Enrique Peñalosa se lanza a la Alcaldía de Bogotá y va por firmas

Enrique Peñalosa se lanza a la Alcaldía de Bogotá y va por firmas

Por quinta vez, el canditado aspirará al cargo. Además, propone la realización de un metro elevado.

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05 de mayo 2015 , 08:02 p.m.

Al fin, ¿se lanza otra vez como candidato a la alcaldía de Bogotá?

Sí. He tomado la decisión. Bogotá está en crisis y necesita de todos los que queramos aportar para que salga hoy adelante. Toda mi vida he estudiado, recorrido y querido esta ciudad, y además he trabajado en el mejoramiento de ciudades en el mundo entero. Quiero trabajar para que en Bogotá se pueda vivir sin miedo, movilizarse cómoda y rápidamente, para que atraiga turistas e inversionistas y genere buenos empleos.

¿En su decisión influyó la encuesta de esta semana de Ipsos Napoleón Franco, en la que usted gana en todos los escenarios?

Por supuesto que las encuestas y el respaldo y la confianza muy estimulante que recibo en muchos sectores de la ciudad me dan tranquilidad y una gran responsabilidad, porque al fin y al cabo represento las aspiraciones de muchos de transformar a Bogotá.

¿Por qué esperó a ser el último? ¿No revela eso un carácter indeciso para un gerente como usted?

Tomar tiempo para una decisión no es indecisión. Y desde la perspectiva del tipo de campaña que quiero, habría preferido esperar dos meses más; pero la necesidad de recolectar las firmas exigía hacerlo ahora.

Me dice que se lanzará por firmas…

Sí. Respeto los partidos, pero este es un proyecto que va más allá. Aquí hay gente de Cambio Radical, del Verde, liberales, de ‘la U’, y sobre todo gente sin partido que quiere el cambio.

¿No es un poco injusto con Rafael Pardo, que empezó a hacer la tarea juicioso, hace varios meses?

Yo comencé a hacer la tarea desde hace varias décadas… He recorrido cada rincón de la ciudad y tengo cientos de proyectos para mejorar radicalmente la vida de sus ciudadanos.

¿Por qué cree que Pardo no critica la alcaldía de Gustavo Petro?

Respeto esa estrategia. A mí me parece el de Petro un gobierno desordenado, poco técnico, casi sin obras, que ha cambiado directivos en algunas instituciones críticas con excesiva frecuencia. Aumentaron en más de 400 por ciento la nómina con el factor prestacional más alto de Colombia, que es la de la Empresa de Acueducto.

¿Por qué hay que parar a Clara?

Porque es más de lo mismo. A la ciudad le ha ido mal con los gobiernos de Samuel Moreno, Clara López y Gustavo Petro, y hay que cambiar la manera de gobernar.

¿Cree que Clara López puede hacer un gobierno tan malo como el de Petro, peor de malo, o un poco menos malo?

Clara López fue la mano derecha de Samuel Moreno desde el comienzo de su gobierno hasta que este salió suspendido, y lo defendió hasta el último minuto. Cuando gobernó como encargada, mantuvo el mismo equipo de Moreno. Solo estuvo fuera del gobierno Moreno cuando fue candidata a vicepresidenta de Gustavo Petro.

Claramente, ella es más de lo mismo.

Mucha gente que quiere cambio le tiene pánico a que usted y Rafael Pardo se anulen como candidatos fuertes, y le vuelvan a abrir el paso al Polo en Bogotá…

Con Carlos Fernando Galán y David Luna hemos venido haciendo un llamado a la unión: a Marta Lucía Ramírez, a William Vinasco, a los ‘verdes’, Rafael Pardo… A quienes no quieran más de lo mismo. Lo primero que buscaremos será la unión, sobre la base de que queremos un cambio de rumbo para Bogotá. Ahora, si Pardo decide no unirse, tampoco va a ser el fin del mundo. La indignación que hoy tienen los bogotanos, en el sur y en el norte, no tiene antecedentes. Cuando recorro los barrios he sentido a una Bogotá desesperada por el cambio. La gente nos dice como nunca antes ‘por favor, ayúdenos’. Aquí estaremos los que queremos el cambio.

¿Cuál sería la fórmula para buscar esa unión?

