El fenómeno del Niño impacta de nuevo a Colombia

El fenómeno del Niño impacta de nuevo a Colombia

La realidad preocupa por los impactos en la economía nacional. El precio del petróleo ha disminuido.

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29 de mayo 2015 , 08:25 p.m.

Con lo del fenómeno del Niño ha pasado lo del pastorcito mentiroso, que anuncia que llega el lobo y el lobo no llega. Pero ahora el lobo ha llegado, y posiblemente se comerá a la mayoría de las ovejas.

En efecto, el Niño modelo 2015 ya se ha instalado para quedarse el resto del año, según muestran todos los indicadores oceánicos y atmosféricos que procesan instituciones científicas como el Centro de Predicción Climática (CPC) de la Administración Nacional de la Atmósfera y el Océano de los Estados Unidos (NOAA), el Instituto Internacional de Investigación sobre el Clima y la Sociedad (IRI) de la Universidad de Columbia (Estados Unidos), el Centro de Previsión del Tiempo y Estudios Climáticos (CPTEC) del Instituto Nacional de Pesquisas Espaciales (INPE), del Brasil; el Bureau de Meteorología, de Australia, y otros más.

Esta es una realidad que preocupa, por los serios impactos que tiene sobre la economía nacional, de por sí ya afectada por los bajones del precio del petróleo.

El Ideam, hace unos años, actualizó los mapas de impacto del Niño en las lluvias del país y lo que allí se observa, a nivel trimestral, es una muy seria escasez de agua en gran parte del país durante el segundo semestre del año y en el primer trimestre del 2016.

Es una sequía muy tenaz, según ya la hemos experimentado en carne propia todos los colombianos por los racionamientos eléctricos de 1991-1992 (que afortunadamente no se ha repetido por las medidas preventivas que este sector aplica) y la escasez de agua para consumo humano y animal (miles de reses muertas de sed y hambre), así como las gravísimas pérdidas para la agricultura en la costa caribe y los departamentos andinos principalmente.

También se afecta la navegabilidad en los ríos, y esa sequedad genera incendios forestales de manera natural y provocada, con graves perjuicios para los ecosistemas.

Es un drama general nacional, que todos los sectores deben contemplar de inmediato, aplicando las medidas preventivas que sean del caso y dándoles una buena lectura a las informaciones que entrega habitualmente el Ideam de manera responsable, como lo hizo el año pasado, así se le haya mojado la pólvora a ese Niño.

No creo que sea necesario repetir la cruzada nacional que el director del Ideam realizó en el 2014, sino seguir sus consejos tal cual.

¿En qué consiste el fenómeno del Niño’?

El término ‘el Niño’ ha sido usado durante cientos de años por los marineros y pescadores suramericanos, y define el calentamiento anual de unas corrientes oceánicas que fluyen hacia el sur, aguas afuera de las costas de Ecuador y Perú, cerca de la época de Navidad.

El fenómeno del Niño es un proceso oceánico-atmosférico, con ciclos que están entre 3 y 7 años, durante los cuales hay un cambio drástico (debilitamiento) en los vientos alisios que soplan sobre el océano, conducente a un debilitamiento de la corriente fría de Humboldt y a un cambio de dirección de las corrientes oceánicas que normalmente mueven el Pacífico ecuatorial desde América del Sur hacia Asia. Las aguas cálidas inician entonces un lento desplazamiento desde la piscina cálida asiática hacia América, y modifican temporalmente (desde varios meses hasta más de un año) los patrones de funcionamiento de todo el océano Pacífico tropical y la atmósfera global, que se denomina fenómeno del Niño. En términos científicos se denomina ‘el fenómeno ENSO (El Niño Southern Oscillation)’, o ‘el Niño Oscilación del Sur’.

El Niño, en general, tiene una duración media de 12 meses, aunque ha habido algunos que solo han permanecido 7 meses (en 1946) y otros que han sido de hasta 28 meses (entre 1939 y 1942). El clima de muchos países del mundo cambia por su causa, incluido el de Colombia. En unos sitios del planeta las lluvias son más intensas, y en otras latitudes hay sequías muy impactantes.

Es importante conocer el mecanismo de esa corriente de aguas frías, que se origina en la Antártida, la corriente de Humboldt, descrita y definida por el científico alemán Alexander von Humboldt como un enorme río submarino que avanza paralelo a la costa chilena y peruana de sur a norte y se desvía de ella a la altura de Cabo Blanco (noroeste del Perú), aflorando a la superficie del mar.

