Ver un oso de anteojos, una maravilla cada vez más frecuente

Ver un oso de anteojos, una maravilla cada vez más frecuente

Aunque sus poblaciones han aumentado, la especie sigue acorralada por la deforestación.

notitle
06 de mayo 2015 , 02:58 p.m.

Ver a un oso de anteojos, caminando por un páramo o dentro de un bosque, siempre había sido imposible. Recuerdo a Róbert Márquez, un científico de la organización Wild Life Conservation Society (WCS), quien contaba hace unos años que después de más de una década estudiando a este mamífero, jamás se había encontrado uno en vida silvestre. Y pensándolo bien, era lo mejor. Idealmente, los osos deben estar muy lejos de los humanos.

Pero las cosas han cambiado. Sin que aún se tenga mucha certeza sobre la razón, en los últimos días algunos guardabosques y biólogos que trabajan en conservación de ecosistemas, han tenido encuentros cada vez más frecuentes con algunos ejemplares, principalmente en los parques Chingaza, Tatamá y Cocuy.

Habría una primera razón, que no es muy cautivante. En general, los osos no se conectan con la civilización por instinto o porque quieran atacar. Lo hacen como una reacción frente a la presión que los humanos han ejercido sobre ellos y su hábitat.

Campesinos, comerciantes ilegales de madera o traficantes han invadido o talado zonas boscosas o por encima de los 2 mil metros de altura sobre el nivel del mar (esto ocurre en casi todo el país), ecosistemas que corresponden a la casa del oso. Mientras tanto, ellos, atrapados en espacios cada vez más pequeños, no tienen otra opción que hacer largos recorridos y salir a buscar comida, para esto aprovechan el tránsito por algunas zonas protegidas. Sin embargo, en medio de esos desplazamientos y como los corredores de conservación son limitados, es normal que se encuentren gallineros, vacas o cultivos de maíz. Se ha formado entonces una pugna con los habitantes de las zonas rurales, que termina muchas veces en jornadas de cacería y en la muerte de ejemplares por retaliación, porque muchos labriegos cazan osos o producen incendios forestales para ahuyentarlos, únicamente como venganza por haber cometido daños en sus terrenos.

Este oso fue captado por Jhon Eduard Rojas, de Parques Nacionales Naturales, en Tatamá, área protegida situada entre Valle, Risaralda y Chocó.

“Los osos viven en amplios territorios y casualmente en la región Andina, que es a su vez una de las más pobladas del continente. Quedan entonces pequeños remanentes de bosques dentro de agroecosistemas donde hay cultivos de papa, ganadería de alta montaña, que han dejado a las poblaciones del oso aisladas, en parches de bosque”, dice Andrés Diavanera, director del programa de Vida Silvestre, de la oficina de Parques Nacionales Naturales.

"A veces los ganaderos dejan pastoreando su ganado durante días en zonas cercanas a donde habita el oso. Es normal entonces que un semoviente sea atacado al invadir sus terrenos, otra razón para el conflicto", agrega Ángela Parra, profesional y bióloga del parque Chingaza.

Esto ocurre muchas veces en épocas de invierno, cuando algunas vacas quedan enterradas y a merced del oso, un animal al que no le importa romper una dieta a base de plantas para, de un momento a otro, comerse una porción de carne, para lo que aprovecha cualquier oportunidad para atacar a sus presas.

Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), en el país queda menos de una tercera parte de los osos que había hace 30 años. Por ejemplo, han desaparecido de sitios emblemáticos como la serranía de La Macarena, de donde fueron desplazados por los grupos armados y porque sus selvas fueron arrasadas para introducir cultivos de coca.

Esto sin contar que han sido perseguidos también por comunidades, que van tras sus huesos, porque creen que al machacarlos y luego tomarlos disueltos en algún líquido, se combate el asma.

¿La resurrección de la especie?

Pero para los optimistas, que haya más osos a la vista podría significar una recuperación de sus poblaciones. No se tienen muchos datos sobre esto en Tatamá o Cocuy. Pero sí en Chingaza, área nacional protegida situada a pocas horas de Bogotá. Allí, luego de un proyecto piloto ejecutado entre Parques Nacionales y la WCS, que hace monitoreo de osos en esta última zona protegida, se ha comprobado un incremento, que se ha probado al salir a hacer travesías por el páramo.

