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Con pies de plomo

Con pies de plomo

Santos ha cometido errores que pueden haber inducido a las Farc a pensar que quedó en sus manos.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
09 de mayo 2015 , 10:34 p. m.

Cualquier análisis objetivo lleva a concluir que los cabecillas de las Farc no tienen opción distinta a firmar un acuerdo de paz aceptable para los colombianos y la comunidad internacional. ¿Qué harían si se levanta la mesa? ¿Volver a la selva hasta morir en combate, como ha sucedido con la mayoría de sus compañeros del secretariado? ¿Regresar a Caracas hasta cuando dure Maduro, a pesar de que ahora allí escasean el whisky y el papel higiénico? ¿Morirse de viejos solitarios y escondidos en Irán o quién sabe dónde? ¿Es acaso mejor alguna de estas opciones que la de reconocer sus crímenes, pedir perdón, reparar a sus víctimas y pagar una pena reducida por crímenes de lesa humanidad contra los derechos humanos, que es lo que les piden el Gobierno y el país, para luego ir al Congreso y entrar por la puerta grande de la historia como quienes se atrevieron a terminar el conflicto?

Si las cosas son tan claras para los demás, ¿por qué ellos parecen estar dispuestos a que fracasen las negociaciones, al insistir en posiciones y demandas inaceptables para este o para cualquier otro gobierno? Da la impresión de que, al igual que algunos seguidores de Uribe, creen que Santos estará dispuesto a firmar un acuerdo en sus términos antes que a levantarse de la mesa.

Conociendo al Presidente y a los negociadores, sabemos que no es así. Pero Santos ha cometido errores que pueden haberlos inducido a pensar de esa manera. El primero fue utilizar el lema de ‘amigos y enemigos de la paz’ para ganar la reelección. Con ello pudieron creer que se convertía en su rehén, pues ¿cómo se va a levantar de la mesa ‘el amigo de la paz’ dando la razón a ‘los enemigos de la paz’? Por ello, son muy positivos los acercamientos recientes entre Uribe y el Gobierno. Es mucho mejor estar unidos que polarizados para culminar con éxito la negociación e implementar los acuerdos, como deseamos que suceda. O para enfrentar las consecuencias de levantarse de la mesa, si ello resultara inevitable por la intransigencia de las Farc.

Jugarse todas las cartas al éxito de la negociación fue otro error. Mucho le insistimos que no cometiera esa equivocación. Que tuviera al menos otra bandera, pues las Farc pueden estar pensando que Santos no se puede parar de la mesa porque se queda sin nada que mostrar. Esa otra bandera no fue ya la reforma de la justicia, refundida en un mediocre proyecto de ‘balance de poderes’ que lo único bueno que tiene es acabar con la reelección. Tampoco lo fueron las carreteras, cuya bandera se le entregó a Germán Vargas. Pero puede ser todavía ‘Colombia, la más educada’, si se le mete más julepe y Santos se apersona.

También fue un error aparentar que el proceso estaba de un cacho, cuando no había acercamientos en el tema neurálgico de la negociación: el de la justicia transicional. Quizás Santos buscó crear con ello un clima de opinión que motivara a las Farc a concluir, pero creo que les dejó la impresión de que tenía afán. Y se pierde poder de negociación cuando el contrario cree que uno está afanado. La suspensión de los bombardeos acabó siendo un error por esa y otras razones. Santos quiso crear un clima de confianza en la mesa, al corresponder al cese unilateral inicialmente cumplido por las Farc. Pero el riesgo de que algo saliera mal, como en efecto sucedió, era muy grande y lo podía hacer perder credibilidad en la opinión, como ocurrió.

A Santos no le queda ahora más que endurecerse para demostrarles a los dirigentes de las Farc que están muy equivocados en esas apreciaciones.

Y ojalá le dijera al Fiscal “por qué no te callas y te dedicas a tu oficio”, pues cada vez que se entromete en lo que no le corresponde endurece la posición de las Farc en la mesa.

Guillermo Perry

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