Fuera gustos personales / Hablemos de vinos

Fuera gustos personales / Hablemos de vinos

Probar es una técnica y permite conocer lo que podría gustarle a las demás personas.

02 de mayo 2015 , 08:35 p.m.

Steven Spurrier, el legendario crítico de vinos británico y, desde el 2003, presidente del Decanter World Wine Awards, uno de los concursos internacionales de vinos más prestigiosos, lo dice al comienzo de la catas: “Los gustos personales deben quedar fuera de las degustaciones”.

Fue una semana de degustaciones, 16.000 vinos de todo el mundo catados por más de doscientos jurados. Un experiencia única que, sin embargo, tiene la máxima de dejar el gusto personal a un lado y jurar con objetividad.

Nunca he creído mucho en eso de la objetividad cuando se trata de vinos… y de muchas otras cosas, para serles francos. Cuando uno recomienda un libro, una película, un disco o una botella de vino, siempre está ese lado subjetivo. Lo recomiendo, finalmente, porque a mí me gustó. Y sería genial que a la otra persona también le gustara para que, claro, la recomendación tuviera sentido.

Sin embargo, en la vida real de los concursos de vinos (y las medallas que luego ustedes ven pegadas a las botellas) es distinto todo. Y Spurrier tiene razón. Cuando uno tiene que probar cientos de vinos, es probable que si solo se aplicara el gusto personal, muchos, muchísimos quedarían fuera. Es por eso por lo que uno, como jurado, ya se calibra. ¿Pero cómo se hace eso?

Como muchas cosas en la vida, se trata de una técnica. De tanto probar, uno más o menos sabe de estilos de vinos y también entiende que no todo lo que a uno le gusta le debiera gustar a los demás. Esto último, por cierto, no necesariamente se aprende bebiendo vinos.

Así es que lo que se hace es pensar en si el vino que uno tiene delante es bueno en su propio estilo. Por ejemplo, aunque se trate de un tinto lleno de madera y de sabores hipermaduros. Aun así, puede estar bien hecho, mostrar con claridad lo mejor de ese tipo de vinos. En concursos como el de Decanter o el del Mundial de Bruselas (otro de los más importantes hoy en el mundo), el criterio es ese. Uno jura, pero no jura por su gusto, sino que más bien por lo que sabe de los diferentes estilos de vinos. Ahí está el valor de un buen jurado.

Así las cosas, y aunque no lo parezca desde fuera (gente bebiendo vinos), se trata de un trabajo más en donde uno aplica una técnica para obtener un resultado. Suena frío y distante, pero en este tipo de concursos las cosas tiene que ser así. Demasiadas opiniones harían imposible llegar a alguna conclusión o, en este caso, a alguna medalla.

Habiendo dicho eso, sigo creyendo que estos concursos son una buena forma de guiar a los consumidores. Ayudan. Es bueno tener guías, sobre todo cuando anda tanto vino suelto por ahí.

PATRICIO TAPIA
Especial para EL TIEMPO

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