Desalojo de Villa Café se realizó, pese al clamor de los invasores

Desalojo de Villa Café se realizó, pese al clamor de los invasores

Ni los abogados ni las protestas impidieron que se llevara a cabo la orden judicial en Medellín.

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28 de mayo 2015 , 07:47 p.m.

En su mano izquierda la guitarra envuelta en un costal. En el hombro derecho un tarro de basura con pocas pertenencias. Con paso ligero –como de hombre asustado–, Jorge Enrique Noreña le huyó este jueves al desalojo del predio Villa Café que ejecutaron hombres de la Policía Nacional y funcionarios de la Alcaldía de Medellín.

Con esas dos cosas, un “vacío en el alma” e incertidumbre en la mirada, el anciano de 78 años iba en busca de la calle: “Me salí antes de ver a los policías destruyendo mi casa”.

Le dice su casa porque en los últimos seis meses así la consideró, pese a que sabía de la existencia de dos fallos –uno de una Inspección y otro de un Juez Departamental de Policía– que ordenaban la expulsión de 297 familias que se asentaron, hace seis meses, en predios que pertenecen a la Ladrillera Santa Rita.

Hacia las 10:00 a. m. se inició una escaramuza que no duró más de 10 minutos. Habitantes denunciaron agresiones en su contra. Diana Sánchez/EL TIEMPO

 

Intentaron de todo para evitarlo. Se tomaron la iglesia Nuestra Señora de Belén por 11 días, la cual dejaron luego de que un feligrés le ofreciera al propietario del terreno de Villa Café un cambio de propiedad: le daba una de dos fincas –en San Jerónimo o en Venecia– a cambio de no hacer efectiva la orden de desalojo. Evidentemente eso no pasó.

También instauraron acciones de tutela, solo una, de más de cien, le fue aceptada por el Juzgado Departamental de Policía. Fue la de doña Ana de la Cruz Pedroza, quien aseguró habitar esos predios hace más de 20 años.

“Yo venía aquí a lavar la ropa en los tanques. Eso era solo monte, después de un tiempo me instalé con mis hijos y, por fin, conseguí una casita”, recordó la mujer negra, de manos gruesas y temblorosas.

Ella, y su firma en un papel, se convirtieron en rumor de esperanza: “¡Ganamos una tutela, la ganamos!”. Gritaba en la mañana de este jueves la multitud de mujeres, niños y hombres que con una inmensa bandera de Colombia y carteles que pedían respeto de sus derechos, exigieron que pararan con la destrucción de los cambuches que armaron. Pero no fue así, la tutela, para el juzgado, fue improcedente.

Ana de la Cruz regresó cabizbaja y su tristeza se la transmitió al resto de los pobladores de Villa Café, que luego de protagonizar algunas escaramuzas contra el Esmad, sacaron en sus hombros los colchones donde durmieron, las cobijas que les protegieron del frío y una que otra bolsa, en donde si pudieran, como dijo la mujer, “hubieran empacado la esperanza”.

“Pero eso ya se perdió mijo. Se perdió”, dijo Ana de la Cruz, mostrando la rechazada acción de tutela.

Reiman de Jesús Murillo no esperó a confirmar lo que su corazón ya le decía. En medio del frío de la nublada mañana, cuando vio a lo lejos las negras armaduras de los agentes antidisturbios, sacó a sus dos pequeños hijos y a su esposa del lugar. No quería arriesgarlos, ni que vieran cómo la retroexcavadora o las herramientas de los funcionarios les demolían los sueños de familia.

“Yo me vine aquí porque no tenía para donde irme, ahora quedo en las mismas –dijo el hombre mientras sudaba por el peso de las cosas que alcanzó a sacar–. ¿Qué va a pasar? Pues mientras nos vamos para la casa de mi suegra y de ahí lo que Dios quiera”.

Uno de los abogados de los invasores de Villa Café, Mauricio Herrera, calificó el desalojo como una prueba de la flagrante violación de los Derechos Humanos, no solo de parte de la Policía, sino también de la Alcaldía de Medellín.

