Editorial: Mucho más que un avance

Editorial: Mucho más que un avance

La conquista de Ramadi y Palmira por el Estado Islámico es mala noticia para Obama.

21 de mayo 2015 , 08:44 p.m.

Proveniente de la teoría del caos, se le llama ‘efecto mariposa’ a lo que ocurre cuando una discrepancia entre dos situaciones, fruto de una variación pequeña en los datos iniciales, da pie a que ambas evolucionen de forma completamente distinta. Con frecuencia y, por supuesto, guardadas las proporciones, se recurre a ella como metáfora a la hora de referirse a hechos que tienen lugar en el marco de la geopolítica mundial.

Es el caso de las repercusiones que comienza a tener la conquista por el Estado Islámico (EI) de la ciudad iraquí de Ramadi y de Palmira, en Siria. Lo que podría interpretarse como un logro más de esta organización extremista en su propósito de extender el territorio del califato que hace un año proclamó su líder, Abu Bakr al Baghdadi, en Mosul, tiene complejas repercusiones. A estas alturas, no solo amenaza con sacudir –de nuevo– a una región escenario de un complejísimo ajedrez, sino también la política interna del país del norte.

Y es que con esta victoria no solo están en peligro las ruinas de palacios, templos y tumbas de dicha ciudad siria, conocida como la Perla del Desierto y declarada patrimonio de la humanidad por la Unesco –entidad que ya tuvo que lamentar, y con ella todo el planeta, los irreparables destrozos de los yihadistas en Nimrod, de Hatra y Nínive, en el norte de Irak–, y por mucho tiempo principal destino turístico del país en épocas en que gozaba de una estabilidad que hoy añora y se ve cada día más lejana y esquiva. También queda en entredicho el respaldo de los estadounidenses a decisiones cruciales que ha tenido que tomar Obama respecto a cómo debe actuar su país en una situación cuya complejidad invita a recurrir a la mencionada teoría del caos para dar cuenta de la misma.

Para ser claros: estos pasos dados por el EI demuestran que el ejército iraquí no está aún en capacidad para contenerlo y que la estrategia de la Casa Blanca, consistente en ataques aéreos y envío de asesores militares a Bagdad, puede quedarse corta, situación de la que toman atenta nota los republicanos. Es también una bofetada al optimismo de algunos militares de este país que hace pocos días habían dicho que esta agrupación se encontraba diezmada, ya sin capacidad de llevar a cabo ataques a gran escala.

Así, pues, el “coco” del yihadismo se vuelve a asomar por la ventana del debate público de este país y, de paso, le muestra los dientes una vez más a Occidente. Mientras, Obama se enfrenta a una dura encrucijada, pues al descartar la opción de enviar tropas –la perspectiva de las bolsas negras y su costo político son poderoso argumento en vísperas de elecciones– no le queda más alternativa que insistir con los bombardeos no obstante las contundentes señales de que estos no son suficientes. Para hacer más enrevesado el panorama, hay que añadir que la otra opción, apoyar fuerzas locales, debe hacerse con pinzas para evitar terminar fortaleciendo a Bashar al Asad –también rival de EI– o incluso a Irán, que por causa del milenario enfrentamiento religioso entre chiitas y sunitas en esta pelea está del mismo lado que Washington.

Es una auténtica sin salida, pues, la que hoy parece enfrentar Obama. Y, vaya paradoja, es en el mismo terreno en el que se jugó la partida que hace siete años lo puso en la Casa Blanca.

editorial@eltiempo.com

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