Recorriendo las tierras mágicas de Santander

Recorriendo las tierras mágicas de Santander

Descanso, diversión y aventura en un departamento bendecido por la naturaleza.

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12 de mayo 2015 , 05:00 p.m.

Una recua de mulas se atraviesa en la carretera que de Boyacá conduce a Santander, a la altura del municipio de Barbosa. Van cargadas de bultos de caña de azúcar rumbo a algún trapiche. Por las ventanas de la camioneta se cuela el dulce olor de la panela santandereana.

Salimos desde Bogotá, pasamos por Tunja (Boyacá) y tomamos la vía que conduce a Bucaramanga, la misma que lleva hacia la costa Atlántica colombiana. Nuestra misión es descubrir los principales atractivos turísticos de Santander, una tierra que combina pueblitos que parecen detenidos en el tiempo, naturaleza exuberante y aventura.

Vamos a bordo de una Subaru Forester 2015, una camioneta moderna y confortable como la primera clase de un avión, segura y todoterreno.

Desde Bogotá hasta El Socorro, donde comenzamos esta aventura, fueron 288 kilómetros (unas siete horas de recorrido), por una vía en buen estado y por donde el tráfico fluye bien, pese a ser muy transitada. Cinco días después regresamos con esta recomendación: si aún no saben dónde pasar vacaciones y quieren hacer un viaje por tierra, piensen en Santander.

Hay mucha aventura, se come delicioso y se descansa de verdad. Un departamento privilegiado por la naturaleza y con una infraestructura hotelera y turística de primer nivel (aunque hay para todos los gustos y bolsillos). Esta es solo una ruta sugerida, pues apenas tuvimos cinco días. Ojalá puedan disponer de más tiempo, pues en Santander hay mucho por descubrir y disfrutar.

Viaje a la historia en El Socorro

Diego Santacruz / EL TIEMPO

Visitar El Socorro es hacer un viaje a la historia patria, a un municipio de 36.000 habitantes donde empezó a gestarse la libertad del país. Olga Ariza, la promotora de cultura, cuenta que aquí, con el Movimiento de los Comuneros –la gente del común que se rebeló contra el yugo de los españoles en 1781–, El Socorro se ganó el título de Cuna de la Independencia de América. Cuando nadie se había levantado en contra de los españoles, una socorrana, Manuela Beltrán, empezó esa lucha a la cabeza del ejército comunero. Afuera de la Alcaldía hay un monumento que recuerda a esta heroína nacional. A pocos metros está la figura de bronce de otra santandereana que entregó su vida por la libertad de Colombia: Antonia Santos. Aquí la fusilaron los españoles cuando descubrieron que se había hecho amiga de ellos para obtener información que terminó ayudando a la campaña del libertador Simón Bolívar.

Después de esta clase de historia patria, vamos a la Catedral de Nuestra Señora del Socorro, que se levantó en piedra labrada entre 1871 y 1973. El templo, monumento nacional y recientemente elevado a la categoría de basílica menor, fue diseñado con planos al estilo de las iglesias italianas. Quienes han visitado la Basílica de San Pedro, en el Vaticano, harán la comparación de inmediato al contemplar las filas de ángeles de mármol blanco que custodian el templo, las columnas redondas y robustas, las lámparas de cristal y los imponentes vitrales, que fueron traídos desde Italia. La joya más importante es la imagen de Nuestra Señora del Socorro, patrona de los socorranos y a quien el pueblo le debe su nombre. Hay mucho por ver en El Socorro: la Casa de la Cultura, la Iglesia de Nuestra Señora de Chiquinquirá, el Convento de los Capuchinos y la plaza en honor al célebre compositor José A. Morales, quien se inspiró en este “pueblo de cuitas y casas pequeñitas” para escribir una de las canciones más bonitas y reconocidas de Colombia: Pueblito viejo.