En el parque nacional Chingaza, situado a menos de dos horas de Bogotá, viven, al menos, 24 osos de anteojos. Aquí se ve una hembra con sus oseznos.  Foto: Andrés Diavanera/Parques Nacionales.

Hace años, cuando se intentaba buscar un oso o algún rastro, las posibilidades de hallarlos eran de un poco más del 70 por ciento. Hoy son del 100 por ciento, esto en una franja de 38 mil hectáreas del parque y donde es posible ver señales, comederos, excrementos, que certifican su existencia. Se calcula que en Chingaza viven 24 osos.

“Esto demuestra la importancia de las áreas de conservación y de la necesidad que existe para que se concrete el diseño de corredores biológicos, reservas de la sociedad civil o cualquier otra figura que permita preservar territorios", explicó Diavanera.

La legislación colombiana contempla que la caza ilegal de animales incluye una pena de prisión de 16 a 54 meses de prisión y una multa de 26 y 750 salarios mínimos legales mensuales (entre 10 y 483 millones de pesos). "Pero lo que estamos intentado en Parques Nacionales es hacer capacitación, motivar y enseñar a los campesinos a convivir con las especies, darles opciones de manejo, para que no lleguen a verse involucrados, muchas veces por desconocer estas normas, en procesos judiciales", agregó Diavanera

A lo que se debe sumar la participación activa de la sociedad civil, educación en escuelas rurales, la ayuda de las corporaciones autónomas regionales como autoridades ambientales y la combinación de buenas prácticas agrícolas y ganaderas.

"También hace falta mucha vigilancia, investigación y la articulación de esfuerzos entre entidades, que a veces trabajan en proyectos aislados. Por ejemplo, Parques conoce los esfuerzos que hace Corpoguavio por registrar al oso a través de cámaras trampa, pero se requiere afinar un trabajo en equipo para analizar esas imágenes y unificar metodologías de investigación", opina Robinson Galindo, director del parque Chingaza.

Frente a estos avistamientos, muchos han impulsado la idea de que el oso abandone la categoría 'Vulnerable', tal como lo ha fijado la UICN, para pasarlo a una que indicaría un menor riesgo de desaparición denominada ‘casi amenazado’. Pero sobre esto no hay consenso.

Lo que sí es indiscutible es la importancia que tienen estos animales solitarios, dotados de un pelaje negro y abundante, con una línea blanca irregular que parte de la base de la nariz y se extiende a lo largo de uno o los dos ojos hacia la quijada y llega a veces al pecho (lo que le da origen al nombre de ‘oso de anteojos’), capaces de caminar en sus cuatro patas, pero que, al ser plantígrados –apoyan la planta del pie al andar–, pueden levantarse en sus extremidades posteriores hasta alcanzar 1,80 metros de estatura.

Aunque los osos suelen caminar en cuatro patas, también pueden levantarse en sus patas posteriores. Son vitales para la conservación del páramo. Foto: Andrés Diavanera/Parques Nacionales

Se trata de uno de los seres más grandes de los ecosistemas altoandinos. Pero, en esencia, son restauradores naturales del equilibrio ecológico. Cuando derriban algunos árboles para alimentarse, esto repercute en la estructura de los bosques, al motivar, entre otros procesos, la generación de nueva vegetación y otros ciclos vitales del ecosistema. Y al quebrar ramas, logran una mejor penetración de la luz solar en los bosques, lo que facilita aún más el proceso de fotosíntesis. Pero tal vez su máximo servicio es la recuperación de las zonas de páramo, donde construyen su hogar. Allí dispersan semillas, no solo cuando corren en medio de la flora y mueven sus tallos, sino también al comer frutos y plantas. Queda confirmado que el agua que tomamos en las ciudades y que resulta trascendental para la vida, depende, en parte, de su supervivencia.***

JAVIER SILVA HERRERA
Redactor Estilo de Vida

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.