Las hermanas García, reinas de la pintura y la latonería

Las hermanas García, reinas de la pintura y la latonería

Ana, Sandra y Olga Lucía conservan su feminidad pese a realizar un oficio catalogado para hombres.

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08 de mayo 2015 , 06:43 p.m.

Su taller de latonería y pintura no está adornado con afiches de mujeres semidesnudas. Tampoco lo resguarda un perro con una gruesa cadena en su cuello. Y mucho menos se ven botellas y canastas de cerveza. Todo lo contrario, algunas flores, peluches, labiales, esmaltes y varios espejos sobresalen dentro del local, además de un diminuto perro blanco que se lleva todas las miradas. Se trata del negocio de las hermanas García Guerrero. Son las reinas a la hora de reparar las latas de un automóvil.

Poco a poco los clientes del taller de latonería y pintura, ubicado en el barrio Class Roma de Kennedy, se acostumbraron a que tres mujeres recuperaran sus carros. Son Ana Maritza, Sandra y Olga Lucía García Guerrero de 38, 34 y 32 años.

Luego de regresar del colegio se quitaban el uniforme y se envolvían en su overol para ayudarle a su papá, Luis Alberto García. Desde eso han pasado 25 años.

“Al principio los clientes no creían que nosotras podíamos ‘latoniar’ los carros. Decían que si no había otra persona, ya que ese trabajo era pesado”, comenta Maritza, mientras se alista para prender el equipo de soldadura autógena que utiliza para calentar el guardabarros averiado de una camioneta.

“El primer trabajo que hice en grande fue cambiarle los pisos a un Renault 4. Fue difícil, ya que primero había que cortar la lámina, soldarla y por último pulirla para que no se notara el cambio. Aunque me quemé varias veces lo logré”, recuerda. Pero para ella lo más gratificante de ese día fue cuando el dueño del carro regresó. “Él no podía creer que había sido yo quien había realizado esa labor”, agrega orgullosa.

Antes de que ellas trabajaran en el negocio, Luis Alberto tenía empleados hombres, pero siempre existían conflictos con ellos ya que muchas veces no terminaban bien sus labores o simplemente no iban. Caso contrario le ha sucedido con sus tres hijas, pues además de convertir el taller en una empresa familiar, el toque femenino hace que todo sea más pulido, ordenado, cumplido y el trabajo se vea más elegante. Y como toda empresa organizada, se labora de ocho de la mañana a seis de la tarde de lunes a sábado.

“A cada una le enseñé un oficio en particular. Maritza es mi mano derecha y es la encargada del equipo de soldadura y la pulidora. Además es muy perfeccionista a la hora de cortar las piezas de metal”, manifiesta el orgulloso padre.

Por su parte, Olga Lucía está pendiente de terminar de darles forma a las reparaciones que Maritza ha realizado. Mientras esto sucede, en el fondo del taller, cerca del cuarto donde se guardan las pinturas vemos a Sandra. Ella es la encargada de enmasillar y lijar las asperezas de las latas hasta dejarlas como un terciopelo. Luego les aplica pintura.

“Lo más bonito de este proceso es la pintada, es como ponerle el vestido al carro”, señala, mientras observa detalladamente que sus uñas no hayan perdido el manicure que se hizo en la mañana. Sus manos, a pesar de la dura labor son impecables. Las protege con unos guantes de látex.

“Cuando no estamos trabajando procuramos estar siempre elegantes y muy femeninas”, recalca Maritza. “Hasta hace poco –agrega– utilizábamos minifalda y algunos escotes”.

También reconoce que les encanta cocinar y mantener su casa muy limpia, la misma que está ubicada en el segundo piso de la casona. “Aquí no hay espacio para las canastas de cerveza o los cigarrillos. Lo que no puede faltar es la música bailable” aseguran.

Para Luis Alberto, ellas son su mejor regalo. Solo Sandra se ha casado, sin embargo no abandonó el trabajo. “Quiero que este oficio que yo aprendí hace 50 años y que ellas lo heredaron lo sigan haciendo, para que alcancen sus sueños”, dice el hombre, mientras supervisa que la pieza de la camioneta sea pintada por Sandra y así poder entregarle el carro a su dueño que espera en la puerta.

JOHN CERÓN
Redactor de EL TIEMPO
johcer@eltiempo.com

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