Barichara, el más lindo de Colombia

De El Socorro a Barichara hay 45 minutos. Se toma la vía que conduce a San Gil y luego se hace un desvío a la izquierda, visiblemente señalado. Son las 7:00 de la noche. Una calle de piedra –más tarde sabremos que todas las calles son de piedra– conduce hacia el centro del que es considerado el pueblo más lindo y mejor conservado de Colombia.

Es jueves. La plaza, sutilmente iluminada, huele a jazmín. Unos pocos viajeros, casi todos extranjeros, caminan por ahí, se toman una cerveza en algún bar o descansan sobre las escalinatas de la catedral de la Inmaculada Concepción, que después descubriremos esplendorosa: un templo anaranjado que parece una obra de arte armada en barro.

El silencio, una de las virtudes de Barichara, solamente es interrumpido por las campanas de la catedral que retumban anunciando la hora en punto.

Amanece. Un cielo despejado contrasta bellamente con un pueblo de casas construidas en barro –en la técnica ancestral de la tapia pisada–, de fachadas blancas, puertas y ventanas de madera pintadas de azul, verde y morado, de las que cuelgan flores espléndidas. El barro, explica el arquitecto Jaime Higuera, es la esencia y el don de la arquitectura del pueblo. Las calles y muchas viviendas aún conservan esa mancha color terracota de la tierra. De hecho, a los nacidos en Barichara les dicen ‘patiamarillos’, gracias a la marca que el barro deja en sus pies.

Las calles de piedra invitan a caminar sin rumbo y a descubrir un pueblo tranquilo y rodeado de montañas, y uno dice: “sería una dicha vivir aquí”. De hecho, muchas personas –nacionales y extranjeros– lo han dejado todo para venirse a vivir a este municipio, de diez mil habitantes.

Es un pueblo donde los locales conviven en armonía con artistas, artesanos y bohemios, muchos de ellos conocidos como ‘barichéveres’. Un paraíso para los hippies y amantes de la vida contemplativa. El lugar ideal para jubilarse.
Entre lo que hay que ver: las galerías del centro del pueblo, las tiendas de artesanías, la capilla de Santa Bárbara y el taller de oficios de Dalita Navarro, la esposa del expresidente Belisario Betancur; ellos viven aquí. También el mirador, ubicado en la parte alta, desde donde se puede contemplar el Cañón del Río Suárez en todo su esplendor, y el museo de Aquileo Parra, el presidente de Colombia que tuvo el privilegio de nacer aquí.

Guane, donde el tiempo se detuvo

Muchos de los que van a Barichara cometen un gran error. Sorprendidos con su belleza, creen que es suficiente y descartan a Guane, un corregimiento ubicado a nueve kilómetros, que viene siendo su versión más rústica y en miniatura. En carro, el trayecto dura diez minutos. Pero también se puede llegar caminando por el antiguo Camino Real, por entre las montañas. La caminata dura dos horas y es una de las excursiones preferidas por los extranjeros. Se recomienda ir con guía.

Diego Santacruz / EL TIEMPO

Guane es una aldea que, así suene a cliché, parece detenida en el tiempo. Estando allí hay que visitar la iglesia de Santa Lucía, la patrona de los invidentes y de Guane.

Hay que ir al Museo Paleontológico y Arqueológico, donde exponen más de diez mil fósiles de animales marinos. La región fue un mar hace millones de años, y de ello dan cuenta estas criaturas petrificadas. Hay tantos fósiles en la zona que los ofrecen como suvenires en tiendas de artesanías.

En el museo hay una momia en posición fetal. Se dice que fue una princesa de la tribu guane. Los guanes fueron los primeros pobladores de estas tierras. Allí también conocerá parte de la historia de este pueblo, que fue vilmente extinguido por los españoles en la época de la Colonia. Visite el cementerio. Las tumbas son de piedra con cruces de hierro forjado. Hay una escultura de piedra en forma de libro abierto con este mensaje: ‘Admira la belleza de la tierra y piensa en la del cielo’. Es un cementerio donde bien valdría la pena pasar la eternidad.