¿Entre los dos? Pueden ser tres o cuatro. Estamos en una democracia. Debe ser una fórmula con base en lo que piensen, deseen, expresen los ciudadanos. Podemos delegar a unos líderes que respetemos mutuamente, académicos o empresariales, para que contraten unas encuestas, por ejemplo, en agosto, y se escoja a aquel que en ese momento tenga mayores posibilidades de ganar. Para, desde ahora, hacer una campaña juntos, y después, gobernar juntos…

¿Quién garantiza una encuesta neutral?

Hay varias empresas serias, cuyos resultados yo no tendría problema en aceptar.

¿Qué pasa si Rafael Pardo dice que no hará ningún acuerdo que incluya la posibilidad de retirarse?

El Equipo por Bogotá es imparable. De los cuatro que nos dividimos la vez pasada ya estamos tres unidos, y la cuarta, Gina, no puede porque está en el Gobierno. Yo espero que Pardo, si está comprometido con Bogotá, priorice el cambio.

Sí o no: ¿existe el peligro de que Peñalosa y Pardo lleguen a la recta final enfrentados entre sí y contra Clara López?

Por ahora prefiero ser más optimista. Por mi parte, he dicho en todos los tonos que estoy dispuesto a apoyar a Pardo, si él acepta cualquier medio objetivo para seleccionar al candidato más viable.

¿Por qué no ahorrarse ese esfuerzo y apoyarlo de una vez a él?

Es que nosotros no estamos pensando en qué es más justo para Pardo o qué es más justo para Peñalosa, sino en qué es lo que es más justo y necesita Bogotá. Para los ciudadanos que cada día están más agobiados por malos gobiernos.

Ahora, dígame usted qué propuesta es mejor, ¿un Rafael Pardo llegando como cualquier candidato tradicional, o un Equipo por Bogotá que busca romper paradigmas, donde van a estar todo tipo de líderes que han significado una trasformación positiva para Bogotá? Vamos a buscar al jugador que tenga más posibilidades de meter el gol, al candidato comprometido con el cambio, que tenga más opciones de ganar.

¿Aspira también a recoger el apoyo del conservatismo?

Hay líderes conservadores que pueden hacer aportes valiosos a Bogotá, como Marta Lucía Ramírez, Andrés Pastrana o David Barguil. Por supuesto, en la democracia se ganan las elecciones sumando personas con las que se compartan principios, como la necesidad del cambio de rumbo para Bogotá.

¿Buscará también el apoyo del Centro Democrático, y, más concretamente, de Álvaro Uribe?

Respeto a Pacho Santos y estoy seguro de que irá hasta el final y que será un candidato importante.

Entonces, siguiente pregunta, amigo… (Risas) ¿Cree poder recuperar el apoyo del Partido Verde?

No descarto que además de ser un candidato por firmas, tenga el respaldo de algunos partidos, y por supuesto que tengo buenos amigos en Alianza Verde.

¿Qué tan caótica ve la Bogotá que va a entregar Gustavo Petro?

Es una Bogotá en la que se habla mucho y se hace poco, se encienden odios de clase, cuando lo que los jóvenes quieren son mejores oportunidades; mientras las clases medias, que pagan cada vez más predial, ven deteriorar su calidad de vida. Hay problemas institucionales complicados como un Acueducto que multiplicó por cuatro su nómina y una recolección de basuras ineficiente. Y esa empresa no hace nada significativo en descontaminación de ríos y quebradas y ni siquiera cubre con agua potable partes altas de Ciudad Bolívar. No ha sido posible integrar el SITP y TransMilenio en una sola tarjeta; TransMilenio, que será crucial aun cuando hagamos la línea de metro, está muy mal, con decenas de miles de colados, sin las mejoras que aumentarían su velocidad y capacidad.

¿Qué lo angustia más: la catástrofe de la movilidad o la amenaza cada vez más grande de que la inseguridad se les esté saliendo de las manos a las autoridades distritales?

En ambas áreas hay mucho por hacer. Y están relacionadas en algunos aspectos. Mientras haya inseguridad en los buses, no será posible que muchos dejen el carro para usar el transporte público.

¿Por dónde comenzaría a recoger las migajas que nos van a dejar de ciudad, sin vías nuevas, con la finca raíz por las nubes, con TransMilenio colapsado, y una parte de la sociedad, siguiendo el ejemplo del Alcalde, actuando anárquicamente?

