Editorial: Deshielo gota a gota

Editorial: Deshielo gota a gota

Decisión de excluir a Cuba de la lista de países que auspician el terrorismo es un importante paso.

31 de mayo 2015 , 10:29 p.m.

Con pulso de cirujano y bajo los tiempos de la diplomacia –por lo general ajenos a los afanes propios de otros campos–, avanza la reconstrucción de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.

El hecho más reciente, y sorpresivo si se quiere, fue la oficialización, la semana pasada, de la decisión del país del norte de excluir a la isla de la lista de Estados que auspician el terrorismo, la cual significaba sanciones adicionales a las del embargo.

Aunque de enorme valor simbólico, hay que ver esta exclusión a la luz del esfuerzo por volver a tejer vínculos entre estas dos naciones. En esa medida, se trata de un paso significativo, pero está lejos todavía de ser el último.

Es un avance importante, pues era este un inamovible, un auténtico punto de honor, fijado por el propio Raúl Castro. Tiene lugar, además, de manera simultánea con otro al que, si bien parece un mero formalismo, todos le reconocen su trascendencia: el que su sección de intereses en Washington haya encontrado un banco –ubicado en la Florida– que la admita como cliente para así poder realizar operaciones financieras, incluidas las relacionadas con los servicios consulares.

El no hacer parte de la indeseada lista permitirá también un margen ligeramente mayor que el actual en la relación de dicho Estado con el sistema bancario de EE. UU., así como en la cooperación académica.

Se espera, del mismo modo, que tras este paso venga el muy esperado de la apertura de sedes diplomáticas. Según ha trascendido, las partes no se han puesto de acuerdo en los permisos con que contarán miembros de ambas delegaciones para movilizarse por el territorio de cada país y para desarrollar actividades en sus consulados y embajadas, abiertas a la población local. En particular, Cuba no ve con buenos ojos que el personal diplomático de Estados Unidos pueda interactuar con la gente sin restricciones.

Pero, valga recordarlo, el superar estos escollos, e instalar embajadas y consulados, seguirá supeditado a que el Congreso se decida a levantar el embargo. Decisión que no es probable mientras no cambie el estado de cosas actual, con Obama como inquilino de la Casa Blanca y un Legislativo bajo el control del Partido Republicano. La situación del territorio que hoy ocupa la cárcel de Guantánamo, reclamado por La Habana, es otra importante barrera que se puede divisar en el horizonte de las negociaciones.

Ahora bien, aunque con sus propias lógicas, la diplomacia nunca estará desligada de la política. Esto para decir que, pese a que persisten las posturas radicales que se oponen visceralmente a este proceso, es un hecho que, cada vez más, los estadounidenses voltean su mirada, movidos por la curiosidad, pero también por el interés comercial, hacia la isla. Como si la casa del barrio que por años estuvo clausurada y era objeto de todo tipo de mitos, de repente, se abriera para ser explorada por los vecinos.

Recientemente, la cantante Rihanna la escogió como locación para uno de sus videos, mientras que mañana el renovado Cosmos, de Nueva York, disputará un partido en La Habana contra la selección de fútbol de la isla.

Así, lentamente se va generando un ambiente que más adelante puede llegar a favorecer los pasos decisivos.

EDITORIAL

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