generó gran empatía con los familiares de soldados muertos en la guerra o víctimas de tragedias, como la del 11 de septiembre del 2001.

Y quizá por ello fue reelecto en seis ocasiones a su misma curul en el Senado y luego escogido por el presidente Barack Obama en el 2008 como su fórmula para la vicepresidencia.

Pero la tragedia del 72 no fue la única que se le cruzó en el camino. Cinco años después de la muerte de su esposa y su hija, Biden se casó nuevamente. De su unión con Jill Tracy, su actual esposa, nació Ashley, una bendición para el vicepresidente, que ya había perdido a su única hija.

Pero ambas casi perecen años después cuando un rayo cayó encima de su casa y provocó un peligroso incendio que requirió la intervención de los bomberos. En febrero de 1988, pocos meses después de abandonar su primera de dos candidaturas a la nominación presidencial del partido demócrata (fracasó en ambas), Biden fue llevado de urgencia a la clínica con una aneurisma cerebral tan severo que un sacerdote le aplicó los santos óleos.

El vicepresidente se recuperó del incidente, pero sin duda la cabeza volvió a dolerle el año pasado cuando se reveló que su otro hijo, Robert, había sido expulsado de la reserva de la Marina de EE. UU. tras dar positivo para cocaína en un examen médico. Se supo, además, que no era la primera vez que tenía problemas por consumo de drogas.

Nada, por supuesto, se compara a la reciente muerte de su hijo Beau o a la de hace años de su primera esposa e hija. Lo que nadie sabe, por ahora, es cómo afectará esta nueva tragedia el futuro político de Biden.

Por tradición, en EE. UU. el vicepresidente suele ser un candidato fijo para la nominación presidencial de su partido.

Pero en este caso Biden aún no ha indicado si lanzará una candidatura para las elecciones del 2016. De hecho, muchos lo descartaban no solo por su edad (tendría 74 al momento de la posesión, si gana) sino porque todos los ojos y la maquinaría están puestos en la candidatura de la ex secretaria de Estado Hillary Clinton. Y eso es algo que Biden siempre ha resentido. La muerte de su hijo bien podría coincidir con el fin de su carrera política o darle nuevas energías para seguir luchando, como lo hizo en 1972.

La vena política de Beau Biden

El hijo mayor del vicepresidente Joe Biden quería seguir los pasos políticos de su padre.

En el año 2006, le ganó la carrera por la Fiscalía General del estado de Delaware a Ferris Wharton, un veterano procurador y asistente de fiscal. En el 2010 se lanzó a la reelección para el mismo cargo, campaña en la que se impuso al independiente Doug Campbell.

En el 2009, consideró la posibilidad de lanzarse al Senado, pero prefirió completar su periodo como fiscal general. Poco antes de ser diagnosticado con cáncer, anunció su intención de postularse como candidato a gobernador.

SERGIO GÓMEZ MASERI
Corresponsal de EL TIEMPO
Washington
@sergom68

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