Volver a mirarse al espejo después de la violencia sexual

Volver a mirarse al espejo después de la violencia sexual

Cerca de 80 sobrevivientes recibieron transformación física que simbolizó el cambio que afrontan.

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26 de mayo 2015 , 08:22 p.m.

Víctor Cortés prefiere no mencionar el nombre femenino con el que figura en su documento de identidad. Lo evita, porque desde hace mucho sintió que había nacido en el cuerpo equivocado y que su género y orientación sexual eran los de un hombre, los de un hombre que solía jugar torneos de fútbol por las calles de Tumaco, que abogaba por sus amigos cuando había injusticias, que soñaba con ir a la universidad y a quien hace ocho años un guerrillero quiso arrebatarle su sentir y su forma de ser durante una espantosa violación.

Por esto último, dice Víctor, a veces le cuesta mirarse al espejo. Sin embargo, en la noche de este lunes, Día Nacional por la Dignidad de las Mujeres Víctimas de Violencia Sexual, se vio convertido en un elegante caballero capaz de mirarse a sí mismo libre de culpas y de miedos.

Por primera vez usaba traje de paño, camisa blanca, corbatín y zapatillas. Un grupo de estilistas combinaron las piezas del vestuario, trenzaron su pelo y le dieron un poco de brillo a su rostro y a sus uñas.

Entonces, Víctor pensó que le gustaba esa imagen, que tal vez la ropa seria le sentaba mejor que los 'jeans' y las chaquetas de siempre, que era un joven apuesto, merecedor de halagos, y que era capaz de pararse y decir: “Soy transexual, no me gusta que me nombren por “ella”, soy sobreviviente de violencia sexual y tengo todo para ayudar a otros hombres y mujeres a sanar heridas como las mías”.

Víctor Cortés está en el grupo de los 80 sobrevivientes de violencia sexual que fueron homenajeados durante una sentida gala en la noche del lunes. El evento tuvo lugar en el teatro Faenza de la Universidad Central, y tanto a él como a los demás los aplaudieron por su valentía de denunciar sus hechos victimizantes y de dar un paso adelante motivando a otros a hacer lo mismo en ciudades y territorios lejanos.

El momento ameritaba 12 estilistas dedicados a los sobrevivientes, 200 opciones de vestidos ─30 de los cuales fueron donados por la boutique Santa Canela─ y decenas de pares de zapatos donados por Marta Páez, para que Víctor y los demás estuvieran tan despampanantes como si asistieran a la gran fiesta de sus vidas. Y tal vez lo fue para muchos.

Según Aida Hudson, asesora de la Unidad Nacional de Víctimas, la transformación y la gala, en la que estuvieron artistas como Julieta Venegas y Kany García, si bien no equivalen a una reparación, sí sirvieron para resarcir simbólicamente todo el daño al que han sido sometidos.

“Es un proceso que viene de adentro hacia fuera. Con esta transformación seguramente se miraron al espejo y ratificaron que son bellas, que son fuertes y que pueden encontrar otro camino”, expresa Giovanni Piragua, productor artístico de la campaña ‘No es hora de callar’ ─iniciativa impulsada por EL TIEMPO Casa Editorial─, dirigida por la periodista Jineth Bedoya y núcleo de la jornada que tuvo lugar en los últimos tres días con el ‘Festival por la vida de las mujeres’.

Yirleis Velasco, sobreviviente de violencia sexual. Foto: Héctor Fabio Zamora.

Por ejemplo, Yirleis Velasco, sobreviviente del departamento de Bolívar, usó por primera vez vestido y tacones después de la violación a la que un grupo de paramilitares la sometieron.

Hace 15 años, parte de la humillación de los armados consistió en pintar descaradamente su rostro y en obligarla a usar dos vestidos que la hacían lucir grotesca.

Desde entonces, hablar y usar maquillaje y trajes elegantes pasaron de ser sus mayores miedos, en los vehículos para remover el terror de aquella fecha.

Sin embargo, el coraje que caracteriza a Yirley le ha permitido dar grandes pasos. Hace cinco años denunció los hechos ante un fiscal, tuvo la fortaleza para contarle lo sucedido a su familia y en los últimos meses ha motivado la denuncia de otras ocho mujeres víctimas de su pueblo, con quienes cada 8 de marzo, Día de la Mujer, realiza una caminata que es símbolo de su lucha.

Usar vestido, maquillaje y peinado eran las piezas del rompecabezas que le faltaba para sellar su proceso de sanar, seguir adelante y tender una mano a otras mujeres, y sin embargo, esta batalla tampoco le quedó grande.

Este lunes se subió a unos tacones brillantes de 10 centímetros; una estilista de Adriano Peluquería, empresa que donó su trabajo para la transformación, al igual que lo hizo Patricia Marulanda con los cosméticos y la asesoría de imagen, recogió su cabello y le puso lápiz labial rojo, mientras ella, con un vestido rosa hasta los tobillos, dijo segura: “Hoy siento que mi dignidad está alta”.

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