El drama de las caleñas muertas y desfiguradas por cirugías plásticas

El drama de las caleñas muertas y desfiguradas por cirugías plásticas

Van 4 mujeres fallecidas por malos procedimientos en el 2015. En 30 meses han cerrado 51 clínicas.

01 de junio 2015 , 07:36 p.m.

En ‘descuentos’, ‘combos’ y ofertas a crédito, que rondan por Internet o de boca en boca, se mueve el mercado en la industria de la belleza, cuyo movimiento puede superar los 300.000 millones de pesos.

En el Valle esa industria es uno de los clúster escogidos por la Cámara de Comercio para el desarrollo regional. En menos de cinco años se pasó de una veintena a más de 60 clínicas en el departamento. (Lea también: Van 51 centros estéticos clausurados en dos años y medio en el Valle)

Las tendencias van cambiando, como en los senos, que han pasado de los tamaños gigantes a los reducidos y firmes. Ahora están de moda los rejuvenecimientos vaginales. (Lea también: El susto por lipoescultura que llevó a urgencias de clínica a menor)

A Colombia llegan hasta 50.000 turistas al año para distintos procedimientos. Uno de los atractivos está en el nivel profesional, a lo que se agregan precios menores a los que se deben pagar en el exterior.

Las muertes de cuatro mujeres, sumadas a procedimientos estéticos que han afectado a pacientes este año, han causado alarma e investigaciones de las autoridades de salud.

Hay subregistro de pacientes con estragos de intervenciones, porque no siempre se denuncia ante el temor de la sanción social o porque las complicaciones aparecen tiempo después por lo que, muchas veces, no se asocian con esos procedimientos.

La Sociedad Colombiana de Cirugía Plástica sostiene que no se debe arriesgar la vida acudiendo a sitios donde no existen los profesionales ni las garantías de atención. (Lea también: 'La comunidad debe buscar a los médicos cirujanos plásticos')

Mientras tanto, desde otros estamentos se pide crear mecanismos de defensa de los pacientes. En el país se relaciona una sentencia por uno de esos procedimientos.

Han transcurrido cuatro años y no sabe todavía lo que le inyectaron

A pesar de las palabras de afecto de su esposo, quien le decía que tal y como era se había enamorado de ella 12 años antes, Ángela decidió someterse a la aplicación de biopolímeros en sus glúteos.

Fue hace cuatro años en un centro de estética del norte de Cali. Una cuñada le dijo que no tuviera temor que todo saldría bien.

Ella entró a hacer parte de las más de 200.000 cirugías plásticas e intervenciones estéticas que se realizan en la ciudad al año, solo que lo hizo en un lugar que no contaba con el equipo necesario para este tipo de procedimientos.

“Yo me decidí por ir, uno solo quiere verse bien. Me valoraron y me cobraron casi dos millones de pesos, al principio todo salió bien, solo que mi cola se veía muy roja”, cuenta.

Cuando regresó al lugar donde le habían practicado este procedimiento, le dijeron que esta situación podía ser producto de su trabajo, que la obligaba a conducir su moto durante varias horas al día.

“El dolor se hizo insoportable y debí empezar un tratamiento que no he terminado. Hoy todavía no me puedo ni rascar, porque me duele y me lastima”, asegura esta mujer de 37 años, piel blanca y madre de una niña.

Ante la intervención solo en la recuperación de los glúteos, ella ha necesitado un proceso que le ha costado alrededor de siete millones de pesos.

Ha aprendido de esa situación y cree que debe contarla para que otras mujeres o personas no sufran un procedimiento que no esté garantizado.

Este año, la Secretaría de Salud del Valle del Cauca lleva cinco casos reportados por malas prácticas en procedimientos estéticos. Sin embargo, un solo centro asistencial recibe más de cuatro casos mensuales.

La Unidad de Delitos contra la Vida e Integridad Personal de la Fiscalía Seccional dice que cursan, en proceso, 28 casos por procedimientos estéticos.

Irregularidades en intervenciones con biopolímeros, liposucción, papada y abdomen, senos, implantes mamarios, aumento de glúteos, asimetría de rostro, lipectomía y lipoescultura son las que más denuncian en Cali. Este año se han reportado las muertes de cuatro mujeres en el Valle.

El año pasado fueron siete casos.

Después de malos procedimientos quirúrgicos, mujeres como esta canadiense buscan a médicos como el doctor Alfonso Riascos, de la Sociedad Colombiana de Cirugía Plástica, para recuperarse. Ella sufrió daño en su nervio facial y conducto salival, Riascos dice que se recuperó con técnica especial. Archivo particular

El secretario de salud de Cali, Hárold Suárez, asegura que las acciones que buscan ponerles fin a los establecimientos que practican estas intervenciones sin licencia se han incrementado.

Ángela, quien aún no puede sentarse bien, asegura que hasta hace cuatro años, este tipo de problemas no se ventilaban públicamente, por lo que no pensó que fuera a resultar así.

Mientras espera los resultados de lo que realmente inyectaron en su cuerpo, esta caleña ruega a Dios para que su hija no pase por ese mismo calvario a causa de la vanidad.

Víctimas no denuncian

Después de que un caso es conocido por la secretaría de Salud del Valle, encargada de los permisos a clínicas, pasa a un Tribunal de Ética Médica y a la Fiscalía. Pero para lograr que los estamentos gubernamentales entren a hacer control es necesario que la comunidad denuncie, pues los reportes o quejas por anomalías son relativamente bajos.

En el 2014, la Fiscalía recibió cinco denuncias y en ese año se registraron siete muertes, entre las cuales figuran las ocasionadas por inyección de biopolímeros (como se conocen la sustancias que no son asimiladas por el cuerpo, causando infección). Un caso así fue el de un transexual que se inyectó en los glúteos.

Rostros de la tragedia: el luto por Diana Janeth

A Diana Morales empezaron a llamarla en mayo para que aprovechara descuentos en una cirugía de abdomen, por el mes de la Madre. “A ella le ofrecieron un plan”, dice una allegada de la emprendedora empresarial, de 35 años y madre de tres hijas.

Su compañero le dijo que no necesitaba cirugías. Llegó con dos amigas y hasta le dejaron almorzar ese sábado 16, pese a que sería anestesiada. El único examen habría sido de sangre. Pasada una hora hubo voces en el segundo piso de la casa de El Limonar.

Luego bajó la ‘cirujana’ y dos mujeres más, que pidieron ambulancia por “una baja de presión”. Las amigas la buscaron en tres casas de salud hasta saber que llegó sin vida ni documentos. Tenía cortes en una pierna y estómago pero no alcanzó a la liposucción. El centro de estética está cerrado. Nadie precisa si son las mismas personas de las que hay otras denuncias.

La visita se volvió drama

Cuando corrió la noticia de la muerte de Angie Liseth López Patiño, de 21 años, en una cirugía, muchos de sus parientes no sabían que había venido de Alemania a Cali.

La intervención en un establecimiento del sur, era una sorpresa. La joven, quien estudió contaduría y desde hace dos años atrás residía en Hannover, llegó a someterse al procedimiento.

Según una historia clínica, le hicieron exámenes y pasó al quirófano en esa Institución Prestadora de Servicios (IPS), con permiso de funcionamiento. La Secretaría de Salud del Valle examinó el sitio y personal, y determinó hallazgos por la infraestructura. La muerte de Angie, recordada como amistosa y esforzada, sigue entre preguntas.

A los allegados, simplemente, les dijeron que algo salió mal.

CALI

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