Un balance agridulce para la Feria del Libro

Un balance agridulce para la Feria del Libro

Se calcula que un total de 520.000 personas visitaron el evento este año.

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04 de mayo 2015 , 04:18 p. m.

Aunque tanto organizadores como expositores entregan un balance positivo, en cuanto a asistentes y ventas, la Feria Internacional del Libro de Bogotá (Filbo), que cerró sus puertas este lunes 4 de mayo, tiene todavía que mejorar, en especial, en servicios y adecuaciones que ofrece Corferias para un evento cultural de este tipo, según le comentaron a este diario varios expositores.

Sin un dato consolidado de asistentes todavía, los organizadores proyectaban una cifra histórica de 520.000 asistentes, frente a los 452.000 del año pasado. Así mismo, las ventas se incrementaron entre un 15 y 20 por ciento en promedio.

El gran fenómeno de la feria es el de "los jóvenes leyendo", comenta Enrique González Villa, presidente de la Cámara Colombiana del Libro, entidad encargada de organizar la feria, en asocio con Corferias.

A pesar de la incertidumbre inicial por no contar con un país geográfico como invitado de honor, como ya es tradición, la idea de darle el pabellón a Macondo, el territorio literario creado por Gabriel García Márquez, en el primer aniversario de su fallecimiento, fue uno de los grandes aciertos y una de las atracciones más visitadas.

“Macondo, como fórmula de atracción y celebración ─pese a críticos y pesimistas─ funcionó como una ecuación de éxito”, anota el editor Nicolás Morales, quien representa a las editoriales universitarias, a cuya apreciación se suman la mayoría de los expositores consultados por este diario.

En términos generales, todos se encuentran felices con los resultados. “Ha sido una feria muy positiva desde el punto de vista de asistencia de público; hace muchos años no se veía ese tumulto de gente llegar a la feria; los mejores días, primero y 2 de mayo, que desbordaron hasta los pronósticos más optimistas”, anota Orlando Rodríguez, de Ediciones Urano.

Para Elena María Gómez, la cabeza administrativa de Penguin Random House Colombia, además del acierto que fue Macondo, “el balance de la Filbo es a todas luces positivo. Crecimiento en ventas, una asistencia inmejorable, una agenda cultural de primera línea y, por último, un público joven entusiasta y participativo como nunca”.

A pesar de las cifras históricas, queda mucho por mejorar, en especial en la parte de la infraestructura de Corferias, que sigue generando una de las mayores quejas por parte de visitantes y expositores, en servicios como baños y áreas de comidas.

“Probablemente el matrimonio con el parque empresarial, lugar donde se despliega la Feria, está en crisis. Corferias tiende a no entender la naturaleza del evento cultural. Las instalaciones son precarias e insuficientes, y la apuesta hipercomercial y sus objetivos no son los adecuados para este evento”, comenta Morales.

“El tema de logística de salones para las presentaciones de libros y sus autores no reúnen las características mínimas para este tipo de eventos; este año habilitaron salones dentro de pabellones, los cuales no se identificaban, eran ruidosos e incomodos”, anota por su parte Rodríguez, de Urano.

A su turno, Juan Camilo Sierra, del Fondo de Cultura Económica (FCE), complementa esta falencia y pide "abogar por mejores y más cómodas maneras de llegar al recinto de ferias; disponer de estacionamientos adecuados; contar con mejor seguridad para el público y los expositores”.

Para Jacobo Celnik, vocero de Siglo del Hombre Editores, debería haber una programación más coordinada con la visita de los miles de niños de los colegios públicos y privados. “Creo que se debe replantear muy seriamente la invitación que Corferias les hace a los colegios y pensar más en qué significa fomento a la lectura, pues fomento a la lectura no es dejar a estos muchachos circulando sin sentido por los pabellones”, comenta.

Otro de los aspectos negativos de este evento es el robo de libros, que si bien ocurre todos los años, este año fue el más delicado, luego del hurto de uno de los primeros ejemplares de ‘Cien años de soledad’, que había prestado el librero y coleccionista Álvaro Castillo, y se exhibía en uno de los estantes del pabellón de Macondo.

“Estadísticamente presentamos un resultado positivo en el aspecto de los robos y lo presupuestado es un 4 por ciento como máximo; basados en un método de control que hemos afinado a través de los años”, anota Rodríguez.

Para Morales, por fortuna el libro académico no es uno de los más perseguidos por los amigos de lo ajeno. “Los nichos de universitarios son más respetuosos y menos voraces. Perdemos siempre entre 15 y 20 libros, lo que es poco”.

En este punto, Sierra, del FCE, comenta que “hoy todavía hay quienes consideran que los libros son gratis. Hay que pagar por los libros para que autores, editores, distribuidores, libreros y todos los demás dedicados al libro y a la lectura contemos ingresos que permitan que más libros circulen, para más y mejores lectores”.

CULTURA Y ENTRETENIMIENTO

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