Aventura en San gil y Curití

San Gil en un gran destino para los amantes de los deportes extremos. Al llegar al Parque Gallineral –que con sus árboles barbudos ha inspirado poemas y canciones, y al que vale la pena dedicarle una caminata– encontrará las agencias de turismo. Llegarán a su carro a ofrecerle todo tipo de excursiones y rebajas. Descarte lo más barato y busque una agencia certificada.

El Parque Gallineral, en San Gil, es famosos por sus árboles barbudos, gigantes y centenarios. Diego Santacruz / EL TIEMPO

Vamos con Planeta Azul, que ofrece varias opciones: rafting, senderismo, torrentismo y espeleología y parapente.

Escogemos la primera. A unos diez kilómetros, aguas arriba del río Fonce, nos embarcamos en una entretenida aventura después de recibir las instrucciones del guía y con la protección del caso. Hay que estar atentos a la corriente del río, que corre con fiereza en algunos tramos –rápidos–. Pero los que vamos en el bote nos distraemos y caemos al agua, que es muy fría porque viene del páramo.

Walter Gómez, el guía, es un superhéroe que pone el bote al derecho en cuestión de segundos y nos rescata. Todo está bajo control, aunque la experiencia tuvo tanto de susto como de emoción. Más adelante, Walter nos invita a echarnos al agua y a dejarnos llevar por la corriente, contemplando las montañas.

En Santander hay varias cuevas que pueden ser visitadas, y una de ellas es la de La Vaca, en Curití, un pueblo de artesanos pegado a San Gil. Queda en una finca donde las vacas se desaparecían misteriosamente, aunque realmente no hubo tal misterio: las vacas caían a la cueva, pero sus dueños tardaron mucho tiempo en darse cuenta.

Fue descubierta hace unos 60 años y desde hace 20 es explorada con fines turísticos. Los aventureros pueden recorrer 1.200 metros habilitados dentro de la cueva, que mide, en total, más de 12 kilómetros. No hay que llevar nada en los bolsillos. Solo ropa que pueda mojarse, zapatos para agua y un casco con linterna que suministran los guías de la agencia Guaiti Extremo.

El ingreso es por una pared de piedra estrecha e inmediatamente hay que lanzarse al agua. Esta es una cueva con río propio, de aguas muy frías. Hay que nadar, gatear, caminar agachado o arrastrarse en algunos tramos. Y así empezamos a describir este universo subterráneo: primero un tobogán de barro donde la orden es deslizarse y terminar en el agua.

En el techo aparecen inofensivos murciélagos y unas sorprendentes figuras de piedra, puntudas, esculpidas gota a gota durante miles de años. Las estalactitas –unas color marrón y otras blancas, como nevadas– conforman una especie de palacio de cristal bajo tierra. A una de las figuras más impresionantes, por su tamaño y forma, le dicen ‘pata de elefante’. El guía nos invita a apagar las linternas y todo queda completamente oscuro. Nos pide reflexionar, concentrarnos en el sonido del agua que corre por nuestros pies y a pensar en que todos los problemas de la vida tienen solución. Luego encontramos una cascada –sí, una cascada bajo tierra– y nos metemos en ella para disfrutar una caída de agua fuerte y helada.

San Gil. Diego Santacruz / EL TIEMPO

En los dominios del Cañón del Chicamocha

El río Chicamocha se ve como un hilo de oro serpenteando el cañón del mismo nombre. Estamos ahora contemplando una de las maravillas naturales de Colombia, una cuenca profunda y larguísima que con sus más de 108.000 hectáreas de extensión conforma uno de los paisajes más bellos del país. Empieza a aparecer en el horizonte en el camino que de Sangil conduce a Bucaramanga. Vale la pena detenerse en alguno de los miradores habilitados en la vía.

Pero la mejor forma de disfrutar de este espectáculo natural es en el Parque Nacional del Chicamocha (Panachi), ubicado entre los municipios de Aratoca y la Mesa de los Santos.

