En el país aún se tolera la violencia contra las mujeres

En el país aún se tolera la violencia contra las mujeres

Conozca los resultados de la Segunda medición sobre tolerancia social e institucional.

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05 de mayo 2015 , 07:47 p.m.

Una discusión de pareja en la calle que termina con una agresión del hombre a la mujer es tal vez la forma más clara y simple de medir qué tan tolerante se es frente a la violencia contra la mujer.

Si bien el rechazo es la reacción natural, no muchos se atreven a intervenir pese a la insistencia social creciente de castigar con mayor severidad a los agresores para alcanzar el ideal de violencia cero.

Situaciones cotidianas como esta no solo se pasan por alto, sino que muchas veces son justificadas. El caso del hombre que golpea a su pareja cuando está bebiendo o el que piensa que porque la mujer se viste de forma ‘provocativa’ se expone a que la violen, aunque parecen escenarios de siglos pasados, son ejemplos que se conservan en el imaginario de la gente.

Lo preocupante es que persisten incluso en funcionarios encargados de atender a víctimas de violencia. Así lo evidencia la Segunda medición sobre la tolerancia social e institucional de las violencias contra las mujeres, elaborada por la Consejería Presidencial para la Equidad de la Mujer, con el apoyo de ONU Mujeres, la Corporación Humanas, la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo y la Embajada de Noruega.

Esta entrega, que se dio a conocer este martes, refleja un lento aunque continuo avance respecto a los hallazgos hechos en una primera medición en el 2009, pero deja en claro que los retos siguen siendo mayúsculos.

“En esta nueva medición -señala Martha Ordóñez Vera, consejera Presidencial para la Equidad de la Mujer- vemos avances en cuanto a la conciencia social frente al problema de las violencias contra las mujeres y nos muestra zonas del país donde es necesario seguir trabajando mucho más fuerte, como Cartagena, Popayán, Pasto, Buenaventura y Tumaco, donde la tolerancia social e institucional de las violencias contra las mujeres continúa siendo alta”.

De un lado, el informe mide la tolerancia institucional, para lo cual se aplicaron, entre noviembre y diciembre del 2014, 1.095 encuestas a funcionarios de los sectores gubernamentales de salud, educación, justicia y protección y organismos de control en Medellín, Barranquilla, Bogotá, Cartagena, Florencia, Popayán, Villavicencio, Pasto, Tumaco y Buenaventura. Por otro, la tolerancia social, mediante encuestas en 2.937 hogares, de las mismas diez ciudades y durante el mismo periodo.

Las cifras muestran, en el primer caso, que el número de funcionarios que considera que a la problemática de la violencia contra las mujeres se le da más importancia de la que merece se redujo: pasó del 31 por ciento, en el 2009, a 14 por ciento en el 2014.

De otra parte, el 57 por ciento considera que todos los agresores deben ser judicializados. En el 2009 pensaba esto el 65 por ciento.

Para Isabel Cuadros, directora ejecutiva Asociación Afecto, la violencia contra la mujer no se puede ver como un tema de poca monta y mucho menos negarla. “Negar la violencia no previene y eso es parte de lo que ocurre en Colombia. Decimos que no existe y por eso el gran valor de este informe, porque queremos cifras, no ocurrencias ni ver la violencia sobre mi propia historia sino hacerlo desde lo científico, desde la evidencia”, señaló.

Esto se reafirma en la encuesta, con la medición de quienes piensan que la violencia de pareja tiene menos impacto que la violencia contra los niños, niñas y adolescentes. En el 2009, el 30 por ciento lo pensaba así, y en la segunda medición la cifra se redujo al 11 por ciento.

Cuadros criticó también que persiste la visión retrógrada de que el hombre, por ser más fuerte, está por encima de la mujer. “Hoy en día el trabajo no es de fuerza física, sino de destrezas intelectuales”, apuntó.

En este aspecto, la medición consultó si la mujer debe aguantar la violencia del marido para mantener unida a su familia, y los resultados señalaron un retroceso significativo de cinco puntos porcentuales, pues en el 2009 la totalidad de los funcionarios rechazaron tal afirmación, pero en el 2014, un 3 por ciento dijo estar de acuerdo.

El informe contempló también la calidad de la atención a las mujeres víctimas y evidenció que algunos números en esta materia fueron menos favorables que en la pasada edición. Los funcionarios que afirmaron decirles a las víctimas cuáles son sus derechos sumaron el 60 por ciento, mientras que en el 2009 llegaron al 89 por ciento.

Expertos insistieron en que es necesario mejorar la atención a las víctimas, pues muchos procesos terminan revictimizándolas. Añadieron que se debe trabajar para garantizar una atención integral y ajustar las estrategias de prevención, que están teniendo un bajo impacto.

