Así les cambió la vida tras el castigo de las redes sociales

Así les cambió la vida tras el castigo de las redes sociales

Hablan hombre que mató un perro, niña del pie en Transmilenio y colada que humilló con su sueldo.

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01 de junio 2015 , 10:02 a.m.

Juan Sebastián Toro, motociclista colombiano que en el 2013 compitió en el rally Dakar, no olvida el chillido de Príncipe, el perro al que mató de un disparo tras una discusión que tuvo con el dueño del animal en una calle de Bogotá. “Todos los días lo recuerdo”, dice. (Fotos: Príncipe, el perro víctima de la intolerancia).

Archivo particular

Por los hechos de ese 8 de marzo del 2015, Toro enfrenta una investigación ante la Fiscalía por tres delitos: lesiones personales (durante el incidente pisó con su camioneta el pie del dueño de Príncipe), daño en bien ajeno (por la muerte del animal) y disparo en vía pública, que es el que le acarrearía una mayor pena, de cinco años.

Pero paralelo a este problema judicial, Toro asegura que también ha tenido que afrontar otro juicio, mucho más inclemente y violento, uno en el que incluso ha visto en peligro su vida: se refiere al paredón al que fue sometido por los miles de usuarios de las redes sociales que reprocharon su acto contra el perro criollo, de pelaje negro y blanco.

“Un día de estos te veré compitiendo en silla de ruedas, maldito cobarde”. “Claro, con un tiro en el pie al dueño hubiese parado todo este rollo”. “Ojalá me lo encuentre en la calle a ver qué tan varón es (sic.)”, son algunos de los más de 2.500 comentarios que le dirigieron a Toro durante las horas posteriores al incidente a través de su página en Facebook, en la que el corredor tenía alrededor de tres mil seguidores. Toro señala que otros mensajes más osados amenazaban con empalarlo y le aseguraban que la única manera de resarcirse era “pagando con sus hijos”.

“Los seres humanos somos seres de juicio, que juzgamos constantemente. Esto hace parte de nuestra naturaleza. El problema empieza cuando juzgamos y emitimos sentencias sin estar informados y con una versión superficial de las cosas, que fue lo que ocurrió en mi caso”, argumenta Toro, haciendo referencia a esos mensajes ofensivos que recibió luego de que su caso fue conocido en el país por el despliegue en los medios de comunicación y el comportamiento viral que tuvo en redes.

Toro, de 38 años, reconoce la responsabilidad de sus actos, afirmando que usó el arma en su defensa y que, en todo caso, la situación pudo evitarse si desde un principio no hubiera hecho caso a los improperios y provocaciones que, dice, recibió por parte del dueño del perro. Sin embargo, el hombre considera que la sanción social de la que fue objeto en las redes fue excesiva y pone como prueba de ello que todos sus patrocinadores decidieron retirarle el apoyo tras conocer todo lo sucedido, lo que lo obligó a postergar indefinidamente sus planes de correr cualquier otra competencia deportiva.

“Pienso que por una razón existe el Estado de derecho y los sistemas penales, para evaluar la conducta de las personas y definir si estas obran bien o mal; negarlo, haciendo juicios públicos de esta manera, es irresponsable, y significa darle la espalda al derecho y regresar a la ley del talión, donde la violencia era castigada con más violencia y odio”.

Una situación similar a la de Toro fue la que vivió Camila Cortés, la joven que apareció en una foto, que también se volvió viral, aparentemente impidiendo que una de las recién instaladas puertas anticolados de Transmilenio se cerrará.

