Ahora el pueblo de Badillo tiene su 'custodia'

Ahora el pueblo de Badillo tiene su 'custodia'

En la plaza de San Antonio, una nueva custodia, de 3,20 metros, recuerda la canción de Escalona.

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06 de mayo 2015 , 05:15 p.m.

Gigante, dorada, con relieve pintado de colores que asemejan piedras preciosas es la nueva custodia de Badillo, a 35 kilómetros de Valledupar. Se trata de una estatua de 3,20 metros, que fue descubierta en una noche luminosa de esta semana, al son de la canción de Escalona que puso a Badillo en el mapa de los lugares míticos de la música vallenata.

Podría ser en realidad la única custodia que ha tenido el pueblo ya que hay estudiosos que opinan que la reliquia que protagonizó la canción, era en realidad un caliz.

El don de convertir hechos de la cotidianidad en ingeniosas letras musicales llevó a Rafael Escalona Martínez a elevar al nivel de composición clásica la inconformidad que tenía molestos a los habitantes de Badillo: “Se la llevaron, se la llevaron, se la llevaron, ya se perdió”, recita el estribillo de la canción 'La custodia de badillo'.

En breves estrofas, Escalona resumió el cambiazo de una reliquia colonial “linda, muy grande y pesada”, por una más liviana. Y elegantemente indicó que el primer sospechoso era el cura (el padre Lorenzo de Alboraya), "el ratero honrado", que se la llevó, y acusó al inspector de la época (José María Daza) de haber tenido miedo de proceder.

A lo largo de los años las polémicas y discusiones en torno a la famosa custodia perdida llegaron incluso al análisis desde el derecho como el que hizo el jurista Esteban Bendeck Olivella. Aunque entre tanta indagación, el sacerdote explicó que no se trataba de una custodia sino un cáliz antiguo que había mandado a reparar a Bogotá y que, se había extraviado, en el camino de regreso.

Consuelo Araujonoguera en sus textos sobre vallenato alcanzó a recoger esta versión del cáliz que tardó en regresar, pero al fin llegó de vuelta Badillo. Así que, a su vez, Escalona se dio una licencia literaria para hacer otro cambiazo: convertir la reliquia original, un caliz, en una custodia que quedó firme en el imaginario de la gente.

Sin embargo, aún hay testigos que dicen recordar la custodia con todos sus brillos y colores. Al menos así se la describieron al escultor Jorge Maestre, un apasionado por los mitos y leyendas de las tierras del Valle de Upar. Cuando el gobernador del Cesar, Luis Alberto Monsalvo, lo llamó para que se encargara de hacer la custodia de Badillo, acepto encantado y lo primero que hizo fue rastrear los datos y los recuerdos.

“No encontré fotos, si las hay no las conozco -dice Maestre-. Vine al pueblo antes de hacerla escultura, a conversar con muchos que la habían visto y más o menos me dieron una idea: que era circular, que tenía punticas, igual a todas las custodias del periodo colonial”.

Así que decidió inspirarse en las otras de los siglos XVII y XVII, las que sí tenían documentación, sobre todo en la custodia de Las Clarisas, que se conserva en Bogotá. “Fue otra custodia dada por perdida, que duró años así, hasta que al fin la devolvieron los Estados Unidos”, apunta el escultor, que también ha hecho las imágenes del Cacique Upar y de la Sirena Vallenata en Valledupar.

La nueva custodia de Badillo está ubicada a un lado de la iglesia en la plaza de San Antonio, que también ha sido remodelada.

La escultura fue develada en presencia de figuras de la música vallenata entre las que estaban el cantante Poncho Zuleta, los compositores y folcloristas Rosendo Romero, Julio Oñate Martínez, Beto Murgas Tomás Darío Gutiérrez y Rafael Oñate, entre otros, así como varios de los hijos del maestro Rafel Escalona.

Al momento de presentarla en sociedad, el gobernador Monsalvo auguró que pronto la plaza de San Antonio será llamada por la gente como plaza de la custodia.

Así, la nueva custodia de Badillo es difícil de reemplazar: hecha en bronce, pesa unos 140 kilos y está cubierta con laminilla de oro y poliuretano. “Las piedras son ten realidad relieve sobre el bronce, coloreados en poliéster, más duradero que una pintura”, dice el orgulloso escultor que tardó 20 días en terminar su nueva obra.


“Pienso que si mi papá estuviera aquí sería para él la alegría más grande -dijo Taryn Escalona-. Y para mí: siempre he dicho que sus canciones pasarían de generación en generación y aquí está el ejemplo”.​

LILIANA MARTÍNEZ POLO
Enviada especial de EL TIEMPO
Badillo (Cesar)

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