El fútbol de toque del DIM y el juego veloz del Cali, en la final

El fútbol de toque del DIM y el juego veloz del Cali, en la final

Será una serie de equipos luchadores, pero de estilos diferentes. Una final merecida y pareja.

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31 de mayo 2015 , 10:38 p.m.

Si en algo coinciden Medellín y Cali es en que tuvieron que atravesar dos semifinales feroces. Debieron superar el fútbol para ganar con corazón. Ambos tienen el coraje de los campeones. Lo demostraron. Pero en lo futbolístico son dos equipos diferentes, en su juego, en sus planteles, en sus estrategias, todo eso anticipa una final vibrante y pareja. (Lea aquí: 'El partido estuvo por el lado de Andrés Cadavid': 'Pecoso' Castro.)

Medellín sigue buscando esa sexta estrella, la ha tenido cerquita, ha coqueteado con ella, pero se le ha negado. Hace seis meses, frente a Santa Fe. Hace dos años y medio, frente a Millonarios. Tiene una nueva oportunidad, con un equipo maduro, ordenado, con talento y que ha superado adversidades, altibajos.

Leonel Álvarez, quien fue el último DT campeón con el DIM (2009), debe estar más que satisfecho. Llegó hace solo cinco partidos y ya está en la final, aunque su papel ha sido mínimo. Básicamente, recogió el legado de su antecesor, Hernán Torres. No tenía sentido introducir cambios drásticos y menos en un equipo con una idea consolidada. Leonel la ha fortalecido. (Lea aquí: 'Le ganamos a un grande y ahora vamos por la sexta': Leonel Álvarez)

Es más, el equipo juega a lo mismo que lo hacía con Torres. La habitual tenencia de pelota; el despliegue de jugadores de talento como Marrugo o Hechalar; el intento por tener posesión del balón; el juego por el centro; el constante toque de la pelota. La mano de Leonel ha sido, hasta ahora, más motivacional.

El DT ha aprovechado a los mejores que tiene y que andan en un momento estelar, como el arquero Silva, Hechalar o Caicedo, quien aunque fue el villano de la semifinal al fallar dos penaltis, es su goleador.

Pero el DIM no es imbatible, no lo ha sido en todo el torneo. Otorga mucha libertad en la mitad de la cancha. Y sin la pelota deja de ser poderoso. Sufre.

En la final enfrentará a un equipo que puede aprovechar ese aspecto. Un Cali que le apostó a la juventud, a la cantera, a jugadores desequilibrantes, veloces, irreverentes. Si se pensaba que por su juventud iban a perder frente a Millos, incluso en aquel azar de los penaltis, pues no lo hicieron.

Cali basa su estilo en el juego por las bandas, en la constante y peligrosa salida de sus laterales, principalmente de Palacios, y su sociedad con Candelo. Es un equipo que transita con vértigo, con velocidad. Sus delanteros, Murillo y Preciado, juegan de memoria y son muy incómodos para el rival –no está Santos Borré, que está con la Sub-20–.

Pero tiene otra ventaja, a esa juventud, a esa inagotable cantera que siempre aporta una solución –un Roa, un Casierra–, hay jugadores de experiencia que son el soporte del plantel: Andrés Pérez y Nasuti. Además, tiene el empuje del DT Fernando ‘Pecoso’ Castro, que le imprime su emoción al equipo. Lo mantiene atento, ambicioso, ganador.

Tampoco ha sido perfecto. Ha sido algo irregular en la campaña. Ha cedido mucho de local y ha permitido que lo ataquen en el juego aéreo. Ahí pueden estar sus debilidades.

Medellín y Cali ya demostraron, con sus armas, sus estilos y sus defectos, que tienen el coraje de los campeones, ahora necesitan de eso, y también del fútbol.

PABLO ROMERO
Redactor de EL TIEMPO

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