Ella se forma por la rotación de la Tierra sobre su eje y avanza desde la isla Chiloé, en Chile, hacia el norte, y causa esa anomalía térmica que Humboldt detectó en su viaje a estas regiones.

Su desplazamiento cerca de la costa en esa dirección sur-norte es concordante con el movimiento sur-norte de los vientos sobre el océano. Las corrientes atmosféricas generalmente determinan las corrientes oceánicas, especialmente aquellas de mayor escala.

Las aguas frías frente a la costa suramericana son el principal factor determinante de la sequía extrema del desierto de Atacama, condiciones que solo se alteran cuando se inicia y se desarrolla un fenómeno del Niño. En ese caso, la corriente fría de Humboldt se frena, lo que causa unas condiciones oceánico-atmosféricas radicalmente distintas, que permiten que llueva torrencialmente durante algunos meses (los mismos que dura el Niño) en el desierto.

En algunos casos, estas lluvias poco comunes inducen desastres como el registrado en la ciudad de Antofagasta durante el Niño de 1991; y hace solo unas pocas semanas, de nuevo, por avalanchas de lodo que bajan de las montañas arenosas y desérticas de sus alrededores.

El clima se perturba radicalmente en los países suramericanos, pero también en América Central y del Norte, y en gran parte del resto del mundo. Colombia sufre por escasez de lluvias durante varios meses, sequía que genera interferencia en los procesos productivos de la economía agropecuaria, en la generación hidroeléctrica, en el suministro de agua para consumo humano, el transporte fluvial y en el medioambiente natural, por los incendios forestales naturales. De manera directa e indirecta se afecta la vida de los colombianos, por los impactos económicos de estos fenómenos.

Durante los eventos del Niño se debilita la confluencia de los vientos alisios, afectando negativamente el comportamiento de las lluvias en Colombia. No deja de llover, pero sí cae menos agua y los déficits mensuales en las cantidades de precipitación, acumulados durante más de 5 o 6 meses seguidos, generan una sequía, que es lo que se espera que suceda en el segundo semestre del 2015 y el primer trimestre del 2016, por lo menos.

Los impactos mundiales del Niño durante el invierno del hemisferio norte son las lluvias abundantes en las costas de Ecuador y Perú, la costa del Golfo, en el sur de los Estados Unidos, la costa de Uruguay y la provincia de Buenos Aires, y el sur de Brasil (Rio Grande do Sul); causa sequía en el Pacífico asiático y en Australia, y un tiempo más cálido de lo normal en el noroeste de Estados Unidos, en las costas del oeste y este de Canadá, así como en Japón y Corea.

Los indicadores del Niño

Cuando hay un Niño, las temperaturas del océano Pacífico son mayores de lo normal en por lo menos 0,5 ºC durante tres meses seguidos. Cuando las anomalías térmicas están entre 0,5 y 1 ºC, se considera un Niño débil, pero cuando las anomalías superan 1 ºC, el evento se considera moderado, y si superan los 2 ºC por encima de lo normal, es un evento fuerte.

El calentamiento actual, a finales de mayo y comienzos de junio del 2015, se ubicaba en la mayoría de las zonas del Pacífico entre 1 y 2 °C, pero con pronóstico de subir más.

No solo se calientan las aguas superficiales; también en las profundidades del Pacífico hay aguas con temperaturas superiores a lo normal, que en el caso actual llegan hasta +5 ºC, indicándonos que lo que está sucediendo con estas temperaturas es algo grande.

Hacia el próximo futuro

Las predicciones son claras. Los modelos probabilísticos dan un 95 por ciento de probabilidad de que haya Niño hasta mitad de año; del 90 por ciento durante los meses de mitad de año hasta septiembre; y del 80 por ciento de que se mantenga hasta finales del 2015.

Los modelos dinámicos y estadísticos que se corren en muchos centros climáticos del mundo son casi unánimes en cuanto a prever un Niño. El promedio de todos estos modelos indica que el Niño que resultará podría ser de moderada intensidad, con anomalías de entre 1 y 1,5 ºC.

Por último, el Bureau de Meteorología de Australia ya bajó bandera y, con determinación, asegura que el Niño está creciendo muy rápidamente y podría ser más fuerte de lo que se prevé.

MAX HENRÍQUE DAZA
Meteorólogo
Especial para EL TIEMPO

 

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