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Sinfonía para refundar la patria

Sinfonía para refundar la patria

La única desautorización conocida del Gobierno fue la voz casi inaudible del ministro del Interior.

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Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
09 de mayo 2015 , 10:33 p. m.

¿Cuál es el miedo que el gobierno Santos le tiene al fiscal Montealegre?

Tiene que ser algo muy gordo. Porque casi con complacencia, y a veces con complicidad, observa cómo el doctor Montealegre extralimita y desborda cotidianamente sus funciones y ejerce combinaciones extrañas de intereses con la subversión.

Cuando no está arengando a los jueces para que salgan a la calle a protestar por una reforma de la justicia que no le gusta a él, está inventando propuestas que suplantan el nombre de las altas cortes para retar a los poderes públicos y allanar el camino minado hacia la constituyente que exigen las Farc.

Ojalá el Fiscal reflexione y no siga por el camino de convertirse en un protagonista institucionalmente nefasto y nocivo para el país, en lugar del hombre que nos da tranquilidad y estabilidad. Todo el mundo parece tenerle miedo, porque carece de recatos para alcanzar determinados objetivos. Ante todo eso, él es incombustible porque maneja el fuego de la combustión.

Por eso cuando esta semana utilizó de amanuenses a los presidentes de la Corte Suprema y del Consejo de Estado, y los puso a firmar el insólito documento en el que instan al Gobierno y al Congreso a hundir de inmediato la reforma del equilibrio de poderes y cambiarla por una asamblea constituyente, la conclusión de algunos analistas es que tuvo que ser el propio presidente Santos quien lo puso en esa tarea.

Personalmente, no lo creo. El atrevimiento del Fiscal fue casi una amenaza de golpe contra dos ramas del poder público. Estaba desafiando el proceso de reforma constitucional por el cual optaron el Gobierno y el Congreso para depurar algunos problemas de la justicia.

La operación salió regular. Al día siguiente quedó claro que lo de la constituyente para reformar la justicia era sencillamente una baladronada. Con gran sensatez y valentía, el vicepresidente de la Corte Suprema, magistrado Fernando Giraldo, sentó sus diferencias sobre el proyecto de reforma que cursa en el Congreso, pero salió en nombre de sus colegas a desautorizar al presidente Bustos por usurpar una vocería sobre un tema inconsulto. También se filtró el malestar del Consejo de Estado y de la Judicatura.

Al final de la semana, el Fiscal se había quedado sin sus amanuenses, impulsando como verdadero autor intelectual esta nueva Constitución de Colombia que, como producto de una constituyente, refundaría la patria, ya no en nombre del paramilitarismo, sino de las Farc.

No puede extrañarnos, entonces, que a las 24 horas de la propuesta del Fiscal comenzara la sinfonía. Primero por parte de las propias Farc, que, en comunicado, afirmaron: “Llegó la hora de una constituyente que sea la base para emprender una nueva era de transformaciones sociales”. Y luego de Piedad Córdoba, cuya Marcha Patriótica, en otro comunicado desde la página de Anncol, escribió: “La iniciativa de convocar una asamblea nacional constituyente formulada por la Comisión interinstitucional de la Rama Judicial (léase Fiscal) va en la dirección acertada. (...) Es evidente que ella no debe limitarse a la problemática de la paz (...), sino al nuevo contrato social que exige la sociedad colombiana. ¡Por una asamblea nacional constituyente para la paz y la justicia social!”.

La única desautorización conocida del Gobierno fue la voz casi inaudible del ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, quien dijo susurrante y escuetamente: “La Asamblea Nacional Constituyente no está hoy en la agenda del Gobierno”.

De manera que aunque el Fiscal no parece estar obrando en esta operación encargado por el Presidente, sí está actuando como precursor, probablemente con el propósito de suprimir los que serían los últimos escrúpulos que aún le quedan al Gobierno, sobre la convocatoria a una asamblea nacional constituyente.

El asunto es que por más que leo y leo, y busco y busco entre las funciones del Fiscal que contempla la Constitución, no encuentro por ninguna parte la de refundar la patria.

Entre tanto... Cuando todo eso sucedía, colgaban de la reja de un colegio las piernas mutiladas del cabo Edward Ávila Ramírez.

María Isabel Rueda

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