 

San Gil. Diego Santacruz / EL TIEMPO

Entre sus atractivos está el recorrido en el teleférico que atraviesa el imponente cañón; cada trayecto dura media hora. Los más aventureros pueden lanzarse en un cable vuelo o subirse a un columpio que se asoma al vacío. Para los niños hay una granja con animales de corral. Y para refrescarse del calor acaban de inaugurar un acuaparque con toboganes.

Al otro lado de Panachi queda la Mesa de los Santos. Pero, como estamos en una camioneta, nos toca dar una vuelta de una hora y media para llegar, tomando la vía hacia Bucaramanga y haciendo un desvío apenas se atraviese el peaje de Los Curos, para no tener que ir hasta Piedecuesta y así ganar tiempo.

La Mesa de los Santos es eso: una meseta en la cumbre del Cañón bautizada con ese nombre por su sobrecogedora belleza. Llegamos a El Roble, una hacienda donde se produce uno de los mejores cafés del mundo: Mesa de los
Santos. Es una casona antigua, conservada con esmero y convertida hoy en un coqueto hotel boutique. Es un hotel no solo para dormir sino para soñar con los paisajes cafeteros y con las más de 120 especies de aves que pican
entre sus robles y cafetales. Es el paraíso de los ornitólogos. Allí, los extranjeros llegan buscando una taza del exquisito café que preparan las señoras de la cocina. Aunque también pueden hacer un tour para conocer el proceso
de siembra y cosecha del grano.

La hacienda cafetera El Roble, en la Mesa de los Santos, es hoy un exclusivo hotel boutique. Diego Santacruz / EL TIEMPO

Y aquí, en medio de cafetales, nos despedimos de esta aventura de cinco días en Santander, una tierra bendecida donde palpita lo mejor de Colombia.

Excursiones en Santander

En San Gil, contacte a la agencia Planeta Azul, experta en deportes extremos en toda la región.

www.planetaazulcolombia.com

En Curití, para conocer las cuevas de La Vaca y El Yeso, contacte a la agencia Gua-Iti Extremo.

http://guaitiextremo.com

Foto: www.santanderencanta.com

En Barichara, contacte a la agencia Barichara Travel.

www.baricharatravel.com

¿Dónde dormir?

En Barichara, el hotel boutique El Cogollo es una muy buena opción. Inspirado en la arquitectura en barro y en el cultivo de tabaco y ubicado en la parte alta del pueblo. Las habitaciones tienen terraza y hay un pozo–jacuzzi.
www.baricharacogollo.com

El hotel El Cogollo, de Barichara, está inspirado en la arquitectura en tierra y en el cultivo del tabaco. Diego Santacruz / EL TIEMPO

En la Mesa de los Santos, el hotel boutique Hacienda El Roble se levanta en medio de cafetales. Ideal para descansar escuchando el canto de los pájaros y  disfrutar los paisajes cafeteros y, claro, un café exquisito.
www.cafemesa.com/hotel-mesa-de-los-santos

En San Gil hay varias opciones. Para las familias se recomienda el hotel Posada Campestre, que ofrece muy buenas tarifas. Los viajeros más exigentes, que quieran más comodidad, pueden hospedarse en hotel–spa El Mochuelo.
www.hotelposadacampestre.com

Más información sobre planes y destinos, hoteles y recorridos turísticos, consulten el portal www.santanderencanta.com

 

La New Forester 2015

Es la camioneta perfecta para recorrer todos los caminos  de Colombia y disfrutar con más potencia  la aventura. Incluye tecnología novedosa: pantalla táctil, freno de estacionamiento electrónico en consola central, retención de partida en pendiente (Hill Holder) y una suspensión firme que permite obtener una protección integral. Por sus seis airbags obtuvo cinco estrellas de seguridad.

JOSÉ ALBERTO MOJICA PATIÑO
Enviado especial de VIAJAR

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