Rodrigo Sepúlveda / EL TIEMPO

A semanas del incidente, Cortés asegura que debido a los ataques provenientes de las redes por su acto, que argumenta no fue malintencionado, no ha vuelto a utilizar ese servicio de transporte público por miedo a que alguno de los usuarios de las redes que la amenazaron cumpla su palabra. (Lea también: El debate en redes sociales por colados en TransMilenio)

“Aunque yo sé que detrás de las pantallas la mayoría son capaces de decir cualquier cosa y que es poco probable que alguien me haga daño, no falta el loco que de verdad quiera agredirme, como decían que iban a hacer si me veían en la calle o en una estación”, cuenta Cortés, a quien no solo amenazaron, sino también humillaron e insultaron personas que accedieron a sus redes o a través de los foros de comentarios en los portales de noticias, que la tuvieron en el centro de atención durante los días siguientes a ese 6 de abril.

“Reconozco que me equivoqué al poner el pie –admite la joven–, pero creo que no era para tanto, como para que un medio cogiera mis imágenes de Facebook y las subiera en internet, haciendo que la gente las utilizara para agredirme e incluso lanzarme insultos de tipo sexual”, insiste la joven. Su madre, Cristina Neira, agrega que durante varios días después de que la fotografía circulara temió por la vida de su hija, de 16 años.

Ahora, con más serenidad, Camila mira hacia atrás para contar el asombro que le causó capturar tal atención, que hasta una emisora ofreció boletas para un concierto de rock a quienes suministraran su teléfono. Asevera que aunque siguen apareciendo memes con su imagen y ahora muchas de esas imágenes le parecen chistosas, tiene más claro que nunca que en estas redes la gente no olvida fácilmente.

De manera muy parecida a estos dos casos, July Paola Salas, la mujer tristemente célebre por otra conducta negativa en el sistema de transporte masivo de la capital, también tuvo su juicio público. Ella fue sacada del anonimato por los medios luego de que quedara registrada en un video diciéndole al policía que le recriminaba el haberse colado en el sistema que ella ganaba más que él.

Archivo particular

 

Salas dice que fue capaz de resistir la presión social gracias a que es una persona con carácter, que se ha fortalecido gracias a las vicisitudes que le ha tocado afrontar como madre soltera. Sin embargo, cree que si alguien más vulnerable hubiera tenido que vivir eso que ella califica como ‘matoneo en redes’, seguro esa persona habría pensado, incluso, en quitarse la vida.

Más humor y menos violencia

Los de Toro, Cortés y Salas son solo tres de los más recientes casos de personas que de un momento a otro se convierten en enemigos públicos vía Twitter o Facebook, de personas que despertaron la indignación general con sus actos y que recibieron todo el embate del escarnio a través de una sanción social que ha cobrado nuevos alcances gracias a la existencia de medios que permiten registrar los actos de las personas y difundirlos rápidamente, como los celulares inteligentes y las redes sociales. Aunque la sensación de que cada caso es efímero y su polémica solo durará hasta que aparezca un nuevo protagonista –o, en la mayoría de los casos, antagonista–, el daño hacia este puede ser irreparable.

El antropólogo y escritor Fabián Sanabria opina que, sin duda, las redes son una herramienta eficaz para ejercer presión social y moral, que en Colombia cobra un mayor impacto y relevancia por la desconfianza que las personas tienen de las instituciones. Para Sanabria, este tipo de mecanismos de control son válidos y necesarios dentro de las democracias, siempre y cuando se ejerzan con responsabilidad y criterio y no crucen la barrera que separa las manifestaciones pacíficas de la violencia.

“El humor es la herramienta ideal para poner en cintura a los desadaptados”, dice él, y continúa: “Debemos seguir avergonzando a quienes se equivocan, para sentar un precedente que aleccione a aquellos que en el futuro crean que hacer algo igual estará bien o quedará impune. Pero lo inconveniente es que la gente vea en esta una alternativa para tomar la justicia por su propia mano porque cree más en los propios medios que en los legales. Tenemos que burlarnos, reírnos e ironizar sobre quienes tienen malas conductas, pero nunca agredirlos”, señala Sanabria, para quien deberían existir más personajes capaces de lograr este cometido, como el humorista Jaime Garzón, asesinado en 1999.

