Así fue la beatificación de Monseñor Óscar Romero

Así fue la beatificación de Monseñor Óscar Romero

Miles de personas honraron la memoria de uno de los símbolos de la guerra civil en El Salvador.

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23 de mayo 2015 , 07:35 p.m.

Cientos de miles de católicos salvadoreños, junto a sacerdotes y jerarcas de esta iglesia, celebraron hoy la beatificación del arzobispo Óscar Romero con una misa que dio término a la que celebraba el religioso cuando fue asesinado en 1980.

En la historia del nuevo beato persistían dos misas inconclusas, la primera del 24 de marzo de 1980 en la que se disponía a consagrar las especies del rito católico cuando una bala le perforó el pecho y destrozó la aorta. El entonces arzobispo murió de un disparo en el pecho el 24 de marzo de ese año a manos de un francotirador de la ultraderecha, después de clamar por justicia social y el fin de la represión en su país. El asesinato desató una guerra civil de 12 años que dejó 75.000 muertos. Su muerte fue considerada por el Vaticano como un “martirio por odio a la fe”, lo que allanó el camino para su beatificación. Nadie ha sido sentenciado por el magnicidio.

La segunda misa faltante, fue la del 30 de marzo del mismo año en la Catedral Metropolitana de San Salvador en el día de sus exequias, unos estallidos iniciaron la estampida humana de los millares de feligreses presentes, el saldo fue un número indeterminado de muertos por aplastamiento, asfixia, tiros. De nuevo otra misa inacabada. (Lea también: El sacerdote que enfrentó la represión va camino a la santidad)

Los asistentes inundaron los alrededores del monumento al Salvador del Mundo en San Salvador apenas amanecía, que muchos creyeron que no llegaría. En el 2013, el actual arzobispo de San Salvador, José Luis Escobar, dijo que el uso político de Romero "para bien o para mal" afectó el proceso canónico abierto en el Vaticano desde 1994.

El hormiguero de gente cubrió el lugar, la marabunta devoró metro a metro el asfalto y el concreto; muchos luchaban por el mejor lugar para ver el altar dispuesto para el acto religioso, otros se conformaban con la sombra de sus paraguas. Antes de que el incienso inundara el altar, el ambiente en la asamblea religiosa parecía no tomar vida, los animadores cansados por la vigilia de la noche anterior no lograban prender el fuego de los devotos.

Los mismos intentaron sin éxito pleno que la concurrencia surfeara la tradicional ola de los estadios; el músico de la previa, armado con una voz parca, un ritmo taciturno y una descoordinación galopante, apenas logró despertar al "monstruo" católico. "Dale que la marcha es lenta pero sigue siendo marcha, dale que empujando al sol se acerca la madrugada, (...) dale salvadoreño, dale", cantaban.

Al igual que la noche anterior, los recuerdos del beato pululaban, Romero multiplicado caminaba con el pueblo en camisas, bufandas y hasta en bolsas con agua para los sedientos. Al repicar por tercera vez las campanas virtuales se dio inicio a la ceremonia, el canto de un coro fue la inyección de adrenalina que alejó lo soporífero de la mañana soleada.

"Que alegría cuando me dijeron, vamos a la casa del señor, ya están llegando nuestros pies...", resonaba en los edificios colindantes con el lugar. "En virtud de nuestra autoridad apostólica, facultamos para que el venerable siervo de Dios, Óscar Arnulfo Romero Galdámez, obispo y mártir, pastor según el corazón de Cristo, evangelizador y padre de los pobres (...) en adelante de se le llame Beato", leyó el biógrafo de Romero, Jesús Delgado, de un documento enviado por el papa Francisco. (Lea también: Romero: beato salvadoreño querido como santo y pastor de los pobres)

El incienso subió a los cielos, corrieron lágrimas, los vivas espontáneos aparecieron, el calor no importaba, el cansancio era cosa "paganos", Romero subió a los altares y un halo de luz multicolor coronó el cielo salvadoreño.
"Es Romero, el cielo está de fiesta, nosotros estamos de fiesta", dijo a Efe Esmeralda Ochoa. "Con esta celebración se lleva a término la misa interrumpida el día de martirio y la interrumpida el día del funeral", dijo Vincenzo Paglia, postulador de la causa de Romero en el Vaticano. Agregó que "mientras sube a los altares como beato y mártir de frente a tanta violencia sangrienta en el mundo", Romero sigue "hablando y pidiendo nuestra conversión".

Por su parte, Angelo Amato, prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos dijo en su homilía que "el martirio (de Romero) no fue una improvisación, sino que fue una larga preparación" porque "era un hombre de fe inquebrantable".

"Romero no es símbolo de división sino de paz, de concordia y de fraternidad", señaló el purpurado. Tras estas palabras, un silencio protocolario y un grito solitario que desde la multitud decía "bajen al hijo del asesino", otro par asistentes lo repitieron, pero no causó el mismo efecto que los vivas de Romero.

El grito hacía referencia a Roberto d'Aubuisson hijo, cuyo padre, con el mismo nombre, es señalado por el informe de la Comisión de la Verdad de las Naciones Unidas que investigó los crímenes contra derechos humanos cometidos antes y durante la guerra civil salvadoreña de ser el autor intelectual del asesinato de Romero.

En contraste, María Luisa d'Aubuisson, hermana de Roberto d'Aubuisson padre y seguidora de monseñor Romero, dijo estar "contentísima" con la beatificación de Romero porque "le sienta muy bien no solo a El Salvador, sino a todo el mundo y a la Iglesia que tienen que unificarse, (porque) está muy dividida".

"Se ha sentido la presencia de monseñor Romero entre nosotros, y mi mayor deseo es que nos traiga paz y reconciliación a este pueblo", dijo a Efe.

Con Romero nombrado beato y la misa concluida, los millares de personas se dispersaron, con la esperanza que interceda por ellos que viven en uno de los países más violentos del mundo.

"Yo le pido a Romero mucha fortaleza para luchar y tener un pueblo mejor, sin violencia, sin tanto sufrimiento", dijo Alma Argentina Flores a Acan-Efe, ella es una octogenaria que disfrutó del evento desde una silla de ruedas.

Otras reacciónes

El presidente estadounidense Barack Obama expresó su regocijo por la beatificación del prelado salvadoreño, a quien definió como una personalidad “inspiradora” para todo el continente americano. “Hoy me uno a la gente de El Salvador y de todo el mundo para recibir con regocijo la beatificación del Arzobispo Romero”, expresó el mandatario estadounidense en una nota oficial de la Casa Blanca.

EFE y AFP

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