“A esta gente le violaron todos los derechos y el debido proceso”, dijo el defensor a la vez que anunció que interpondrá las acciones legales pertinentes.

Por su parte, la secretaria de Gobierno de Medellín, Claudia Patricia Wilches, dijo que el operativo, que empezó a las 6:10 a. m., se hizo dentro de los parámetros legales y en el tiempo establecido que ordena la ley en estos casos.

“Se procuró por el respeto a las personas que allí habitaban”, precisó Wilches, quien en días anteriores aseguró que presentará a los desalojados la oferta institucional de vivienda que tiene la Alcaldía.

Jorge Enrique Noreña salió con su guitarra y sus cosas empacadas en un tarro de basura. Aseguró que se irá a dormir a la calle. Diana Sánchez/EL TIEMPO

A Jorge Enrique, pese a que está en el censo que hizo la administración, no le ha llegado ningún ofrecimiento.

“Ya para qué. Nos trataron como basura y es ahí a donde nos va a tocar ir a dormir –dijo con voz temblorosa–. Ya no hay techo, solo queda la calle”.

‘Quien mienta le da casa al más pobre’

“Aquí hubo una actitud muy burlesca; porque dijeron que una persona estaba donando un predio en San Jerónimo o Santa Fe de Antioquia, pero era una acción engañosa para que ellos dejaran la iglesia de Belén (que se tomaron durante 11 días), frustrando los sueños de tener una vivienda digna. Y ahí hubo un engaño, no solo de la Iglesia sino también del alcalde (Aníbal Gaviria)”.

Las palabras fueron de Mauricio Herrera Valle, uno de los abogados de Villa Café, que precisó que con esa “artimaña” lograron truncar la protesta que se trasladó al templo católico más importante de la comuna 16. Por supuesto la respuesta no tardó.

En diálogo con EL TIEMPO el sacerdote de la Iglesia Nuestra Señora de Belén, José Mauricio Vélez, invitó a ese abogado a que compruebe lo que está diciendo.

“El feligrés que ofreció el predio a la ladrillera lo hizo con la condición de que no se desalojara a esas personas, pero el desalojo se dio, entonces el benefactor no debe figurar. Pero a lo que invito a los abogados, que ponen en tela de juicio la palabra de la Iglesia, es que escojamos a la familia más pobre de Villa Café: si yo digo mentiras, yo le doy una casa; pero si los abogados son los que mienten que se la den ellos y le llamaremos la ‘casita de la verdad”, propuso el sacerdote.

Herrera se sostuvo en lo mismo, y precisó que lo único que le queda es que el proceso pueda pasar a la justicia ordinaria, cosa poco probable, pues la última instancia en casos de desalojo es el Juzgado Departamental de Policía.

El padre Vélez, por su parte, expresó que lo que ocurrió en Villa Café debe ser un punto de partida para que la administración municipal se cuestione sobre las políticas de vivienda y pobreza extrema que manejan en las oficinas de la Alpujarra. “El problema no acaba con el desalojo. Esa gente no tiene para dónde irse, es decir, ellos, como muchos otros, no tienen casa digna”, dijo.

El desespero y la tristeza se adueñó de los familiares de los invasores de Villa Café. Diana Sánchez/EL TIEMPO

La Policía impidió el ingreso de reporteros

Aunque los invasores, a gritos, pidieron el ingreso de la prensa para registrar el operativo de desalojo, la Policía del Área Metropolitana del Valle de Aburrá, no permitió que los periodistas cruzaran las vallas de protección.

EL TIEMPO llamó al celular del comandante de la Policía en el Aburrá, general José Gerardo Acevedo, pero este fue contestado por un subordinado, quien aseguró que, por seguridad, no iban a permitir que los periodistas presenciaran la diligencia desde cerca. Un alto oficial de esa entidad precisó que la orden no fue una censura.

YEISON GUALDRÓN
Redactor de EL TIEMPO
Medellín

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