La mujer transgénero que lucha por vencer la discriminación

La mujer transgénero que lucha por vencer la discriminación

Trabajadoras del Santa Fe quieren dejar de ser la población LGBTI más golpeada por la violencia.

notitle
29 de mayo 2015 , 04:04 p.m.

“Si usted quiere ser mujer, aprenda a lavar y a cocinar”. Eso le dijo la abuela a Cesar Augusto Mena cuando le contó que no se sentía hombre. Hoy, a sus 33 años, no solo se transformó sino que sabe que los derechos de la población transgénero son otros, muy diferentes.

Pero eso no lo sabía cuando su vida transcurría en Palmira (Valle), aunque ya se le notaban sus dotes de líder, y se atrevió a ir al colegio vestida de mujer. Luego de la muerte de su mamá abuela, Pamela Victoria Mena solo encontró lugar en las peluquerías de su región y poco tiempo después entró al mundo de la prostitución, el destino de muchas como ella cuando se dan cuenta de que es el único escenario en donde encuentran oportunidades. “Nosotras somos la población más discriminada de la sigla LGBTI”, dijo.

Así fue como a los 17 años llegó a Bogotá, tarde. Hoy se sabe que al barrio Santa Fe (Mártires) arriban jóvenes de todas partes del país desde los 12 años a rebuscarse un futuro y a empezar su transformación. “A los 22 años comencé a hacerme cirugías”.

Sobrevivió porque fue adoptada por Karla Visconti, una madre ‘trans’. Así se les llama a las mujeres de más edad que saben cómo moverse en el mundo de la prostitución y ganarse el respeto en medio de tanta hostilidad. “Ellas nos reciben en la casa y nos protegen. Para la época, yo vivía en Santa Isabel y trabajaba en el centro”.

En esa vida los hombres solo son un sinónimo de plata. A ellas les cuesta trabajo confiar en alguien pues conocen los secretos más viles de la naturaleza humana. “Cómo hacerlo, si vi a compañeras morir en las esquinas”.

No fue el peor recuerdo; en otra ocasión fue arrastrada por cuatro hombres. Su cabello quedó atorado en las llantas del vehículo de los extraños. “Quedé con laceraciones en todo mi cuerpo, me recuerdan ese día, así como varias cicatrices que me dejaron los hombres que me hirieron con cuchillos”. Ellas saben a qué se exponen; por eso, tienen que aprender a defenderse.

La violencia contra esta población es histórica en Bogotá. Cindy Núñez, una mujer transexual adulta mayor, de Puerto Gaitán (Meta), tiene los peores recuerdos del F2. “Nos llevaban a Monserrate, nos desnudaban y luego nos disparaban. Muchas cayeron en el monte y otras llegábamos arrastrándonos a la Circunvalar. Nos tocaba pedir ropa o taparnos con cartones”, contó la mujer, quien vio morir a muchas de sus compañeras. Las degollaban en las habitaciones sus propios clientes.

Todas estas mujeres transexuales han encontrado ayuda del Distrito a pesar de que su actividad es la prostitución. Reciben educación y talleres gratuitos. / Foto: Héctor Fabio Zamora.

Pamela, aunque en una época menos crítica, también cumplió su ciclo. “Yo fui trabajadora VIP, de las que no salen a la calle, de páginas de internet, de videochat, en casas de citas, pero luego cumples cierta edad y todos te desechan. Las jóvenes se trepan rápido de senos y cola”, dijo.

Eso les pasa a muchas, terminan en las calles o en la completa indigencia. Ella no quería ese final y, por eso, paró, se retiró de la prostitución y comenzó a cambiar vidas. Iba a cuanta reunión la invitaban y lo primero que le pidió al Distrito fue que llegara al barrio Santa Fe, a la zona de tolerancia más pesada de la ciudad. “Mucha gente dice que Petro no ha hecho nada; a nosotras nos cambió la vida. Yo, por ejemplo, ya terminé mi bachillerato y sueño con entrar a hacer una carrera profesional. Lo único malo es que ahora todas se quieren venir a Bogotá. Eso hace que se reduzca el trabajo”.

Es por eso por lo que necesitan que se dé lo que ellas llaman el ‘gran paso’. “Que nos vean como mujeres, que acepten nuestra estética, que podamos trabajar en cualquier lado, estudiar, ir a la universidad”, en pocas palabras, el pase de salida de un mundo en donde están confinadas en un solo barrio.

Hoy esa lucha de palabras logró que el centro comunitario llegara hasta su lugar de trabajo. Luego vino lo que catapultó su trabajo social. “Fui elegida como la mujer T local y luego distrital”. Al comienzo no quería porque consideraba que era un reinado de belleza donde ganaba la más bonita, pero luego supo que su triunfo es por haber superado barreras, estudiar y, sobre todo, luchar por sacar adelante a su población.

De hecho, trabaja con la Secretaría de Salud, su primera oportunidad como funcionaria pública. “Soy gestora ‘trans’. Mi trabajo es acercar a las mujeres al sistema de salud, a que tengan un acceso digno”, dijo con orgullo, se le nota.
Sus compañeras han transformado sus cuerpos en clínicas de garaje y hoy sufren las consecuencias de haberse introducido polímeros, aceite de cocina o implantes artesanales que terminaron por enfermarlas el resto de sus vidas.

“Si están en situación de pobreza, también hago el contacto con Integración Social para que reciban algún tipo de ayuda”, contó.

Hay más. Hoy muchas mujeres han sacado provecho de talleres en los que han participado. Unas cosen, otras lideran el grupo de danzas, y así cada una se va reconciliando con la vida. Se les notaba en un ensayo en donde practicaban la coreografía de una canción gracias a la experiencia de Nicole Ortiz, de 39 años. “Me prostituí porque es la única opción, pero yo sé hacer muchas otras cosas, como bailar”, señaló.

La idea es poner en escena su baile; más que eso, su posibilidad de visibilizarse a través de arte y la política. “Esa será nuestra forma de marchar el próximo 28 de junio, Día del Orgullo Gay, que debería mejor llamarse el de la diversidad”.

Ahora hay algo más en la vida de Pamela que ese futuro de sombras al que estaba confinada: envejecer en una esquina.

Reconstruyendo memoria

Con la propuesta Trans-hitos de memorias, la Red de apoyo y afecto a mujeres T, en donde Pamela es líder, ganó 15 millones de pesos gracias a la Beca Comunidades Creativas en Territorios Prioritarios, que otorga la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte. Con el apoyo a estas iniciativas se reconocen los procesos comunitarios que contribuyen a superar la segregación y la discriminación social a través del arte y la cultura. La propuesta ganó por reconstruir las memorias y trabajar por la construc- ción de identidad de tres generaciones de mujeres ‘trans’ de la zona de alto impacto del Santa Fe. Esto, con una puesta en escena y la compilación de memoria gráfica y escrita que cuenta la historia de estas mujeres en Bogotá.


*Escríbanos a carmal@eltiempo.com

CAROL MALAVER
Redactora de EL TIEMPO

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.