“En una época donde no existían tantos ni tan efectivos mecanismos de difusión, él era el ejemplo perfecto de alguien con quien las personas se sentían identificadas, porque reflejaba ese malestar general hacia la clase política y las personas en una posición privilegiada y lo manifestaba de manera inteligente, perspicaz. Hoy en día las redes sociales son el mecanismo perfecto para lograr ese mismo objetivo, aun cuando no están siendo utilizadas con la misma brillantez y delicadeza y son proclives a diseminar la violencia”, apunta.

Con él coinciden Samuel Escobar y Germán Casas, representantes de la firma Casas Escobar Abogados, especializada en atender casos con estas características. El primero explica que el tema de la sanción social en redes es un reto relativamente nuevo, en el que la jurisprudencia está en camino de construirse, y hace referencia al término Trial by new media (Juicio a través de los nuevos medios), que a su vez es una variación del Trial by media (Juicio a través de los medios), que se popularizó a finales del siglo pasado y comienzos de este en Estados Unidos.

Se trata de la influencia que pueden tener los medios de comunicación y las redes sociales en los procesos y decisiones judiciales, lo que para él demuestra que existe “una preocupante desconfianza de las instituciones”.

Para Escobar, una de las consecuencias del fenómeno es que se instauran mecanismos de aplicación de justicia paralela a la formal, lo que puede acarrear serias implicaciones, como que se condena socialmente a las personas sin que estas antes hayan pasado por un proceso con las garantías que imprime la rigurosidad. Esto conlleva toda clase de efectos, pero, sin duda, uno de los más recurrentes es que se ensucia el buen nombre y la honra de las personas desde el principio, sin valorar el contexto en el que ocurren los hechos”, comenta el jurista.

Escobar recuerda casos como el del ex jugador de fútbol americano O.J. Simpson, quien pese a haber sido absuelto por la muerte de su esposa y el amante de esta, empezó a ser tratado como culpable por la prensa. “Lo mismo ocurre con las redes; juzgan y emiten sentencias que pueden influir a quienes les corresponde tomar las decisiones definitivas”.

El experto señala que es un arma de doble filo, pues “cuando se utilizan las redes como una herramienta de sanción social el resultado es imprevisible para ambas partes”. En este punto, Casas manifiesta que quienes agreden a otros escudándose en las redes sociales también pueden ser objeto de investigaciones, principalmente por los delitos de injuria y calumnia.

Ómar Gamboa, director de los Premios a lo Mejor de las Redes Sociales, opina que la viralidad es un poder que han adquirido las personas, el cual debe ser asumido con responsabilidad. Para este consultor en marketing personal, así como se puede aprovechar la capacidad de convocatoria de las redes para hacer movimientos tan fuertes como la marcha del 2008 en contra de las Farc, o emprender iniciativas políticas tan contundentes como la Primavera Árabe, también existe el riesgo de dañar a otros si no se mide el alcance de esta facultad.

“Nadie tiene aún la fórmula para hacer que algo se vuelva viral –dice Gamboa–, pero creo que los casos en mención tienen en común algo que les dio ese impulso virtual y es que despertaron alguna emoción en la gente, cuya reacción general fue de indignación y, desafortunadamente, a las personas nos unen las cosas malas, que llevan a dañar al otro”, apunta, y asegura que quienes estén frente a una pantalla deben ser conscientes de la responsabilidad que tienen al ser “esta la primera vez en la historia que cualquier humano puede influir en la vida de todos los humanos”, gracias a las nuevas tecnologías.

En general, el consejo que los especialistas dan a las personas para evitar que el mundo virtual se convierta en un lugar violento es que generen espacios de debate responsables, de los cuales un muy buen ejemplo son los blogs, que permiten exponer de manera amplia los argumentos, reposar las ideas y discutir con fundamentos con los demás usuarios.

NICOLÁS BUSTAMANTE HERNÁNDEZ
nicbus@eltiempo.com
Twitter @nicolasb23

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