“Este estudio -insistió la consejera Ordóñez- no puede quedar como una acción aislada. Por esta razón hace parte del Plan Integral para garantizar a las mujeres una vida libre de violencias, que es la sumatoria de un conjunto de acciones sostenidas a través de una política de estado”.

Ante este panorama reconoció que es conveniente seguir realizando esta encuesta, con una periodicidad de 4 o 5 años, pues eso ayudará a comparar avances y retrocesos en esta materia.

Aunque pocos, hay avances en la sociedad

En las familias también persisten imaginarios, como que el hombre es el que manda en el hogar y que las familias con un hombre tienen menos problemas. Así lo deja ver el capítulo enfocado en la tolerancia social que no dista mucho de los resultados en materia institucional, aunque son un poco más alentadores.

Reaparece entonces el discurso de los expertos -repetitivo y aún lejos de hacerse realidad-, de que Colombia es un país de leyes y políticas, pero que no se cumplen. El papel de la sociedad se mide en la disposición de cumplirlas.

En las encuestas a hogares se evidenció la permanencia de un ordenamiento patriarcal, que aunque ha venido perdiendo fuerza con los años, sigue vigente. Los imaginarios como que los hombres son la cabeza del hogar disminuyeron (pasó del 45 por ciento, en el 2009 al 31 por ciento, en el 2014). Otro que ganó terreno fue el de que una buena esposa debe obedecer a su marido así no esté de acuerdo (del 31 por ciento, en el 2009, pasó al 19 por ciento, en el 2014).

“El cambio de imaginarios, actitudes y prácticas sobre el lugar subordinado que ocupan las mujeres en la sociedad no se logra de un día para otro”, reconoció Adriana Benjumea, directora de la Corporación Humanas Colombia.

La medición indicó que del 15 por ciento de las mujeres encuestadas en el aspecto de tolerancia social han sido víctimas de alguna forma de violencia. De acuerdo con las cifras, las ciudades donde más se reportan los casos de violencia son Medellín (25 por ciento), Buenaventura (22 por ciento) y Pasto (20 por ciento), mientras en las que menos se registra son Villavicencio (1 por ciento), Cartagena (2 por ciento) y Barranquilla (3 por ciento).

Un indicador que no evidenció alteraciones notables es el caso común de la agresión a una mujer evidenciada por un tercero. “En el 2009, el 57 por ciento intervendría si alguno de sus amigos golpea a una mujer y en el 2014 el 56 por ciento lo haría. En el caso de que el agresor sea un desconocido, en el 2009 el 33 por ciento dijo que intervendría, porcentaje que bajó al 29, en el 2014”, señala el documento.

Preocupa la poca participación de mujeres en charlas y talleres sobre violencia. “En el 2014, 14 por ciento de las personas encuestadas ha participado en charlas o talleres sobre violencia contra las mujeres en el último año. Hay una leve variación de dos puntos porcentuales, ya que en el 2009 16 por ciento de mujeres y hombres encuestados afirmaron haberlo hecho”, añade el informe.

Para Benjumea, pese a los avances, para que las mujeres colombianas vivan una vida libre de violencias falta aún trabajo de articulación, incidencia y capacitación.

Festival por la vida de las mujeres

En agosto de 2014, la periodista Jineth Bedoya Lima, quien sufrió secuestro, tortura y violación, logró que el presidente Juan Manuel Santos decretara el 25 de mayo (día en que ocurrieron los hechos, en el año 2000) como la fecha para dignificar a las mujeres víctimas de violencia sexual.

Por eso este año, en el que se conmemorará por primera vez la fecha, EL TIEMPO, en alianza con la Unidad de Víctimas, ONU Mujeres, el PNUD, el Fondo de Justicia Transicional, el Ministerio de Defensa, la Fundación para la Libertad de Prensa, Oxfam Intermón, la Dimayor y las embajadas de Estados Unidos, Reino Unido y Canadá, realizará este mes de mayo un gran festival por la vida de las mujeres.

Todos los certámenes se enmarcan dentro de la campaña ‘No es hora de callar’, creada por la periodista Jineth Bedoya y que esta casa editorial ha respaldado en los últimos cuatro años.

Uno de los eventos, del cual abrimos convocatoria nacional, es la iniciativa ‘90 segundos para no callar’.

La invitación es para que las mujeres que quieran contar su historia como sobrevivientes de la violencia de género lo hagan a través de un video, de minuto y medio de duración.

El video lo pueden grabar con el teléfono celular, la tableta o una cámara. Los formatos y las bases de la iniciativa se pueden encontrar en: noeshoradecallar@eltiempo.com.

Las historias se publicarán el sábado 23 de mayo.

REDACCIÓN VIDA

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