Hay que estructurar un plan de seguridad que incluirá desde prevención, pasando por cámaras e iluminación, más inteligencia, hasta proyectos de ley. Hay que hacer reformas profundas del ordenamiento territorial de la ciudad para mejorar la calidad urbanística y para dejar de expulsar a los pobres a Soacha. Hay que impulsar la construcción de muchas vías. Por ejemplo, con un enorme esfuerzo en nuestra alcaldía resucitamos la ALO (Autopista Longitudinal de Occidente), cuyo trazado había sido invadido; cambiamos el trazado en algunas partes, compramos cerca del 70 por ciento de los predios.

¿El alcalde Petro decidió, porque sí, que la ALO no se hacía?

Dejando totalmente embotellados al occidente de Suba, buena parte de Engativá y Kennedy occidental. Ahora la vamos a construir. Hay que arreglar TransMilenio, hay que hacer rápidamente los estudios para un metro elevado que la ciudad pueda pagar y que sea más agradable para los pasajeros.

Habla del metro elevado, ¿al fin metro sí o no?

Sí vamos a hacer el metro. Durante años dije que el costo del kilómetro de metro subterráneo en Bogotá sería de por lo menos US$ 300 millones y no los US$ 100 que afirmaban las administraciones de Moreno, Clara López y Petro.

Los estudios me dieron la razón. Los sobrecostos usuales en estos proyectos pueden duplicar el costo y quebrar a la ciudad. He dicho e insisto en que es mucho mejor, por costos, tiempos, calidad del viaje para los pasajeros y menores riesgos de imprevistos, hacer un metro elevado, que cuesta una cuarta parte. Petro prometió dejar 7 kilómetros de metro terminados y estamos lejos siquiera de encontrar recursos para su financiación, aunque se han paralizado proyectos cruciales como la troncal Boyacá para tratar de financiar la línea de metro subterránea. Nadie pregunta cómo se movilizarán el 95 % de los ciudadanos que no irían en la línea de metro. Sí vamos a hacer el metro, pero el que necesita Bogotá, el que se pueda construir más rápido y el que no la deje quebrada.

¿Cuál es realmente la posición política de Enrique Peñalosa? ¿Usted es de derecha, de centro o de izquierda? ¿Es santista, uribista, o todo lo contrario?

Derecha e izquierda son términos complicados, porque significan algo distinto para cada persona que los usa. Estoy convencido de que la ciudad puede ser un medio muy poderoso para lograr igualdad de calidad de vida, de oportunidades, un entorno en el que nadie se sienta excluido. Y que democracia no significa simplemente que la gente vote, sino que se cumpla aquello de que todos los ciudadanos son iguales ante la ley y que, por lo tanto, el interés general prevalece sobre el particular. Creo en la inmensa importancia de priorizar a los niños desde la primera infancia y de hacer que la educación construya igualdad. Para resumirle, yo soy del Equipo por Bogotá, con el que haremos juntos el cambio.

¿Cómo están sus relaciones con el Presidente? ¿A quién espera que apoye: a Pardo, su exministro; a Clara, que lo apoyó de manera muy rotunda en su campaña presidencial, o a usted?

Espero que apoye el mejoramiento de la seguridad y la movilidad de Bogotá, que es de lejos el principal motor que jalona el desarrollo de Colombia y que genera recursos para todo el país.

¿Qué diferencias hay entre la Bogotá que usted dejó en el 2000 y la de hoy, 15 años después?

Dejamos una ciudad con una visión clara, optimista, orgullosa de sí misma y con plena confianza en su capacidad de construir un futuro mejor.

Eso es cierto. Los bogotanos recuperamos nuestro orgullo de pertenencia… Hoy todos buscan a dónde se irán a vivir, pero por fuera de este caos…

La verdad es que hoy tenemos una ciudad sin rumbo, frustrada y desesperanzada. Por eso queremos volver. Nosotros no vamos a improvisar, somos garantía de lo que hay que hacer para lograr el cambio. Ya lo hicimos una vez. Lo haremos cuantas veces sea necesario.

Finalmente, ¿cómo cambiará su destino de que arranca bien en las encuestas y termina colgado, como le ha pasado tantas veces?

Ese no es un destino. Es el precio de estar en el servicio público. Pero mire que esta vez todo va contrario a la creencia popular. Hace tres meses iba perdiendo en las encuestas; ahora estamos repuntado. He aprendido de mis errores del pasado. Pero también creo que los bogotanos tenemos más claro que nunca que no es lo mismo ser un buen candidato que un buen gobernante. Ojalá eso juegue en mi favor.

MARÍA ISABEL RUEDA
Especial para EL TIEMPO

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